Un nuevo concepto: la PP-sostenibilidad

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El ataque al sistema público universitario no ha terminado. Después de perpetrar alevosamente la reforma del 3+2 sin buscar ni encontrar ningún consenso con el resto de las fuerzas políticas, o al menos con el principal partido de la oposición, ahora la señora Gomendio, Secretaria de Estado de Educación, nos anuncia con toda solemnidad que el modelo universitario actual “no es sostenible” (EL PAÍS 24.02.15).

Vuelve la cantinela de que hay demasiados universitarios, de que están poco seleccionados y en resumidas cuentas, de que resultan “difíciles de mantener”, y afirma también que los costes que ocasionan al Estado “se llevan mal con las exigencias de consolidación fiscal”. Traducido al castellano, ello significa que los fanáticos neoliberales que hoy habitan el Ministerio de Educación van a seguir con los recortes que llevan aplicando sin descanso a nuestro sistema educativo público. Ya han detraído 1.500 millones de los campus universitarios desde 2010. Pero, al parecer, no les resultan suficientes.

Porque los datos de la realidad no se corresponden con el análisis sectario que el Ministro y la Secretaria de Estado actuales hacen de ellos. España dedica tan solo el 1,1% de su PIB a educación superior, mientras la media de la UE es del 1,5%. Para estar tan solo en la media europea, deberíamos dedicar alrededor de 4.000 millones más. No digamos, para estar a la altura de un país como Dinamarca, que dedica el 1,9%.

La proporción de jóvenes en edad de estudiar que acceden a la universidad es del 52%, mientras que la media europea es del 56%. Nuestras tasas de permanencia y de titulación son también semejantes a las de la UE. Por tanto, sus afirmaciones carecen de sustentación en los datos.

En porcentaje de PIB, España dedica bastante menos que sus socios europeos a todos los servicios que configuran el Estado del Bienestar (educación, sanidad y pensiones, fundamentalmente). Porque la verdadera diferencia, de la que nunca habla el Partido Popular, es que nuestro gasto público es inferior en 7 u 8 puntos a la media europea, porque nuestros ingresos fiscales, en la actualidad del 32,6% del PIB, están también 7 u 8 puntos por debajo de la media europea. Nos faltan 70.000 u 80.000 millones de ingresos al Estado porque las empresas y las clases acomodadas de este país no pagan los impuestos que les corresponderían. Porque a la ingeniería fiscal que practican, se añade un inmenso fraude fiscal por parte de estas clases. Los cálculos más optimistas estiman que un 20% de la economía está sumergida, es decir 200.000 millones de bienes y servicios realmente producidos no tributan ni un euro a las arcas del Estado.

En estas condiciones, resulta obsceno hablar de sostenibilidad. Ese concepto se aplica además a las esferas económicas, donde se suele hacer un balance de costes y beneficios. Pero aplicar criterios económicos a los bienes públicos es propio de los que solo ven dinero en todos los ordenes de la vida y son incapaces de ver valores. La economía no es un dios a adorar, como parecen pensar nuestros ínclitos neoliberales, sino tan solo un medio al servicio de las personas. Un estado gasta su dinero en lo que estima que es mejor para sus ciudadanos, y sin duda invertir en educación es una de las mejores inversiones posibles. Decir que “hay demasiados universitarios”, aparte de no ser verdad en comparación con los países a los que aspiramos a parecernos, es como afirmar que “tenemos demasiada salud”. Nunca el saber puede ser demasiado. La universidad tiene un aspecto de rentabilidad económica –producir los profesionales que necesita el país– pero también otros muchos que no son medibles en términos monetarios, como son la creación y la difusión del saber en sentido amplio, de la cultura y del espíritu crítico. Si solo se financiara lo que produce réditos inmediatos, ¿que pasaría con la filosofía, las filologías, la historia o las matemáticas? Y sin embargo, estos saberes han sido y son fundamentales para la formación integral del ser humano, para mejorar la cohesión social, y para la la transmisión de valores éticos.

Llegamos entonces al verdadero concepto que hay detrás de afirmaciones como las que emanan de los actuales responsables de educación: la PP-sostenibilidad. La inversión en educación es perfectamente sostenible por nuestro Estado, si se valora como lo que es un es, un tesoro a cuidar. Pero en cambio no es PP-sostenible, porque ellos están a otra cosa. No les importa la igualdad de oportunidades, o desmantelar la investigación, o perder profesores y jóvenes doctores a miles, o despedir a miles de profesionales de la sanidad, o destruir el cine y la cultura con su IVA del 21%. Todos estos valores no son PP-sostenibles. Que son precisamente los valores que interesan, y mucho, a los ciudadanos. En cambio los bancos, o las cajas de ahorro previamente saqueadas por ellos mismos, sí son PP-sostenibles. Por supuesto con dinero público. O las autopistas privadas radiales tan mal diseñadas por el PP, cuyas mil millonarias pérdidas han de ser sufragadas ahora por el Estado. O el adoctrinamiento religioso en las escuelas públicas pagado con los impuestos de todos.

Cuando dicen que un bien público no es sostenible, debemos entender entonces que al PP no le interesa sostenerlo. A lo mejor lo que no son sostenibles son los sueldos que les pagamos para que gestionen lo público en beneficio de todos, y no para que lo destruyan. Quizás lo que ha sido un inmenso error ha sido poner en manos del PP nuestros preciados bienes públicos. Ha sido como poner a la zorra a cuidar de las gallinas. Las únicas relaciones posibles de los fundamentalistas neoliberales del PP con lo público son dos: la degradación y la depredación. Solo ven en ellos, o bien un gasto inútil, o bien un negocio para los suyos.

El sistema universitario público es un bien muy valioso, que ha rendido excelentes servicios al país a pesar de haber estado siempre bastante mal financiado. Cualquier modificación sustancial del mismo habría de hacerse con mucho tiento y con grandes consensos, tanto entre las fuerzas políticas como con los agentes educativos. Es suicida poner en peligro su supervivencia porque lo que viene detrás (el negocio privado) es simplemente la nada. Sería perder para siempre el único tren que nos puede conducir a la modernidad. Y los talibanes del PP lo llevan manoseando obscenamente desde que han puesto sus manos sobre el BOE. Han aprobado recortes y cambios estructurales de largo alcance, buscando un cambio de paradigma. En las próximas elecciones hay que decirles a Wert y los suyos, con la fuerza del voto democrático de tantos millones de ciudadanos desencantados con sus políticas, que “quiten de una vez sus sucias manos de nuestro preciado sistema educativo”.

Ricardo Peña, Secretario General de ASU-PSM

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