Una campaña, dos estilos

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En estos dos meses de precampaña, he seguido a Angel Gabilondo en varios de sus encuentros, entrevistas, mesas redondas y mítines. Como la lluvia fina, su estilo ha ido calando en mi poco a poco, casi sin darme cuenta. A fuerza de oírle repetir argumentos, ironías y actitudes, creo que he llegado a comprender a la persona que hay detrás de esos discursos.

Angel Gabilondo cree en lo que dice, y nunca dice nada por decir, por quedar bien. Por eso, cuando habla, transmite sentimientos, los suyos. Si dice que está agradecido (algo que repite a menudo) es que realmente lo está. Para una persona como él que desea cambiar las cosas, que el Partido Socialista le haya dado la oportunidad de hacerlo, le genera una mezcla de agradecimiento y responsabilidad. Si dice que está indignado con la existencia en Madrid de 250.000 trabajadores pobres y de 500.000 desempleados, o de muchos niños que no hacen una comida en condiciones al día, y que él quiere cambiar eso, lo dice de un modo que transmite una gran indignación.

Nunca se ocupa de atacar a otros candidatos, ni de responder a las descalificaciones que otros hacen de él. Dice que esas son “mariposas” para que estemos distraídos nosotros y los ciudadanos, porque mientras nos ocupamos de esas cosas, no hablamos de lo importante. Lo importante para él son los muchos problemas que hay en Madrid y todo lo que él quiere cambiar. Implícitamente nos está diciendo que dejemos de empujar al de al lado para hacernos un hueco. Que nuestro espacio esta con la gente y con sus problemas, no buscándole los flancos al adversario.

A veces habla como un profesor, explicando didácticamente las cosas. Dice, por ejemplo, que no hace falta estar muy explotado para reclamar justicia. Dice que, en realidad, los que están muy explotados no están en condiciones de reclamar nada. Que somos nosotros, los que gozamos de una situación mejor, los que debemos reclamarla por ellos. Porque las personas sensibles y bien nacidas no puede permanecer indiferentes ante la injusticia. Toda una lección de ética.

Angel Gabilondo es inteligente. Escucha atentamente al entrevistador y enseguida se percata de cuál es la trampa que éste le quiere tender. Su respuesta parece deslavazada y titubeante, pero es algo estudiado. Lo hace para no entrar en la trampa, para darle la vuelta al argumento y para decir lo que él quiere transmitir, y no lo que el otro quiere oír. Por muy provocadora que sea la pregunta, nunca “entra al toro” ni contesta airado. Contesta siempre con una educación exquisita, haciendo evidente que la violencia no está en su lado de la mesa.

Por último, Angel Gabilondo es divertido. Muchos años de enseñar una materia tan árida como yo creo que es la Metafísica, han desarrollado en él una forma irónica y divertida de exponer las cosas que hace que los que escuchan conecten inmediatamente con su discurso. Los que enseñamos materias áridas (y ciertas partes de la Informática lo son) sabemos que el humor es un gran recurso didáctico. Angel Gabilondo es un maestro en este arte y tras diez minutos de discurso, generalmente se ha metido al auditorio en el bolsillo. Eso también es hacer política.

No sería justo reclamar a todos los candidatos un estilo similar al de Angel Gabilondo, entre otras cosas porque las personas somos irrepetibles, y cada uno es como es. Pero quizás sí deberíamos aprender una sola cosa de él: la pertinencia de ser auténticos. Ser auténticos es en general bueno para todas las facetas de la vida, pero en política es un requisito imprescindible para transmitir un mensaje como el nuestro, que habla de equidad y de justicia. La falta de autenticidad se la deberíamos dejar a la derecha, en la cual ellos han demostrado ser unos expertos (recordemos, por ejemplo, el discurso de de Cospedal sobre el finiquito diferido). Pero su contexto es otro: ellos no pueden decir la verdad de lo que van a hacer, porque si la dijeran nadie les votaría.

Con esto llego al otro de nuestros candidatos, Antonio Miguel Carmona, cabeza de lista al Ayuntamiento de Madrid. Como digo, cada cual tiene su propio estilo, pero también hay que saber moverse dentro de unos límites razonables. En mi opinión Antonio Miguel los ha sobrepasado en varias ocasiones. Su “pim-pam propuesta” ha sido motivo de chanza en todas las tertulias de radio. Tan pronto se deja fotografiar sentado en una silla de ruedas, como vestido de bombero, bailando con Teresa Campos, o luciendo incontables camisetas con letreros sobre las más diversas causas. Le han dedicado una página en Internet, no muy favorable a su persona, con el significativo título de “Antonio Carmona haciendo cosas”. Un día le escuché por la radio afirmar que si llegaba a alcalde haría naumaquias en el lago de la Casa de Campo. Las naumaquias son espectáculos con barcos de época que simulan batallas navales. En sus discursos repite con frecuencia que el será el próximo alcalde de Madrid, e incluso ha tenido la poca prudencia de decir que se siente heredero de Enrique Tierno Galván. Algo que, en su caso, deberían decir otros tras verle actuar como alcalde.

Me parece que todo tiene un límite Antonio Miguel. Tu eres nuestro candidato y te debes un respeto a ti mismo, al partido al que representas y sobre todo a los ciudadanos a los que aspiras a representar. La distancia entre ser campechano y caer en el ridículo es estrecha, y tu deberías saber los límites que no debes traspasar. Deja las mariposas para Esperanza Aguirre, que un día nos habla de retirar a los mendigos de las calles y otro de dejar que los taxis den giros de 180º en mitad de la calle. Eso lo hace para marcar nuestra agenda y para que los medios y nosotros hablemos de ella. Pero nosotros no podemos lanzar una ocurrencia cada día. Déjate por favor de naumaquias y háblanos de lo que piensas hacer con la basura de Madrid, o con los cientos de asesores a dedo de Ana Botella, o con las escuelas municipales de música. Eso es lo que verdaderamente interesa a los ciudadanos. Y tampoco repitas más lo de que vas a ser el próximo alcalde. Ofendes a los votantes, que son los únicos los que tienen el privilegio de poner y quitar alcaldes. Nuestro trabajo es mucho más humilde: trabajar sin descanso y hacer propuestas creíbles y solventes para merecer su confianza. Y también su respeto.

Ricardo Peña, Secretario General de ASU-PSM

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