No a los debates tramposos

Esta es una agrupación a la que se supone cierta altura intelectual y creo que podemos contribuir a elevar algo el pobre debate que está teniendo lugar en estas elecciones primarias a Secretario/a General. Mi posición es conocida y no voy a insistir en las razones de la misma, pero si me gustaría tratar de desmontar lo que yo considero debates tramposos, debates que en mi opinión no deberían estar produciéndose.

El que mas irritación me produce es el protagonizado por Pedro Sánchez, porque a mi parecer insulta a la inteligencia y a la autoestima de muchos militantes. Su posición política podría resumirse en tres afirmaciones:

  1. Se postula como el único candidato que garantiza el no a Rajoy. Califica la postura de los que estuvimos a favor de la abstención como de doblegamiento y de falta de autonomía ante el PP.

  2. Se postula como la voz de la militancia en contraposición a su candidata rival, a la que considera “el aparato”.

  3. Se postula como el candidato que representa a la izquierda, en contraposición –se supone– a los que no le apoyamos, que seríamos, por exclusión, la derecha.

En primer lugar, pienso que perjudica notablemente al partido plantear una campaña como un enfrentamiento de una parte del mismo contra la otra. De ser ciertas sus tesis, y una vez ganada la Secretaría General, habría que hacer una inmensa purga en el PSOE para eliminar a los numerosos entreguistas, derechistas y aparatistas que al parecer anidan entre sus filas. Me parece maniqueo y tramposo colgarse todas las etiquetas buenas y arrojar las malas a los demás. Por desgracia, esta estrategia recuerda mucho a la populista del “pueblo” y la “casta”. Puede servir para enardecer a los militantes descontentos con lo vivido el 1 de octubre, pero creo que nos merecemos algo mejor. Si una situación es compleja, señalar a los demás como culpables y colgarse uno todas las medallas tiene solo un nombre: oportunismo.

Pero, en segundo lugar, es que sus afirmaciones son falsas. Para empezar, el no a Rajoy no constituye ningún programa político. Se trató de una decisión coyuntural en un momento concreto, donde ambas opciones (dejar gobernar a Rajoy, o ir a terceras elecciones en un año) eran muy malas. Es tramposo afirmar que decir no era de izquierdas y abstenerse de derechas, entreguista, o prueba de doblegamiento. En mi opinión, la falta de previsión en la Constitución de un mecanismo de desbloqueo automático de la situación que se produjo por dos veces en el Parlamento, solo tenía dos salidas: o votar repetidamente hasta que la suma PP-Cs consiguiera la mayoría absoluta, o posibilitar un gobierno en minoría del PP. Por razones de respeto a los ciudadanos y por no empeorar aún mas la representación del PSOE, el Comité Federal decidió la segunda opción. Se puede discrepar, pero es irrespetuoso llamar derecha al 60% del Comité Federal. Por mi parte, yo discrepo de los que apoyaron el no y me parece que hicieron un análisis incorrecto de la situación. Es más, de haber triunfado su posición estaríamos hoy en peores condiciones. ¿Realmente hubiera sido eso más de izquierdas? Pienso además que la decisión de abstenerse hubiera debido ser tomada en julio y exigiendo contrapartidas, la más importante de las cuales debiera haber sido la cabeza de Rajoy. El PP hubiera tenido dos opciones muy malas para ellos: o negarse, e ir a terceras elecciones, pero en ese caso cargando con la culpa de tener que convocar las mismas, o seguir gobernando, pero sin Rajoy.

Esta opción fue imposible tomarla precisamente por otras dos malas decisiones que tomó Pedro Sánchez, y que fueron aún mas graves que la anterior. La primera, su pésima gestión de la discrepancia interna. A partir del 26-J, crecieron las voces internas que no aprobaban la política del no a toda costa. Ningún Secretario General tiene, ni debe tener, un poder absoluto sobre la organización. Su opinión es muy valiosa, pero ha de estar sujeta a otros contrapoderes, en particular al del Comité Federal. El peor servicio que se puede hacer a un líder es acatar sus decisiones sin discusión. Una vez que fue obvia la discrepancia, debió reunir al Comité Federal en los meses de julio a setiembre y no lo hizo. En lugar de ello, se enrocó en su postura y (segunda decisión errónea) pretendió convocar un Congreso y unas primarias exprés en 20 días para revalidar su liderazgo. Es lo que se llama en política una huida hacia adelante. En mi opinión, quiso torcerle el brazo al Comité Federal. Un líder que adopta estas actitudes a la defensiva, en lugar de debatir y tratar de persuadir a su órgano legislativo y de control, no es adecuado para dirigir un partido tan grande y complejo como el PSOE.

Lo de ser “la voz de la militancia” se cae por su propio peso cuando se constata que la mayoría de los avales han ido a otros candidatos, y no a él ¿No son acaso de militantes esos avales? Compañero Pedro, una vez más, más respeto y menos populismo.

En cuanto a Susana Díaz, en este caso me irrita su ausencia de propuestas políticas. Ni siquiera se ha molestado en elaborar un documento programático. ¿Debemos votarla porque sí? A estas alturas de la democracia, no se puede pretender ganar, ni en el partido, ni en el país, sin posicionarse sobre la docena de problemas que padecemos como españoles y como europeos: la gestión de la globalización, de la inmigración, del cambio climático, el problema territorial español, la pobreza, la corrupción, la educación, la investigación, etc. Tampoco sabemos el modelo de partido que propone, ni cómo pretende conjugar la legitimidad que otorgan las primarias con la de los órganos representativos, ni si extendería la elección directa a las ejecutivas y al resto de miembros de las listas electorales, etc. Sus mensajes son excesivamente simples y superficiales, y nunca descienden a estos “detalles”. Como en el caso anterior, pienso que los militantes nos merecemos más consideración.

Nadie dijo que practicar la democracia fuera fácil. Incluso en la Grecia clásica, las asambleas directas del pueblo tenían sus trampas. Por ejemplo, los que podían pagarlo contrataban a sofistas, expertos en el arte de la dialéctica, para que defendieran sus posturas y contrarrestaran las de sus adversarios. Creo que todos deberíamos aprender a debatir mejor y más democráticamente, desde el respeto y la consideración a los adversarios, sin insultos, sin etiquetas ni descalificaciones, pero sobre todo sin trampas. ¡Ojala el debate del día 15 entre los candidatos transcurra por estos derroteros!

Ricardo Peña Marí

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Una respuesta a “No a los debates tramposos

  1. LIDERAZGO Y PLURALISMO
    La historia del socialismo español durante los últimos cien años ha sufrido varios ciclos de renovación y luchas internas. El primer ciclo podría asociarse al momento de la primera guerra mundial, la revolución rusa y la huelga general contra la monarquía de 1917, dando lugar a la escisión comunista y la sucesión de Pablo Iglesias. El segundo ciclo se abre, especialmente, en torno a los orígenes y consecuencias de la insurrección revolucionaria de Octubre de 1934, provocando un faccionalismo asociado a las principales personalidades socialistas Besteiro, Largo Caballero, Prieto y, finalmente, Negrín. La superación de este faccionalismo, con listas alternativas para cubrir las vacantes de la dirección en 1936 y duplicidad de órganos dirigentes se produce en los años de la segunda guerra mundial, con el ascenso al liderazgo de Indalecio Prieto y con la escisión temporal minoritaria de la Unión Socialista Española.
    El tercer ciclo de la renovación arranca al final de los años sesenta con las Juventudes Socialistas, provocando la escisión del llamado PSOE histórico de Rodolfo Llopis, que fue reabsorbida entre 1976 y 1978, a la par que se consiguió la unidad con otros grupos socialistas y se consolidó el liderazgo de Felipe González.
    La cuarta etapa de luchas internas y sucesión en el liderazgo se abrió tras la desavenencia con UGT y la huelga general de 1988, desarrollándose con especial virulencia entre “guerristas” y “renovadores” durante los años noventa hasta la elección de José Luis Rodríguez Zapatero en el 2000. Por primera vez, no hubo escisión y la primera experiencia de primarias en 1998 se saldó con un fracaso de la diarquía en el liderazgo. El “guerrismo” no quiso convertirse en corriente de opinión minoritaria, inclinando la balanza finalmente en la sucesión de Joaquín Almunia.
    Por último, a partir de 2011, con la salida del gobierno, se ha abierto una nueva fase inestable de sucesión en el liderazgo, con la reintroducción de las primarias en 2014 y 2017, y que, previsiblemente, todavía durará unos años al margen de lo que ocurra el día 21 de mayo. En ninguna de las ocasiones a lo largo de cien años, el PSOE ha podido introducir el pluralismo en sus órganos dirigentes mediante corrientes de opinión, derivando el modelo de partido hacia el presidencialismo y el poder territorial.
    La cuestión de las alianzas con otras fuerzas como los republicanos fue clave en las desavenencias en los años diez o treinta, mientras que la unidad de acción con los comunistas lo fue en los años setenta si bien latía sobre todo el problema de la reestructuración clandestina y la presencia en España frente al envejecimiento del grupo dirigente en el exilio. En los años noventa no se puede decir que la cuestión de las alianzas fuera decisiva, aunque la colaboración con los nacionalistas fuera discutida. Hoy en día, no me parece que exista una verdadera divergencia en la cuestión de las alianzas, si bien la competencia con Podemos provoca diferencias de opinión en cuanto al alcance de una posible colaboración. Se puede decir que existe, también, una línea divisoria entre la España interior y meridional y la más plural atlántica y mediterránea en cuanto a la relación de fuerzas y la idea de España. Hay, en efecto, una cuestión de liderazgo y de luchas por un poder cada vez más menguante sin suficiente basamento en ideología y política más allá de lo circunstancial y estatutario. Creo que no existe voluntad ni proyecto político consistente para configurar una verdadera ala izquierda ni tampoco otra social-liberal.
    En los últimos días, políticos como Rodríguez Ibarra e intelectuales como Santos Juliá han llamado a la suspensión de hostilidades en el PSOE apelando a la retirada de los candidatos de las facciones mayoritarias de las Primarias para la elección del Secretario General. Coincido con ellos, considerando que López podría ser un buen secretario general de transición, como ya me pronuncié cuando el vasco adelantó su candidatura. Patxi López posee la veteranía necesaria para evitar la lucha faccional, aunque no fuera en el futuro candidato electoral.
    En cualquier caso, el mantenimiento de su candidatura evitará que ninguno de los otros candidatos obtenga mayoría absoluta, por lo que necesariamente la futura elección de los órganos dirigentes tendría que dar lugar a la integración de las incipientes corrientes. El peor de los escenarios sería la elección de un Secretario que tuviera una mayoría hostil entre las delegaciones elegidas para el Congreso, lo que acentuaría la descomposición y las luchas internas en vez de centrar al partido en los problemas de los ciudadanos.

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