Archivo mensual: enero 2016

¿Es la hora de los zorros?

zorros

Los políticos acceden a la vida pública con un crédito ligeramente positivo de respeto y credibilidad por parte de los ciudadanos: al fin y al cabo, no se puede juzgar a nadie antes de verle actuar. A medida que toman decisiones y se posicionan ante los problemas, ese crédito puede aumentar o disminuir. Algunos consiguen salir de la vida pública con un respeto acrecentado, incluso por parte de los que fueron sus adversarios políticos, como ha sido el caso de Felipe González. Pero si cometen errores de bulto, entonces pierden el respeto de golpe y ya no pueden recuperarlo.

Por ejemplo, la gloriosa actuación de De Cospedal cuando estalló el asunto Bárcenas, sobre el “finiquito en diferido en forma de simulación”, la convirtió de golpe en un personaje irrelevante de la política española. A partir de ahí, se hizo muy difícil que nadie tomara en serio sus palabras. Yo al menos, cuando la veo aparecer ocasionalmente en televisión, a la vez que suprimo el sonido, la miro como el que mira a un ser del más allá. Me da igual lo que diga: o bien será una maldad, o una mentira, o una descalificación; en todos los casos, algo totalmente previsible y sin el menor interés intelectual.

El famoso WhatsApp “lo entendemos Luis, sé fuerte” de Rajoy a su tesorero, después de saltar la noticia de sus cuarenta millones en Suiza, convirtió de golpe al primero en un cadáver político, si bien es cierto que le está costando más de dos años asumir esa condición. Su última “jugada maestra” de renunciar-sin-renunciar a someterse a la investidura, demuestra de nuevo la ínfima calidad del personaje, al que solo guía un principio: sobrevivir. Su supuesta astucia es la astucia del zorro que mira por su supervivencia. Cualquier atisbo de cuidar el prestigio de la institución que representa, o de la que representa el Rey, o de cuidar siquiera los intereses de su propio partido, están ausentes en su cálculo. Su único objetivo es intentar que se abrase su rival Pedro Sánchez y poder sobrevivir él. Hemos visto ya despliegues similares de astucia por sobrevivir en el denostado Artur Mas, con el resultado final que todos conocemos.

El segundo zorro de la política en esta hora difícil es el líder de Podemos, Pablo Iglesias, el cual está quemando su credibilidad a pasos agigantados, no solo ante el resto de la sociedad española, sino también ante sus propios votantes. Su “jugada maestra”, propia de trileros, ha consistido en hacer una oferta envenenada a modo de torpedo dirigido a la línea de flotación del PSOE. En su cálculo, se trata de lo que se conoce como una oferta win-win: tanto si es aceptada como si es rechazada, el resultado sería una ganancia para sus intereses. En su análisis, en el PSOE coexisten dos almas, una más conservadora, a la que aterra un pacto con su partido, y otra más progresista que sí estaría interesada en gobernar con su apoyo. La oferta, y sobre todo la puesta en escena, con una ausencia de aviso previo, una actitud condescendiente y “perdonavidas” hacia el PSOE y su Secretario General, y unas exigencias de sillones totalmente prematuras y descabelladas, está dirigida a sembrar la división y el desconcierto. Realmente, esta ha sido una actitud constante de él y de su cúpula desde el día siguiente de las elecciones, trazando desde el principio unas líneas rojas inaceptables, poniendo en cuestión el liderazgo de Pedro Sánchez, exigiendo ventajas imposibles en la creación de los grupos parlamentarios, insultando un día y tendiendo la mano el siguiente, y en definitiva tratando de descolocar y dividir a su adversario principal, que somos nosotros.

Debemos plantearnos si merece la pena pactar con un partido cuya cúpula se comporta de un modo tan impropio y tan alejado del discurso que “vendieron” a sus electores. Prometieron la regeneración y el rescate social, y muchas personas les votaron de buena fe en base a ese discurso. Pero, una vez se han visto investidos de poder, lo están utilizando para otro propósito bien distinto. Su objetivo indisimulado es hundir al PSOE y ocupar su espacio. Su abrazo es el abrazo del oso. Su discurso regenerador y social, y los gestos teatrales en los que son expertos, constituyen simples medios, en su visión estratégica, al servicio de ese fin. Pactar con ellos se me asemeja a pactar con una serpiente de cascabel. Mientras uno está pendiente de que la boca no te muerda, ella se está enroscando en tu cuello impidiéndote respirar, a la vez que te está golpeando con el cascabel en la cabeza. ¿Qué puede resultar de un pacto así?

Por eso, en mi opinión tal vez deberíamos dar un paso atrás, al menos por un tiempo, y tratar de buscar unos socios más fiables, que no pueden ser otros que Ciudadanos e IU. Quizás el programa que es posible acordar con ellos no será tan reformista como nos gustaría, pero al menos se podrá hablar sin la tensión de temer ser apuñalados por la espalda en cualquier momento, y podríamos ofrecer una alternativa de progreso al bloqueo actual. Una vez acordado el programa, Podemos tendrá la opción de votar en contra de la investidura junto con el PP, o de abstenerse para que pueda empezar la legislatura. Es de suponer que no todos los parlamentarios de esa formación sean tan adictos a Juego de tronos como lo son sus jefes, y puestos en esa disyuntiva tal vez opten por permitir la investidura. De este modo, además les devolveríamos la jugada, introduciendo una cuña entre lo que desean sus electores y muchos de sus parlamentarios, y lo que pretende la reducida cúpula que toma las decisiones. Salvada la investidura, lo que viene después es en cierto modo más sencillo, porque el protagonismo lo tendrá fundamentalmente el Parlamento, y habrá que pactar cada ley antes de someterla a votación.

Pero para que esta, o cualquier otra estrategia, lleguen a buen fin, no deberíamos hacerles el juego y dividirnos entre nosotros. Háganse los comités federales que sean necesarios, debátanse y consensúense cuáles son las mejores opciones para el país y para el partido en esta hora ciertamente complicada. Pero la desconfianza hacia el Secretario General, o la rivalidad con él, no ayudan en nada, y deberían en mi opinión estar completamente ausentes. La batalla ya es bastante difícil para que nosotros nos empeñemos en complicarla mas.

Ricardo Peña

Secretario General de ASU-PSOE-M

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Se acerca la hora de la verdad

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Los medios de comunicación están impacientes por despejar la incertidumbre que han dejado las elecciones del 20-D y no paran de presionar, especialmente al PSOE, para que definan sus estrategias. Pero la política tiene sus tiempos y sus formas. Como, en mi opinión, muy bien ha expresado Pedro Sánchez, es la hora de Rajoy, y hasta que su opción no se demuestre inviable, es prematuro e injusto pedir concreciones a los demás. La pelota está en su tejado, por mucho que, como ya nos tiene acostumbrados, quiera eludir su responsabilidad. Una vez despejada esa incógnita en negativo, el PSOE deberá desvelar en detalle su propuesta.

Miguel Sebastián ha hecho un estudio metódico de cuatro opciones en base a las sumas numéricas posibles en el Congreso. La primera son variantes de la “gran-coalición” (PP y PSOE, con apoyo opcional de CS o/y Podemos). César Giner, candidato a las primarias frustradas contra Tomás Gómez en Madrid, da una argumentación interesante en favor de la Gran-Gran-coalición (PP, PSOE, Cs y Podemos). Por su parte, la solución “portuguesa” (bloque de izquierdas) requeriría el voto positivo de fuerzas independentistas, apoyo contra el que se ha pronunciado rotundamente nuestro Comité Federal. El PSOE no puede pactar con los que promueven un golpe de estado contra nuestra nación. Porque una cosa es ser independentista, o republicano, o federalista, o anti-autonomista, o pro-derecho-a-decidir, y otra muy distinta es promover una secesión unilateral contraria a las leyes nacionales e internacionales. Cualquier opción puede ser defendida dentro de los cauces legales, y la adecuada para todas las mencionadas sería una reforma de la Constitución.

Tras esas dos coaliciones, tan sólo quedan la “coalición reformista” (PSOE, Cs, IU y Podemos) y la convocatoria de nuevas elecciones. Nuestro Secretario General parece querer abrir la tercera opción. Sin duda se alcanzaría un gobierno con gran estabilidad (201 votos de respaldo parlamentario). ¿Pero querrían Cs y Podemos? Las primeras escaramuzas no dan muchas esperanzas. Ciudadanos ha expresado que, para sentarse a esa mesa, “Podemos ha de dejar de ser Podemos”, lo que como expresión de talante negociador no está nada mal. Podemos, por su parte, empezó con su “línea roja” del referendum en Cataluña y ha proseguido con su chantaje sobre los cuatro grupos parlamentarios y su salva de descalificaciones al PSOE cuando se le ha negado. Afortunadamente, hay líderes en la periferia de esa formación, como Ada Colau y Mónica Oltra, menos dados al juego táctico y ajedrecista de Iglesias, y que parecen más proclives a negociar. Recomendable a este respecto es la reflexión de Rafael Simancas sobre qué quiere realmente este partido.

Como ya he argumentado en otra entrada de este blog, nuestra política debe ir encaminada no tanto a satisfacer a los dirigentes de esas formaciones como a los votantes de las mismas, en definitiva dirigida a satisfacer a la mayoría de los españoles. Los dirigentes son proclives al juego táctico y a poner en primer plano la rivalidad con las otras fuerzas, porque a la postre todos competimos por el mismo electorado. Pero ahora no estamos en campaña (al menos no todavía), si bien tanto Iglesias como Rivera se comportan como si siguieran en ella. En mi opinión, el PSOE debe hacer una oferta programática que los votantes de esas formaciones “no puedan rechazar”, de tal forma que si sus dirigentes la rechazaran por razones partidistas, fueran ellos, y no nosotros, los que pagaran las consecuencias. El objetivo sería ser los más insistentes en hacer propuestas de pacto y los últimos en levantarnos de la mesa. Pero, ¿hay materia común para dicho pacto?

Me he tomado el trabajo de revisar en detalle sus programas y de compararlos con el nuestro, y debo anticipar a modo de conclusión que lo difícil ha sido encontrar discrepancias. Es verdad que, en cierto modo, todos los programas (incluido el del PP) se parecen bastante, porque nadie pone en su programa que va a hacer recortes, a liquidar las pensiones, a favorecer la corrupción, o a aumentar el paro y la pobreza. Pero los que hemos leído y hemos participado en unos cuantos programas sabemos distinguir la letra pequeña del tono general, y debo decir que el tono general de los programas de Cs y Podemos son, como el del nuestro, profundamente reformistas. El tono del del PP es en cambio ambiguo, superficial y sin compromisos concretos. Hago un breve resumen de las coincidencias, estructurándolas en cuatro bloques:

  1. Bloque de regeneración democrática: reforma de la ley de partidos, incluyendo procesos internos de elección y financiación; reforma electoral; supresión de aforamientos; restricciones a los indultos; endurecimiento de las incompatibilidades; prevención de la corrupción y de las puertas giratorias; medidas de transparencia institucional, de neutralidad de las instituciones de control y de RTVE; derogación de la ley mordaza; independencia de poder judicial; reforma del reglamento del Congreso en sentido progresista; supresión de las Diputaciones Provinciales (Cs y Podemos).

  1. Bloque económico: políticas de crecimiento y de reindustrialización; políticas activas de empleo; pacto por unas infraestructuras sostenibles; medidas contra el paro de larga duración y el paro juvenil; medidas de conciliación de la vida laboral y familiar; potenciación de la innovación empresarial; eliminación de trabas a la creación de empresas; fomento de la competitividad; pacto por la ciencia; inversión en I+D hasta el 3% del PIB en 2020; reforma fiscal con aumento de la recaudación del impuesto de sociedades y de los grandes patrimonios; fiscalidad verde; lucha contra el fraude fiscal; ampliación del plazo de prescripción de los delitos fiscales; reforma energética potenciando las renovables; eliminación del impuesto al sol; lucha contra el cambio climático; no al fracking.

  1. Agenda social: lucha contra la pobreza y la exclusión social; rentas mínimas garantizadas (por vías distintas: complemento salarial garantizado Cs, renta mínima garantizada PSOE y Podemos); potenciación del estado del bienestar, incluyendo la atención a la dependencia y los servicios sociales; reversión de los recortes; garantía de actualización de las pensiones; leyes anti-desahucio y de segunda oportunidad; dación en pago; pacto por la educación y la cultura; gratuidad 0-3 años; tasas universitarias bajas y homogéneas; aumento de becas; medidas para la igualdad de hombres y mujeres y contra la violencia de género; acuerdo sobre la regulación actual del aborto.

  1. Reforma constitucional: garantía constitucional de los derechos sociales; consolidación del estado autonómico; clarificación de competencias y del modelo de financiación; reforma de las circunscripciones electorales; reforma o supresión del Senado (Cs propone un Consejo de Presidentes con voto ponderado competente para aprobar leyes territoriales); reconocimiento de la pertenencia a la UE.

Las principales divergencias con Cs se refieren a las leyes laborales y a las modalidades de contratación, mientras que con Podemos el escollo más grande es que este partido atribuye soberanía a los distintos territorios para decidir o no su integración en España. Adicionalmente, Cs no es proclive a una reforma constitucional profunda en el tema territorial.

Como se aprecia, hay mucho terreno para coincidir. Si en el PSOE hacemos una oferta de programa de reformas como el resumido en estos cuatro apartados y redirigimos los aspectos territoriales a una ponencia constitucional donde todos los partidos, incluido en este caso el PP, puedan defender sus propuestas, a Cs y Podemos les resultaría complicado defender ante sus electores una negativa a apoyarlo. Si además ofrecemos una legislatura corta, culminada con una reforma constitucional pactada por todos y seguida de un referendum y nuevas elecciones, creo que el conjunto conectaría bastante bien con las aspiraciones de la mayoría de los españoles, que a tenor de las encuestas, lo último que desean son unas nuevas elecciones.

Ricardo Peña

Secretario General de ASU-PSOE-M

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