Archivo mensual: mayo 2017

“La Casa”

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El escocés Adam Smith, en su magna obra El origen de la riqueza de las naciones (1776), fue el primero que demostró que la riqueza de las sociedades proviene del trabajo humano y no de la tierra, o de cualesquiera otros recursos naturales, como se creía hasta entonces. La división del trabajo en las sociedades modernas y el intercambio, permite a los individuos apropiarse de las horas de trabajo ajenas a cambio de las propias. El dinero, pues, no es otra cosa que un medio de intercambio de horas de trabajo, un medio que permite separar el acto de la venta de las horas propias (por ejemplo, con la percepción de un salario), del acto de la compra de horas ajenas (por ejemplo, intercambiando dinero por un kilo de carne).

Por tanto, cuando los (presuntos) golfos de este país, llámense Urdangarín, Rato, Matas, Cotino, Bárcenas, Blesa, Granados, o González, se apropian de dinero ajeno, se están apropiando de horas de trabajo de otras personas. Como casi siempre se ha tratado de dinero público, se han apropiado precisamente de las nuestras. Considerando un salario medio anual de 25.000 euros, cada millón que nos han robado (presuntamente, se entiende) ha de computarse como un pequeño ejército de 40 personas trabajando gratis para ellos durante un año. Con ese dinero, ellos han adquirido horas de trabajo en forma de coches de alta gama, vacaciones de esquí en Las Rocosas, cocineros, asistentas, chóferes, y hasta una escobilla de váter de 400 euros.

Aunque el aspecto psicológico no es el más relevante, llama la atención la ambición sin límites de estos personajes, su obsesión por acumular y por aumentar sin descanso sus “ingresos”, o sea su (siempre presunto) latrocinio. Leyendo las conversaciones grabadas a Ignacio González, uno tiene la impresión de que el cien por cien de su actividad consistía en el saqueo de las arcas públicas del Canal. Operaciones en Brasil, en Colombia, y hasta en Angola, negocios a medias con Eduardo Zaplana para adquirir empresas con las que blanquear lo obtenido, espionaje a su rival Cifuentes para buscarle puntos débiles con los que desacreditarla, etc. Es casi un milagro que tuviera tiempo para sus obligaciones institucionales como Presidente de la Comunidad de Madrid. Esta avidez por el dinero tiene todo el aspecto de una adicción, de una enfermedad, que como toda adicción, siempre demanda más y más de la sustancia adictiva. Nada es nunca suficiente para quien padece tal dependencia. Aunque no haya años en una vida humana para gastar tanto dinero.

Pero lo más relevante de lo que ha salido a la luz, son las evidencias de que la corrupción que anida en el Partido Popular ha llegado a instituciones sensibles, como es el aparato judicial. Las tramas corruptas, que hasta ahora involucraban a organismos gobernados por cargos electos, como los ayuntamientos y las comunidades autónomas, o a empresas contratistas con la administración, o al propio partido popular, que se ha financiado ilegalmente durante décadas, ahora ya cuenta con complicidades dentro de la justicia. Pone los pelos de punta leer cómo Ignacio González habla de una magistrada “de la casa” que le mantiene informado del progreso de las investigaciones contra él. O de cómo él ha “tapado” corruptelas de los que les precedieron, porque eran “de la casa”, y se lamenta de que la nueva Presidenta de la Comunidad no haga lo mismo con las suyas. Y desde luego enciende todas las alarmas ver los palos en las ruedas a la investigación que está poniendo el fiscal anticorrupción Manuel Moix, con la complacencia del Fiscal General José Manuel Maza, y del Presidente del Gobierno Mariano Rajoy, responsable de su nombramiento y único capacitado para su cese. Y además, empecinado en mantenerlos a pesar de su reprobación por la mayoría absoluta del Congreso.

Como observa agudamente Alex Grijelmo (EL PAIS 7.05.17), hasta un dirigente popular como Javier Maroto admite que Cristina Cifuentes ha sido “valiente” al denunciar a González, lo que significa admitir (aunque seguramente no era esa su intención) que existen riesgos por denunciar a alguien “de la casa”, y que hay muchos dirigentes populares no tan valientes que prefieren mirar para otro lado antes que enemistarse con su partido. Que existen riesgos es evidente tras haber aparecido “casualmente” investigaciones policiales y de la Guardia Civil que involucran a Cifuentes y al diputado autonómico Jesus Gómez (que denunció la cuenta en Suiza de Ignacio González) en presuntos delitos.

Si esa es la situación en el Partido Popular, es decir, si lo normal es mirar para otro lado y encubrir las corruptelas de los de dentro, y lo excepcional es ser “valiente”; si lo normal es que los valientes sean perseguidos por sus compañeros; si lo normal es poner magistrados y fiscales afines en los puestos clave para que sirvan de dique de contención a las investigaciones y para que filtren a los corruptos los avances de las mismas, entonces estamos ante un problema muy grave. Ante un problema sistémico y de país. No se puede permitir por más tiempo que esta situación permanezca, o incluso que avance, o corremos el riesgo de convertirnos en poco tiempo en una auténtica república bananera, en la que todo se podrá comprar con dinero.

“La Casa” se ha convertido en algo muy parecido a “la familia”, y el jefe de La Casa, en algo muy similar a “el Patriarca”, o mejor a “el Padrino”. El “Luis, sé fuerte” y los “finiquitos en diferido” no fueron sino los primeros indicios de algo mucho más profundo: que la corrupción está consentida y protegida desde las más altas instancias del Partido Popular.

Así las cosas, y dada la minoría parlamentaria del PP, parecería obvia la necesidad de armar un pacto del resto de las fuerzas para desalojar al PP del poder, ya que solo sería posible regenerar a dicho partido enviándole a la oposición, y sobre todo enviándole lo más lejos posible del BOE.

Y aquí tropezamos con nuestros peculiares partidos celtibéricos. Los de Ciudadanos no quieren desalojar al PP de la Comunidad de Madrid, ni quieren saber nada de un pacto con Podemos. Oscilan entre las promesas de regeneración y los hechos, que cada día desmienten tales promesas. Los de Podemos, dedicados a sus habituales números de circo, sin tener la más mínima intención de ser útiles a los cinco millones de ciudadanos que les votaron, despreciando al Parlamento y buscando los puntos débiles del PSOE, que en realidad es su verdadera obsesión. El PNV, aprovechando la debilidad del PP para obtener unos cuantos cientos de millones más para la ya generosamente sobrefinanciada comunidad vasca. Los partidos independentistas catalanes, dispuestos a pactar con cualquiera, y para lo que sea, siempre que les garanticen un referendum. Y el PSOE, dedicado a sus problemas internos y aplicando sus energías a protagonizar un choque de trenes de impredecibles consecuencias.

Como me decía un amigo, “aquí todo el mundo va a lo suyo, menos yo”, … “que voy a lo mío”. Eso es justo lo que deben de pensar en el Partido Popular.

Ricardo Peña Marí

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No a los debates tramposos

Esta es una agrupación a la que se supone cierta altura intelectual y creo que podemos contribuir a elevar algo el pobre debate que está teniendo lugar en estas elecciones primarias a Secretario/a General. Mi posición es conocida y no voy a insistir en las razones de la misma, pero si me gustaría tratar de desmontar lo que yo considero debates tramposos, debates que en mi opinión no deberían estar produciéndose.

El que mas irritación me produce es el protagonizado por Pedro Sánchez, porque a mi parecer insulta a la inteligencia y a la autoestima de muchos militantes. Su posición política podría resumirse en tres afirmaciones:

  1. Se postula como el único candidato que garantiza el no a Rajoy. Califica la postura de los que estuvimos a favor de la abstención como de doblegamiento y de falta de autonomía ante el PP.

  2. Se postula como la voz de la militancia en contraposición a su candidata rival, a la que considera “el aparato”.

  3. Se postula como el candidato que representa a la izquierda, en contraposición –se supone– a los que no le apoyamos, que seríamos, por exclusión, la derecha.

En primer lugar, pienso que perjudica notablemente al partido plantear una campaña como un enfrentamiento de una parte del mismo contra la otra. De ser ciertas sus tesis, y una vez ganada la Secretaría General, habría que hacer una inmensa purga en el PSOE para eliminar a los numerosos entreguistas, derechistas y aparatistas que al parecer anidan entre sus filas. Me parece maniqueo y tramposo colgarse todas las etiquetas buenas y arrojar las malas a los demás. Por desgracia, esta estrategia recuerda mucho a la populista del “pueblo” y la “casta”. Puede servir para enardecer a los militantes descontentos con lo vivido el 1 de octubre, pero creo que nos merecemos algo mejor. Si una situación es compleja, señalar a los demás como culpables y colgarse uno todas las medallas tiene solo un nombre: oportunismo.

Pero, en segundo lugar, es que sus afirmaciones son falsas. Para empezar, el no a Rajoy no constituye ningún programa político. Se trató de una decisión coyuntural en un momento concreto, donde ambas opciones (dejar gobernar a Rajoy, o ir a terceras elecciones en un año) eran muy malas. Es tramposo afirmar que decir no era de izquierdas y abstenerse de derechas, entreguista, o prueba de doblegamiento. En mi opinión, la falta de previsión en la Constitución de un mecanismo de desbloqueo automático de la situación que se produjo por dos veces en el Parlamento, solo tenía dos salidas: o votar repetidamente hasta que la suma PP-Cs consiguiera la mayoría absoluta, o posibilitar un gobierno en minoría del PP. Por razones de respeto a los ciudadanos y por no empeorar aún mas la representación del PSOE, el Comité Federal decidió la segunda opción. Se puede discrepar, pero es irrespetuoso llamar derecha al 60% del Comité Federal. Por mi parte, yo discrepo de los que apoyaron el no y me parece que hicieron un análisis incorrecto de la situación. Es más, de haber triunfado su posición estaríamos hoy en peores condiciones. ¿Realmente hubiera sido eso más de izquierdas? Pienso además que la decisión de abstenerse hubiera debido ser tomada en julio y exigiendo contrapartidas, la más importante de las cuales debiera haber sido la cabeza de Rajoy. El PP hubiera tenido dos opciones muy malas para ellos: o negarse, e ir a terceras elecciones, pero en ese caso cargando con la culpa de tener que convocar las mismas, o seguir gobernando, pero sin Rajoy.

Esta opción fue imposible tomarla precisamente por otras dos malas decisiones que tomó Pedro Sánchez, y que fueron aún mas graves que la anterior. La primera, su pésima gestión de la discrepancia interna. A partir del 26-J, crecieron las voces internas que no aprobaban la política del no a toda costa. Ningún Secretario General tiene, ni debe tener, un poder absoluto sobre la organización. Su opinión es muy valiosa, pero ha de estar sujeta a otros contrapoderes, en particular al del Comité Federal. El peor servicio que se puede hacer a un líder es acatar sus decisiones sin discusión. Una vez que fue obvia la discrepancia, debió reunir al Comité Federal en los meses de julio a setiembre y no lo hizo. En lugar de ello, se enrocó en su postura y (segunda decisión errónea) pretendió convocar un Congreso y unas primarias exprés en 20 días para revalidar su liderazgo. Es lo que se llama en política una huida hacia adelante. En mi opinión, quiso torcerle el brazo al Comité Federal. Un líder que adopta estas actitudes a la defensiva, en lugar de debatir y tratar de persuadir a su órgano legislativo y de control, no es adecuado para dirigir un partido tan grande y complejo como el PSOE.

Lo de ser “la voz de la militancia” se cae por su propio peso cuando se constata que la mayoría de los avales han ido a otros candidatos, y no a él ¿No son acaso de militantes esos avales? Compañero Pedro, una vez más, más respeto y menos populismo.

En cuanto a Susana Díaz, en este caso me irrita su ausencia de propuestas políticas. Ni siquiera se ha molestado en elaborar un documento programático. ¿Debemos votarla porque sí? A estas alturas de la democracia, no se puede pretender ganar, ni en el partido, ni en el país, sin posicionarse sobre la docena de problemas que padecemos como españoles y como europeos: la gestión de la globalización, de la inmigración, del cambio climático, el problema territorial español, la pobreza, la corrupción, la educación, la investigación, etc. Tampoco sabemos el modelo de partido que propone, ni cómo pretende conjugar la legitimidad que otorgan las primarias con la de los órganos representativos, ni si extendería la elección directa a las ejecutivas y al resto de miembros de las listas electorales, etc. Sus mensajes son excesivamente simples y superficiales, y nunca descienden a estos “detalles”. Como en el caso anterior, pienso que los militantes nos merecemos más consideración.

Nadie dijo que practicar la democracia fuera fácil. Incluso en la Grecia clásica, las asambleas directas del pueblo tenían sus trampas. Por ejemplo, los que podían pagarlo contrataban a sofistas, expertos en el arte de la dialéctica, para que defendieran sus posturas y contrarrestaran las de sus adversarios. Creo que todos deberíamos aprender a debatir mejor y más democráticamente, desde el respeto y la consideración a los adversarios, sin insultos, sin etiquetas ni descalificaciones, pero sobre todo sin trampas. ¡Ojala el debate del día 15 entre los candidatos transcurra por estos derroteros!

Ricardo Peña Marí

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Y después del choque de trenes, ¿qué?

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Escribo esta entrada en el blog de ASU como un militante más, y animo al resto de compañeros a que escriban también, tanto si coinciden conmigo como si discrepan. A ver si fuera posible en estas primarias tener algún debate profundo y descargado de estereotipos y de eslóganes de fácil consumo.

Mi idea de unas primarias es que deberían ser una oportunidad para que los candidatos presentaran y defendieran sus propuestas, tanto para el partido como para el país, y nos iluminaran sobre cómo recuperar a los votantes perdidos, cómo ilusionarlos de nuevo y cómo desalojar democráticamente a esta derecha dañina y corrupta que nos gobierna desde hace cinco años.

En lugar de eso, estamos asistiendo a un combate de boxeo plagado de descalificaciones, mentiras e insultos, que no hace sino enardecer a las respectivas bases y llenar las redes sociales de auténtica basura. ¿Es este el modelo de debate democrático que queremos? ¿Es así como vamos a ilusionar a los votantes perdidos? El escenario presente se parece mas a una lucha por el poder entre dos potentes egos, que a un debate respetuoso entre compañeros socialistas que desean lo mejor para su partido.

Los casos del diputado Miguel Angel Heredia, por el lado de Susana Díaz, y del alcalde de Calasparra José Vélez, por parte de Pedro Sánchez, serían los mas extremos de este ambiente bélico. Pero no son los únicos, y lo más grave es que no han sido desautorizados tajantemente por sus respectivos candidatos. Cada parte se queja del estilo de la otra, sin reconocer que la suya hace exactamente lo mismo.

En cuanto a las “ideas-fuerza” transmitidas en los mítines, estas son de lo mas decepcionantes. Susana Díaz repite sin descanso que “le gusta ganar” y se pone como contrapunto del candidato Sánchez, al que califica de “perdedor”. ¿No podríamos hilar un poquito más fino, compañera Susana? En el PSOE llevamos perdiendo elecciones desde 2011, y lo hemos hecho con Zapatero, con Rubalcaba y con Sánchez, debido sobre todo a nuestras políticas de 2010 ante la crisis. ¿Por qué simplificar tanto el mensaje cargándole a Sánchez esa ignominiosa etiqueta? Pedro Sánchez, por su parte, acusa a la Gestora y a Susana Díaz de doblegarse ante el PP por facilitar su Gobierno, y se pone él como contrapunto de un PSOE autónomo. Compañero Sánchez, un poco de respeto a los que no piensan como tu. La decisión de abstenerse la tomó el Comité Federal con una mayoría del 60% y seguro que tuvieron importantes razones para hacerlo (las ha explicado con exquisita pluma Javier Fernández), tan importantes y tan respetables como las tuyas.

Si no entendemos esto, es decir que todos somos socialistas y que todos queremos lo mejor para el partido, aunque discrepemos en una estrategia concreta ante una coyuntura concreta, entonces es que no nos importa dividir el partido por la mitad. Ningún socialista es un “vendido”, ni ninguno es un “perdedor”. Si el mensaje que promovemos es que nosotros somos “los buenos” y la otra mitad “los malos”, da igual que se mire desde el lado de Pedro Sánchez o desde el de Susana Díaz, entonces es que ponemos nuestros deseos personales por delante del bien del partido.

Después del choque de trenes, realmente dará igual que gane Sánchez o que gane Díaz. Tendremos garantizada una encarnizada bronca por mucho tiempo, en la que los perdedores tratarán de “lamerse” las heridas sufridas haciéndole la contra al ganador o ganadora. Y por el camino, el PSOE habrá dado otro paso más hacia la irrelevancia y habremos debilitado el único instrumento que tienen los desfavorecidos de este país para cambiar su penosa situación.

Por eso, os pido que no colaboréis con esta catástrofe y os animo a que votéis al único candidato que no está participando de esta guerra fratricida. Patxi López, aparte de concordia y respeto entre socialistas, ofrece un programa muy interesante, genuinamente de izquierda, con ideas-fuerza para abordar el problema territorial, el modelo de partido, la fiscalidad, la educación, el cambio climático y la corrupción, es decir los problemas que interesan a los españoles. Ya se que no despierta el morbo de las otras dos candidaturas, y que en un ambiente tan polarizado, los militantes se enardecen y desean que ganen los suyos, o más bien desean “arrasar” a los otros. Las voces sensatas quedan apagadas en el estruendo de un ambiente así. Pero, como dice el propio Patxi López, el partido no está para bromas. Muy probablemente, no podrá aguantar una división como la que se avecina con Sánchez o con Díaz como Secretario o Secretaria General. No ganará nadie, y perderemos todos. ¡Ojala me equivoque!

Ricardo Peña Marí

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