Un proyecto regenerador para España y para Europa

estrellademar

Muy a nuestro pesar, de nuevo vamos a elecciones y es importante acertar con el discurso que deberíamos hacer en estos dos meses. Haríamos mal en emplear la mayor parte de nuestras energías en criticar al PP y a Podemos, por muy culpables que hayan sido de conducirnos a esta situación. Lo último que desean los ciudadanos son dos meses de “y tu mas”. Cada cual ha tenido ojos para ver y ha hecho su propio diagnóstico de lo que ha pasado. Debemos reconocer que colectivamente todos los partidos hemos faltado a nuestra responsabilidad de formar un gobierno. A la frustración y malestar que esto ha producido, no podemos añadir el espectáculo, ya demasiado prolongado tras año y medio de elecciones continuadas, de que los partidos nos tiremos los trastos a la cabeza.

Lo que ahora esperan de nosotros es que ofrezcamos un análisis lúcido de la situación del país y unas propuestas creíbles que den alguna esperanza de que los problemas se pueden resolver. Además, los partidos deberían dejar claro desde el principio cuál va a ser su política de alianzas, es decir con qué fuerzas están dispuestos a pactar y con cuáles no. Con respecto al análisis, lo primero que se necesita es un diagnóstico certero del estado en que se encuentra nuestro país y de que es lo que necesita con mas urgencia. Tras seis años de crisis y de austeridad impuesta desde Europa, acentuada por las políticas ultraconservadoras del PP, la situación no puede ser mas lamentable: 21% de paro, que supera el 50% en los jóvenes, un millón y medio de hogares sin ningún ingreso, una inmensa bolsa de parados de mas de 50 años, grandes recortes en los sistemas educativo y sanitario públicos, un sistema de pensiones públicas en riesgo de quiebra, centenares de miles de familias desahuciadas de sus viviendas, índices de desigualdad disparados, pobreza infantil, pobreza energética, etc. Es decir, un retroceso de mas de 20 años en nuestro bienestar colectivo. Retroceso que no ha afectado a todos por igual: al lado de lo anterior, ha aumentado el número de ricos, los salarios de los altos ejecutivos de empresas y bancos se han disparado. Todos los días observamos cómo evaden sus impuestos los mas pudientes, y contemplamos con estupor los enriquecimientos ilícitos de los interminables casos de corrupción, que han dejado de ser “casos” para convertirse en tramas criminales organizadas para delinquir, a veces desde las propias instituciones.

Lo que se necesita para revertir este estado de cosas es un esfuerzo titánico y una gran determinación política. Citando a José Félix Tezanos (TEMAS 258, mayo 2016), necesitamos algo similar a lo que fue el Plan Marshall en la Europa de posguerra: reactivar las inversiones económicas; diseñar un plan de empleo de emergencia para jóvenes y parados de larga duración; poner fin a los desahucios mediante leyes de rescate y de segunda oportunidad; reinvertir en los sistemas educativo y sanitario públicos; asegurar la supervivencia del sistema público de pensiones mediante la reedición del Pacto de Toledo; regenerar el tejido económico, apostando por la innovación; aumentar drásticamente la inversión en ciencia y en I+D; apostar por una transición energética hacia un sistema basado mayoritariamente en energías renovables; reformar la Constitución para encajar el problema territorial; acabar con las tramas corruptas instaladas en muchas corporaciones locales y autonomías; llevar a cabo una reforma fiscal profunda que grave no solo la renta sino también la riqueza y que establezca un mínimo para el impuesto de sociedades; aumentar drásticamente el número de inspectores fiscales para combatir eficazmente el fraude; y muchas otras medidas de similar calado.

Todo ello requiere buenas leyes y sobre todo mucha tenacidad y voluntad política para aplicarlas. Para este inmenso esfuerzo regenerador hay que convocar a la mayoría de la sociedad y a todas las fuerzas políticas que crean en la urgencia de esa tarea. Eso excluye directamente al PP, responsable no solo de muchas políticas contrarias a las enumeradas, sino consentidor de la gran corrupción y protagonista de la gran mayoría de las tramas descubiertas hasta ahora.

Es incorrecto un análisis que concluya que la izquierda es suficiente para esta tarea. Primero por la magnitud de la misma. Después, porque hay que tocar aspectos como el territorial, el educativo, el tejido empresarial, las pensiones, la Constitución, etc. que requieren grandes consensos. Finalmente, porque la izquierda no ha sumado ni parece que vaya a sumar. El proyecto requiere un esfuerzo transversal, no la división del país en los dos bloques antagónicos de izquierda contra derecha. El PSOE es la única fuerza que puede encabezar un proyecto así y aglutinar en su torno a partidos de ambos lados del espectro.

El PP no puede, en primer lugar porque no cree en ello. El PP no quiere ver la desigualdad porque no la padece. No cree que sea un problema. Tampoco que lo sea la corrupción. Parece aceptar que las cosas son así, que siempre lo fueron y que siempre lo serán. Además, le resulta incómodo tener que enderezar a los que la practican, en la inmensa mayoría pertenecientes a sus filas. No puede regenerar la vida política porque primero tendría que llevar a cabo su propia regeneración.

A Podemos no le interesa demasiado el proyecto. Ellos han nacido y crecido precisamente gracias al actual mal estado de cosas. Y lo han explotado a fondo con el discurso de la casta. Las cosas están mal, dicen, pero la culpa es de los otros. Y cuando ha llegado el momento de poder remediarlo, han optado por sus propios intereses como partido. Han preferido ir a elecciones antes que ver al PSOE, su enemigo principal, en el gobierno. Es cierto que muchos de sus votantes y militantes creen que ellos podrían regenerar la sociedad. Pero sus dirigentes tienen al parecer otros planes. Tampoco ayuda a un proyecto de España su extraña complacencia con los independentistas. Extraña, por tratarse de una fuerza supuestamente de izquierdas, que no tiene nada que ganar con el nacionalismo, que siempre ha sido promovido por las burguesías. Su concepción de que cada territorio decida libremente si quiere pertenecer a España o no es de un gran infantilismo histórico. O una concesión mas al populismo. Nunca la izquierda ha defendido los fraccionamientos en base a identidades localistas. Los derechos los da el Estado, no el terruño. Y en este momento histórico, ni siquiera los garantiza completamente el Estado, sino unidades mas amplias como la Unión Europea.

Ciudadanos ha sostenido con fuerza un discurso regenerador en lo político. Hay que reconocerles que han condicionado a los gobiernos que apoyan a no consentir la corrupción. Han demostrado también sentido de Estado al acordar el pacto de 200 medidas regeneradoras con el PSOE. Pero también es cierto que en temas económicos son bastante mas tibios que el PSOE, lo que es lógico tratándose de un partido de corte liberal. No han llegado muy lejos en el terreno de una reforma fiscal, ni de la legislación laboral, ni en subir salario mínimo. Son compañeros necesarios para el proyecto, pero no los mejores para encabezarlo.

Pero los ciudadanos esperan de nosotros una alternativa creíble, no solo un conjunto de buenos deseos. Debemos esforzarnos por ofrecer un programa económico distinto al de la derecha, pero también viable. Y eso incluye necesariamente referirse a Europa. Debemos ofrecer un programa socialdemócrata también para Europa, donde actualmente la socialdemocracia se ha encogido ante el envite de los poderes financieros. Deberíamos aclarar cuál es nuestra concepción para una salida progresista de la crisis en el conjunto de Europa. Debemos criticar los recortes que partidos socialistas como el francés están ejecutando. Si no lo hacemos, no seremos creíbles.

Los socialistas tenemos la posibilidad de ofrecer un proyecto a la vez viable y mejor que el que pueden ofrecer otros. Por eso, mas que mirar encogidos a izquierda y a derecha y temer al supuesto sorpasso, tenemos que confiar en lo que proponemos. Los proyectos del PP son mas de lo mismo, los de Ciudadanos son mas tibios que los nuestros y los de Podemos son en buena parte inviables y además sus líderes tienen poca intención de llevarlos a la práctica.

Nuestra estrategia de pacto está clara desde el principio: sumar a las fuerzas que estén de acuerdo con un proyecto regenerador para España, al cual nosotros contribuiríamos con nuestras propuestas. El PP queda excluido por su propia incapacidad para apoyar algo así, no por ningún fundamentalismo a priori. Con un PP con otros dirigentes no tan quemados por la corrupción, con menos inmovilismo, y dispuestos a modificar las políticas de estos cuatro años, seguramente se podría hablar. Los aliados naturales actuales son obviamente Ciudadanos y Podemos. Dada la actitud pasada de Podemos, lo deseable es que fueran castigados en las urnas y nosotros premiados. Eso aumentaría las posibilidades de un pacto. Si de nuevo no fuera posible el mismo, las perspectivas que se abren no serían muy halagüeñas para el país: o ir a unas terceras elecciones, o dejar gobernar a la derecha desde la oposición.

Para ganar voluntades para este proyecto, además hay que mantener la unidad y hay que movilizar todas las energías. Demasiados militantes y lamentablemente también demasiados dirigentes no hicieron todo lo que estaba en su mano en la campaña del 20-D. Ahora tenemos la ocasión de remediarlo.

Ricardo Peña

Secretario General de ASU-PSOE-M

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El populismo inútil

podemos

En mi anterior entrada pedía que se acabara ya el teatro que en mi opinión estaba representando la cúpula de Podemos. Pues bien, efectivamente el telón de esta representación está a punto de caer, y no precisamente para bien. La calculadora de votos que maneja ese partido les ha debido de pronosticar que pueden ganar algo en unas nuevas elecciones, y al final se han decidido por tomar ese camino. Han pegado una patada al tablero antes de que fuera posible siquiera discutir su contraoferta de programa.

Como buen zorro de la política, el señor Iglesias Turrión ha ideado una nueva jugada, que a la vez le cubre las espaldas y cierra la posibilidad de cualquier veleidad de última hora: ha propuesto dos preguntas tramposas a las bases para que avalen su decisión. Si usted le pregunta a alguien con buen apetito si prefiere el jamón ibérico o el chopped, no tenga ninguna duda de lo que va a contestar. Aunque usted sepa que si eligiera el ibérico, usted no tendría ninguna posibilidad de proporcionárselo. Si usted le pregunta a un afiliado de Podemos si prefiere un gobierno de centro izquierda, o uno solo de izquierdas, tampoco tenga duda de la respuesta. Pero las alternativas reales son otras muy distintas: o abstenerse, o ir a elecciones, dejando al PP seis meses más en funciones.

El populismo ha demostrado ser completamente inútil para resolver los problemas de los ciudadanos. El mensaje con el que se presentaron a las elecciones era muy bueno. Dieron en la diana de muchos problemas que aquejaban a la sociedad española. Unos, los derivados de la crisis, muy graves aunque coyunturales. Otros, como la corrupción, o el anquilosamiento de la política y de los partidos tras 35 años de democracia, mas estructurales. Tuvieron el mérito de sacar de la abstención y de interesar por la política a muchas personas, las mas de ellas con graves dificultades laborales y económicas. Pero a la hora de la verdad, les han dejado tirados. Porque el populismo es precisamente eso, decir a la gente lo que espera oir, prometerles lo imposible, y luego dedicarse a los propios intereses como partido.

También es muy de lamentar el papel de comparsas que han jugado en este teatro, tanto IU, como Compromís, Equo y otras fuerzas que integran las confluencias con Podemos. Ya he dicho en otra ocasión que cuando la izquierda se plantea metas irrealizables, la que sale beneficiada es la derecha. Eso es justo lo que ha pasado. Si Podemos, IU, Compromís, etc. hubieran sido mas sensatos y honestos al plantear un pacto con el PSOE, quizás hubiera sido posible un programa con mayor contenido social, que luego se hubiera negociado con Ciudadanos. Al poner trabas desde el principio y asustar a todos con sus radicalismos, insultos y salidas de tono, han empujado al PSOE a la vía contraria: a amarrar un pacto con una fuerza mas de derechas, pero mas fiable, como Ciudadanos y luego tratar de negociar la abstención del bloque populista-izquierdista a cambio de algunos añadidos. En estos momentos, al cerrar incluso esa posibilidad, están empujando al bloque PSOE-Ciudadanos a tratar de negociar con el PP. No va a salir nada de ahí porque el PP está directamente en el monte, es decir dedicado a sus exclusivos intereses, y solo quiere que se le apoye incondicionalmente. Pero si otro PP, con otro dirigente que no fuese Rajoy, se aviniese a negociar algo, el programa resultante sería aun más escorado a la derecha que el actual de PSOE-Ciudadanos. Un ejemplo mas de como por querer algo mas allá de lo que es posible, siempre se consigue menos.

De aquí a la convocatoria de elecciones estaremos en el juego de quién carga con la culpa. Las redes sociales, en las que tan activos son los podemitas, arden de insultos y descalificaciones al PSOE. Se organizan votaciones on-line para que quede claro que ha sido el inmovilismo del PSOE el que nos ha abocado a este fracaso. El discurso que venden es que “ellos”, los de Podemos, se han dejado la piel, pero que no ha sido posible su flamante gobierno de izquierdas por la cerrazón del PSOE. Gobierno que, al menos desde la cúpula de Podemos, se sabe desde el principio que era utópico e irrealizable sin el concurso de los independentistas.

Ya hemos aprendido que las encuestas son otra forma de hacer política, tanto desde los medios controlados por la derecha, como desde las redes sociales, incendiadas por los activistas de Podemos. Así que no es de extrañar que en todas ellas el PSOE salga mal parado. Sería una paradoja que tuvieran razón: los que mas empeño hemos puesto en tratar de desalojar al PP y a sus políticas dañinas del Gobierno, al final pagaríamos la factura del fracaso. En mi opinión, lo mas grave que puede ocurrir es que se produzca una inmensa abstención. Abstención que en ningún caso perjudicará al PP, ya que por desgracia sus votantes han demostrado una fidelidad cercana a lo religioso. Da igual lo que haga este partido, que muchos de sus votantes les seguirían si hiciera falta hasta el precipicio. Por eso tendremos que esforzarnos una vez mas en que cale nuestro mensaje, y en que a pesar del hastío y la frustración, nuestros votantes no se refugien en la abstención.

La única parte buena de esta desgraciada situación es que ahora ya no hay incógnitas sobre los nuevos partidos: todo el mundo ha visto lo que da de sí cada uno. Y si confiamos en la lucidez de los españoles, sacarán sus consecuencias.

Ricardo Peña

Secretario General de ASU-PSOE-M

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Mujer frente al mundo hegemónico masculino. Domesticidad vs patriarcado

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Con motivo de la celebración de un nuevo Día Internacional de la Mujer Trabajadora, comparto algunas reflexiones sobre la concepción histórica de humanidad, que ha parecido ignorar, hasta hace poco, que las sociedades han estado “dividas, además de en etnias, clases, naciones, religiones o edades, por algo que las atraviesa a todas: sexos1, en la construcción que conocemos del mundo, se presenta como protagonista de nuestra historia, a un sujeto asexuado, neutro, o en todo caso masculino, se ha vinculando humanidad a: hombre, o ser humano, como individuo que comprende la globalidad de la especie, al conjunto de todas y todos, incluso la historiografía marxista centra la construcción de la división de clases en patrones masculinos, sin ocuparse de las mujeres como grupo social diferenciable de los hombres, pese a que esa construcción no ha operado igual para ellos que para ellas.

La concepción masculinizada de la humanidad, obviando a la mujer, no fue en todo tiempo la norma imperante, en efecto la realización de determinadas tareas que un sólo miembro del grupo no podía ejecutar, supuso la precoz división del trabajo, y está se articuló en función del sexo de los individuos, sin embargo, ello no implicó el sometimiento de la mujer al hombre, las pequeñas fratrías primitivas, en la infancia del género humano en las denominadas épocas del “salvajismo” y “barbarie” estaban conformadas por individuos libres e iguales, unidos por vínculos de sangre, donde las decisiones competían a los adultos, tanto hombres como mujeres, lo que se producía en común, era distribuido en común, para aquellas agrupaciones originarias “las mujeres estaban con respecto a los hombres en un mismo plano de derecho.”2

El sometimiento ancestral de la mujer al hombre, desde los orígenes mismos de la humanidad, es “una de las ideas más absurdas que nos ha transmitido la filosofía del siglo XVIII,” y se corresponde con una construcción formulada a partir de la época de la “civilización” y no de la humanidad antigua, consistente en decir que, desde el origen remoto de la sociedad la mujer fue la esclava del hombre. Engels lo expreso, en su obra: El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado, de la siguiente forma: “Entre todos los salvajes y entre todos los bárbaros de los estados medio e inferior, en gran parte, hasta entre los del estado superior, la mujer no sólo ha tenido una posición libre, sino muy considerada.3

El matriarcado que acompañó a esas comunidades antiguas asentadas en la posesión común del suelo, sufrió un vuelco proporcional a la transformación de la propiedad común en propiedad privada, la tierra fue distribuida entre los “organizadores,” en detrimento de los “ejecutores,” pretendiendo los primeros asegurar a perpetuidad, generación tras generación, la transmisión del patrimonio privado a la descendencia propia, produciéndose el reemplazo de la filiación materna por la paterna, un nuevo modelo de familia, basado en la monogamia, emerge para desplazar a la mujer a un segundo plano social y confinarla a las labores domésticas, perdiendo a partir de entonces, su consideración social por completo.

La otrora igualdad de derecho de la mujer con respecto al hombre quedó pulverizada cuando se dejo de percibir que desempeñaba funciones útiles a la sociedad, entró en servidumbre y su adscripción al hombre y a los hijos varones fue consecuente. Marx señaló con agudeza que desde la casa, estaban ya presentes todas las contradicciones de nuestro mundo de hoy: un esposo autoritario que representa a la clase que oprime, y una esposa sumisa que representa a la clase oprimida. A pesar de ello la mujer es una víctima más de la división social de clases, paradójicamente en el pensamiento marxista no se diferencia a las mujeres como grupo de interés particular, quedando su situación diluida dentro de los asuntos del proletariado en general, ignorando la división sexual del trabajo, donde la mujer es relegada al papel de ama de casa, cuya explotación no pasa de ser una cuestión circunscrita al matrimonio y por tanto un asunto entre particulares. Pero la realidad es que las causas que desencadenan la explotación del proletariado no son las mismas que provocan la opresión de la mujer.4

Entre tanto se fue construyendo la idea de masculinidad en negativo; como todo aquello que no era femenino, ni étnico, ni homosexual, quedó definida la ética patriarcal por el binomio inferior/superior, concepción jerarquizada en lo relativo a género, raza y orientación sexual, todo individuo o grupo que contraviniese esa construcción era objeto de discriminación, por tanto, a partir de que se asomara en la humanidad este ideal, las mujeres han venido siendo excluidas sistemáticamente de la configuración conceptual del sujeto de derecho individual en el orden social, jurídico y político, por no estar encuadradas en la definición del ser hegemónico universal varón, de raza blanca, de comportamiento heterosexual y propietario, siendo la feminidad excepción, la diferencia enigmática que se somete a examen, a estudio, y objeto de la explotación patriarcal que se concreta en los ámbitos laboral, doméstico o familiar, como resultando de ello, se recrea un mundo regido por el pensamiento masculino que, hasta ahora, ha hecho desaparecer a la mujer como persona definitoria de la humanidad, en la misma proporción que lo ha hecho el varón.

Por contraposición a lo masculino, se formuló una construcción cultural de feminidad configurada por mujer como espejo de las necesidades del hombre, encarnando la sumisión, la inferioridad, la pasividad, la belleza y la capacidad nutricia, amén de cuidadora de la prole y ajena a las decisiones de estado, “conformándose en una ética relacional,5 cuyo mundo debía girar entorno al marido, y dando pie a la construcción del modelo imperante de domesticidad de la mujer, influenciado, desde la Contrarreforma, por los trabajos de escritores, pensadores y filósofos masculinos, como fray Luis de León, fray Antonio Arbiol, Rousseau, Hegel, e incluso Locke, quien ha trascendido a nuestros días, como defensor a ultranza de la autonomía individual, salvo en lo relacionado a la sociedad conyugal, donde defiende una desigualdad absoluta, auténticas guías sobre las formas de actuar y de ser de ellas, verbigracia de su función social como amas de casa y esposas perfectas, pero carentes de una identidad como ciudadanas.

Se engendran así, mitos antagónicos sobre la virilidad masculina, y la fragilidad femenina, que crean las bases sobre los comportamientos estereotipados que se esperan de unos y de otras, en el caso del varón, ser verdadero hombre, ya no simplemente consiste en ser masculino, además debe esforzarse constantemente por no presentar ningún rasgo feminoide, debe procurar el éxito que encarnan el dinero y el poder, debe mostrar confianza en sí mismo y eliminar cualquier signo de debilidad, debe poseer fortaleza moral y ser agresivo, se convierte en objeto de su propio deseo, no se le exige en el mismo grado que a la mujer, seguir cánones estrictos de belleza, queda autorizado a desatender el cuidado familiar, se sobrestima el individualismo como valor de masculinidad, materializando una idea injusta y violenta hacía los demás, pero también contra el propio hombre, al que se le atribuye una especie de infalibilidad otorgada por gracia de la simple posesión de su sexo biológico.

Desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948, salvando las diferencias en los indicadores entre regiones, culturas y pueblos, son innegables, los avances que en materia de igualdad entre mujeres y hombres se han producido en los últimos sesenta y ocho años, sin embargo para la mujer la proclamación del principio de igualdad de alcance mundial, no ha significado su equiparación en derechos, oportunidades, participación en la toma de decisiones y presencia en todas las esferas sociales, puesto que sigue estando sometida a las nocivas consecuencias de la discriminación diacrónica que experimenta por razón de su sexo y por razón de los comportamientos que se atribuyen socialmente a todo lo que representa el género femenino.

La idea injusta sobre el papel histórico que ha venido desempeñando la mujer en sociedad ha comenzado a transformarse lenta y paulatinamente, como resultado de la asimilación de los valores democráticos de convivencia basados en las libertades, el mayor grado de tolerancia y madurez social, la introducción de políticas y normas de calado y la armonización de políticas comunitarias en materia de igualdad.

Sin embargo del análisis de los datos, se desprende que aún queda mucho trabajo por delante, la construcción de la idea del mundo, de la propia humanidad, que nuestro tiempo nos demanda, no debe aspirar a la parcialidad de lo masculino ni de lo femenino, porque es asunto que concierne en equidad tanto a mujeres como a hombres, en justicia debemos aspirar a que los fenómenos históricos estén regidos por el principio de igualdad efectiva, al amparo del derecho a la no discriminación, desterrando las ideas de domesticidad y patriarcado, condenando al ostracismo el mundo masculino hegemónico, y dando paso a una realidad plural y diversa donde las mujeres también definan humanidad y tengan el derecho a ser protagonistas de la historia; nuestra historia.

Juanjo Marcano

1 Ballarín et al., 2010; Carabí y Segarra, 2000.

2 Ponce, 2005.

3 Engels, 1884; Ponce, 2005.

4 Eisenstein, 1980; Dalla, 1975.

5 Carabí y Segarra, 2000.

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Desmontemos de una vez este teatro

teatro

Se terminó la sesión de investidura, se cumplieron los más negros pronósticos, y cayeron todas las máscaras. Ahora ya sabemos dónde está cada uno: el PSOE y Ciudadanos, empeñados en dar una salida progresista al bloqueo actual, mientras que el PP, Podemos, Compromís e IU, cada uno por sus propias razones, empeñados en frenarla y en ir a nuevas elecciones. Las palabras se las lleva el viento, pero el voto no miente. A la hora de la verdad, todos han votado lo mismo: bloqueo y nuevas elecciones.

Se debería acabar la paciencia y la cortesía que hemos tenido con Podemos mientras teníamos la esperanza de despertar su fibra progresista. Una vez constatado que esa fibra no existe y que todo en la cúpula de ese partido es cálculo partidista, deberíamos poner al descubierto sus muchas vergüenzas. Y ello no por ningún espíritu de revancha, o por devolverle los numerosos insultos y desprecios que han dedicado a nuestro partido. No, se trata de elegir el único camino que puede evitarnos unas nuevas elecciones: la única razón por la que dentro de un mes, o mes y medio, Podemos elegiría abstenerse, es que la calculadora de votos de Bescansa, que es quien se ocupa de las encuestas, pronostique pérdidas. Y para ello deberemos desmontar el teatrillo que interpretan los dirigentes de Podemos en las numerosas tertulias y platós de televisión a los que acuden sin descanso.

Porque todos ellos repiten al unísono, con la inestimable colaboración de IU y Compromís, que los números dan para un pacto de izquierdas. Y ellos saben que no es cierto, pero lo dicen para no descubrir sus verdaderas intenciones, que son ir a elecciones, y a la vez para que el PSOE cargue con la responsabilidad consiguiente. Porque está muy claro que 161 votos son menos que 163. Y que, aunque consiguieran sumar al PNV, serían 167. Y 163 mas 19 (que son los que suman ERC, DiL y BH), siguen siendo más que 167. Es decir, ellos cuentan con la abstención, o el voto a favor, de los partidos autodeclarados independentistas, de los mismos que están promoviendo una secesión en Cataluña. Y claro, dichos partidos no se van a abstener gratis. Lo harán si se les promete como mínimo un referendum de autodeterminación. Para Podemos, y al parecer también para IU y Compromís, ese referendum no representa ninguna dificultad. Eso es entonces lo que deberían decir con claridad: los números dan, siempre que el PSOE se avenga a un referendum en Cataluña, porque a nosotros ya nos parece bien. Y, de nuevo, ellos saben que eso no es posible. Al menos no con este PSOE, que lleva 135 años defendiendo que la soberanía es del conjunto de España, y no de cada territorio por separado. Deberían entonces ser mas precisos: los números dan si el PSOE deja de ser el PSOE.

Basta entonces de teatro, señores de esa izquierda tan estupenda que les aboca a votar con el PP y para que siga el PP. Si Podemos quisiera sinceramente un pacto con el PSOE, no lo hubiera torpedeado desde el mismo 21 de diciembre. Recordemos una vez mas la secuencia de los hechos: ese mismo día Iglesias enunció por primera vez la linea roja del referendum, que había ocultado cuidadosamente durante la campaña. Después fue la bronca al PSOE por no estar de acuerdo con su exigencia de cuatro grupos parlamentarios. Mas adelante, el anuncio de un gobierno de coalición, con la mitad de los nombres ya asignados, mientras Pedro Sánchez estaba en consultas con el Rey. De ahí, a la linea roja de pedirle que no hablara con Ciudadanos. Para llegar a la exigencia actual de un envenenado pacto de izquierdas que ellos saben imposible. Todas estas actuaciones fueron convenientemente aderezadas con insultos y desprecios varios, culminando con los que todos vimos en la sesión de investidura. En definitiva, nunca, ni ahora tampoco, Podemos ha querido un pacto con el PSOE. Su único interés ha sido todo el tiempo tratar de dividirle, debilitarle y desprestigiarle para ocupar su espacio en unas nuevas elecciones.

Pero mientras ellos, los que alardearon de ser la nueva política, se dedican a la viejísima práctica del partidismo y del oportunismo mas rastreros, y a la no menos vieja del insulto y la descalificación, sus votantes esperan que los votos que les dieron tengan alguna utilidad. Podemos les prometió la regeneración de la vida política, les prometió ayudas para los mas débiles y medidas de rescate social. Hicieron un discurso en campaña que era justo el que esperaban numerosas personas a las que la crisis y los recortes del PP habían golpeado duramente. Y ahora ven con estupor que a la hora de la verdad, el adversario principal pasa a ser el PSOE en lugar del PP. Y que prefieren que este siga gobernando seis meses mas, a que se inicie una senda de regeneración política y social.

Deberíamos abrir los ojos a los que confiaron en estos políticos de salón, calculadores demoscópicos y gurúes de laboratorio, que se aprovecharon de su buena fe y de unas circunstancias ciertamente dramáticas. Muchos votantes socialistas tienen hijos que han votado a Podemos. Ahí tenemos un primer trabajo a hacer: abrirles los ojos a nuestros propios hijos. En cualquier caso, a este trabajo no solo deberían aplicarse, como ya están haciendo, Pedro Sánchez y sus colaboradores inmediatos, sino también todo el PSOE. Ahora sí vendrían bien las voces de nuestros barones y baronesas, pero para entonar entre todos un mismo mensaje: a Podemos le importan muy poco sus votantes y no merecen tener de nuevo su confianza.

Y en cuanto a IU, Compromís, Equo y otras fuerzas integradas en las confluencias con Podemos, deberían decidir qué quieren ser de mayores. Si, como hasta ahora, les siguen haciendo el juego a la cúpula de Podemos, sufrirán con ellos las mismas consecuencias. Muchos de sus votantes les verán como corresponsables del bloqueo y de meter al país en una interminable e incierta espera de varios meses, para que muy probablemente la situación después siga arrojando un reparto de votos que haga necesarios los acuerdos entre diferentes. Si en ellos todavía laten fibras de izquierdas, y yo quiero creer que ese es el caso, deberían empezar ya a dar signos de querer desmarcarse de la estrategia partidista de Podemos.

Ricardo Peña

Secretario General de ASU-PSOE-M

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Cuando la izquierda hace el juego a la derecha

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Esta semana que entra va a ser políticamente muy intensa, y dependiendo del curso de los acontecimientos, muchas máscaras pueden caer y nada será igual después del día 5.

Me preocupa especialmente la deriva de IU y de Compromís, a los que desde esta tribuna he calificado como “fuerzas razonables”, pero que parecen dispuestas a fecha de hoy a hacer el juego al populismo de los dirigentes de Podemos. Me vienen a la memoria mis lecturas de juventud sobre Lenin y Mao Zedong, que los dirigentes de esas fuerzas deben de conocer perfectamente. Una de las enseñanzas que se desprenden de dichas lecturas es que en toda coyuntura política, si la izquierda quiere que ésta se resuelva en un sentido progresista, ha de tener muy claro quién es el “enemigo principal” (en democracia diríamos el “adversario principal”) y quiénes los secundarios. Así, cuando en 1931 en plena revolución, China fue invadida por Japón, Mao no dudó en aliarse con su enemigo Chiang Kai-shek para expulsar a los japoneses. Una vez acabada esa guerra, volvieron a enfrentarse con él y pudieron culminar la revolución. Si hubieran elegido otro camino, nunca hubieran triunfado. Otro ejemplo mas cercano es la renuncia del PCE de Santiago Carrillo a la bandera republicana y su aceptación pública de la Monarquía, en los inciertos primeros momentos de la Transición. El PCE comprendió perfectamente que el adversario principal no era el Rey, sino el franquismo. Querer a la vez la república y la democracia hubiera supuesto muy probablemente no alcanzar ninguna de las dos.

Los dirigentes de IU y Compromís parecen haber hecho una lectura incorrecta del 20-D. El resultado electoral arrojó un 44% de votos y 163 diputados para la derecha y un 46% y 161 diputados para la izquierda. Deducir de ello que debe gobernar la izquierda, buscando el apoyo activo o pasivo de fuerzas tan “revolucionarias” como Democracia y Libertad (es decir la burguesía catalana apuntada a la independencia en el último cuarto de hora por puro oportunismo), y Esquerra Republicana (el populismo e independentismo en estado puros), es un grave error de estrategia. Como consecuencia de este análisis, todo su esfuerzo parece centrado en “sacar al PSOE de su error” y pedirle que abandone el acuerdo con Ciudadanos para hacer con ellos y Podemos un “verdadero gobierno progresista”. Tampoco parecen contar con la dinámica propia de DL y ERC, que votarían no a tal gobierno, salvo que se les garantizara un referendum en Cataluña. Aunque fuera posible in extremis una investidura, los votos no serían suficientes para gobernar. Un gobierno tal es una quimera, un sueño izquierdista que no responde al voto expresado el 20-D. Desde luego el PSOE no vamos a entrar en ese callejón sin salida.

Y cuando la izquierda comete errores izquierdistas, quien se beneficia es la derecha. No entender que el adversario principal en estos momentos es el PP y que el objetivo de la izquierda debería ser desalojarle del poder y revertir sus nefastas políticas austericidas, es contribuir a que siga en el mismo. Porque nadie tiene asegurado qué puede pasar si el día 5 esa izquierda vota contra la investidura de Pedro Sánchez. Puede ocurrir que Ciudadanos se desentienda del PSOE y solo corteje al PP; puede ocurrir que el Rey no vuelva a ofrecer la investidura a Sánchez; y puede ocurrir que haya nuevas elecciones y que en ellas suba la derecha, a la vista del miedo que el comportamiento errático de Podemos ha despertado en muchos votantes. En definitiva, una lectura incorrecta y un exceso de izquierdismo, favorecería la continuidad del PP. Por quererlo todo, podríamos a la postre no tener nada. Ese error ya lo ha cometido IU varias veces, como cuando Anguita decidió que el adversario principal era el PSOE y apoyó a Aznar, o como cuando en Extremadura IU apoyó a Monago frente al candidato del PSOE. IU debería saber ya que una pinza con el PP votando al unísono contra el PSOE, nunca trae buenas consecuencias para los ciudadanos. Porque no olvidemos que el objetivo de fondo no es favorecer las estrategias de uno u otro partido, sino atender de una vez a los problemas de los ciudadanos, en especial a los de aquellos que esta crisis ha dejado en la cuneta.

Que el programa acordado por Ciudadanos y PSOE no es un programa netamente de izquierdas, nadie lo niega. ¿Que no es el programa que acordarían el PSOE, IU, Compromís y Podemos? por supuesto que no lo es. Pero es que las elecciones no las ha ganado la izquierda. El voto ciudadano ha dejado las cosas de tal manera que solo es posible un gobierno apoyado en al menos tres de las cuatro fuerzas principales. Y el programa refleja justamente esa correlación de fuerzas. No propone todas las reformas que apoyaría la izquierda, cierto, pero es difícil estar en contra de una sola de las 200 medidas que se proponen. ¿Que nos gustaría más gasto social, o subir mas el salario mínimo, o hacer una reforma laboral más profunda que la que plantea el documento? por supuesto que si. Pero es que es el resultado de un pacto con un partido liberal. La cuestión que deben plantearse las fuerzas de izquierda es si hay o no en él suficientes reformas progresistas como para que merezca la pena echar a andar ese gobierno. Y en sentido contrario, si tumbar esa posibilidad nos acerca a una salida más progresista, o nos acerca a todo lo contrario.

¿Y como encaja en este análisis Podemos? Por desgracia, aquí el problema es distinto. Podemos no es un partido de izquierdas, si bien la inmensa mayoría de sus votantes desearían que el PP no siguiera gobernando. Podemos es un partido que supo aprovechar la indignación del 15-M, producto de la crisis, y eligió un discurso, el de “el pueblo contra la casta”, que cayó en el lugar apropiado en el momento apropiado. Podemos es un partido populista, y como tal se nutre de simplificar los mensajes y de dicotomizar el espacio político; de plantear la confrontación política como “ellos contra nosotros”, mensaje en el que se da por supuesto que “nosotros” somos moralmente superiores a “ellos”. Su única aspiración es ocupar el poder lo antes posible, manipulando para ello el discurso todo lo que estimen oportuno. Por eso, la actuación de sus dirigentes ha de entenderse como un puro teatro: cada mañana deciden el discurso que mas conviene a sus intereses. Y no les importa decir un día una cosa y otro la contraria. Los partidos populistas saben que la memoria del pueblo no es mucha y que un mensaje bien elegido tapa perfectamente el anterior. Solo si se ponen en perspectiva todos ellos se aprecia la contradicción. Así, un día dijeron que el referendum catalán era una línea roja; un poco más tarde que no lo era; inmediatamente después, que querían ser vicepresidentes de un gobierno socialista; más adelante, que solo negociarían si dejábamos de hablar con Ciudadanos; una semana más tarde aceptaban sentarse a negociar a pesar de las conversaciones con aquellos; para 48 horas mas tarde levantarse “indignados” porque el programa pactado era de derechas. Ahora el discurso es que después del día 5 estarían dispuestos a negociar, previa renuncia a ese programa. En definitiva, su cálculo siempre ha sido tratar de hundir al PSOE para sobrepasarlo en unas nuevas elecciones. Y lo que hacen es el teatro imprescindible para sacudirse de encima el coste de una nueva convocatoria. Lo que parece increíble es que IU y Compromís se presten a este juego.

La estrategia para doblegar a los dirigentes de Podemos ha de ser otra. Es inútil apelar a sus principios, porque no los tienen. Ni a sus compromisos con los votantes, porque para ellos estos son un mero instrumento. Lo único que les puede mover es enfrentarlos al abismo de su desaparición. Hay que desmontar pieza a pieza su teatro y hacerles aparecer, como acertadamente está haciendo nuestro partido, como cómplices de la derecha. Se trataría de aislarles para que se les perciba nítidamente como los únicos culpables de unas posibles nuevas elecciones. Pero para ello, se necesita la colaboración de toda la izquierda. IU y Compromís no pueden ser la coartada que de alas a la estrategia populista. ¡Ojo!, también a ellos puede pasarles factura.

Ricardo Peña

Secretario General de ASU-PSOE-M

 

 

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¿Qué pacto?

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Estamos ya en el momento de la verdad, cuya llegada pronosticaba yo como inminente en una entrada anterior. Rajoy ha constatado que está solo y que nadie va a tender un cable a su partido. Nada más razonable después de la forma despótica en que han gobernado en los años de su mandato, del sufrimiento que han causado a la mayoría de los ciudadanos con sus medidas austericidas, y de la interminable corrupción que afecta a sus cúpulas dirigentes. El Rey ha encargado a nuestro Secretario General Pedro Sánchez formar gobierno y éste ha comenzado ya las negociaciones con los diferentes grupos. ¿Qué va a pasar?

Por lo pronto, se van clarificando algunas posturas: Ciudadanos ha tomado una vía pragmática y con visión de Estado y está dispuesto a explorar las posibilidades de un programa común de legislatura con el PSOE. Insiste en incorporar de algún modo al PP, buscando como mínimo su abstención, lo cual es lógico desde su punto de vista como partido de centro derecha, pero en modo alguno desde el nuestro, donde hay unanimidad en que el PP debe pasar a la oposición. Primeramente, porque todos los partidos, incluido Ciudadanos, pedimos a gritos reformas en casi todos los ámbitos, conscientes de que estamos en un final de ciclo y de que no reformar sería equivalente a permitir graves fracturas territoriales y sociales, y a que entrásemos en una espiral convulsiva que no sabemos dónde podría llevarnos. Frente a esto, el PP solo ofrece inmovilismo y continuidad en sus políticas. Pero también porque este PP debe renovar sus cúpulas por completo. Debe limpiarse de tanta corrupción y tomar una actitud decidida de no permitirla en el futuro. Sus militantes y votantes no pueden vivir permanentemente avergonzados, ni el resto de los ciudadanos permanentemente indignados. Y esa limpieza solo pueden hacerla en la oposición.

La cúpula de Podemos ya va enseñando la patita de lobo por debajo de la piel de cordero. Han tratado de obstaculizar las negociaciones, votando junto al PP en la mesa del Congreso, para que sólo se le concedieran dos semanas a Pedro Sánchez (por cierto, aguda visión la del partido al insistir en tener un presidente del Congreso del PSOE; en otro caso, hubiéramos perdido esta batalla). Pero después han roto las negociaciones con él, al fracasar su intento de imponer un pacto exclusivo entre PSOE, Podemos e IU. Su estrategia es clara: pedir lo imposible, de forma que si se les diese tendrían asegurada la destrucción de su rival (¿alguien se quiere imaginar lo que podría hacer Iglesias Turrión en un Gobierno?), y si no se les diese, siempre podrían vender a su electorado que la culpa ha sido del otro. Porque veamos, ¿es factible aritméticamente tal pacto?

Ese frente de izquierdas sumaría 161 diputados y tendría enfrente con seguridad a PP y Ciudadanos, que suman 163. No sería razonable esperar que PNV(6) y CC(1) se unieran a esa aventura y a lo sumo se abstendrían. Por tanto, entre los restantes 19 diputados habría que buscar al menos 3 a favor y la abstención del resto. Pero esos 19 votos corresponden a formaciones abiertamente independentistas: ERC(9), DL(8) y EH-Bildu(2). Lo que propone en definitiva Iglesias Turrión es que la investidura y el futuro gobierno los pongamos en manos de los que tienen como programa separarse de España. Además de violentar nuestras mas profundas convicciones, lo que nos está pidiendo es directamente el suicidio. ¿Es tonto el Sr. Iglesias? En modo alguno, está simplemente haciendo su futura campaña electoral.

Por tanto, ¿que posibilidades tiene un pacto de investidura que permita arrancar el periodo de reformas que el país necesita? Porque, aquí no nos jugamos el liderazgo de Pedro Sánchez, ni que el PSOE gobierne. Esos factores están presentes, pero no son los fundamentales. Lo mas relevante es que si no se formara, se perdería una gran oportunidad, que no sabemos si volvería a ser posible tras unas nuevas elecciones: la oportunidad de regenerar las instituciones de este país, desgastadas después de treinta años y muy dañadas como consecuencia de la crisis y la corrupción; la oportunidad de regenerar el tejido productivo y de sentar las bases de una economía competitiva, basada en el conocimiento y capaz de crear los buenos empleos que necesitamos; la oportunidad de hacer una reforma fiscal donde paguen todos los que hoy no lo hacen, y los que no lo hacen en la cuantía que deberían; la oportunidad de combatir la pobreza y la desigualdad que ha creado la crisis, y de atender a los muchos que han quedado en la cuneta; la oportunidad, en fin, de reformar nuestra Constitución y de mejorar el encaje de las nacionalidades y regiones que conforman nuestro país.

Las posibilidades de ese pacto existen, pero van a exigir mucho trabajo y un milagro final. Con un buen trabajo de los negociadores, yo creo que se podría llegar a conseguir el apoyo de las que denominaré las fuerzas razonables, es decir de aquellas fuerzas interesadas en que arranque la legislatura y en que se pueda empezar el programa de reformas. Incluyo en ellas a Ciudadanos(40), IU(2), PNV(6), CC(1), Compromís(4), e incluso a algunos diputados integrados en En Marea y en En Comú Podem y que no son de Podemos. Con ello se podrían conseguir entre 143 y 150 votos a favor. Enfrente tendríamos a las fuerzas no razonables, es decir a las interesadas en que no se forme gobierno: PP, ERC, DL y EH-Bildu, que suman 142 noes.

La llave del milagro la tendrían los diputados de Podemos (entre 58 y 65 diputados, si se excluye de los 69 iniciales a los que he llamado razonables). Si decidieran votar en contra, sumarían mayoría absoluta con los no razonables e iríamos a nuevas elecciones. Si decidieran abstenerse, podría arrancar la legislatura.

En todo lo que llevo escrito, me he referido a la cúpula de Podemos y al Sr. Iglesias Turrión, y no a Podemos como fuerza política. Porque el meollo del milagro es justamente ese, que la cúpula no está actuando a favor de los intereses de sus votantes y militantes, sino mas bien a favor de los suyos propios, y que se puede poner a dicha cúpula entre la espada y la pared. El único lenguaje al que parecen ser sensibles es al del número de votos que podrían ganar o perder en unas futuras elecciones. Los que han depositado su confianza en Podemos lo han hecho porque creyeron en su discurso de regeneración política y de rescate social. Ellos si estarían muy interesados en que hubiera un gobierno reformista y en que Podemos lo apoyara. Es más, desearían que Podemos participara en las negociaciones de dicho programa de reformas para que pudiera influir en él. Por tanto, deberíamos conformar y ofrecer a la sociedad española y a Podemos un programa que muchos de sus votantes pudieran apoyar. Ello no es difícil en materia de regeneración política, de lucha contra la pobreza, y de defensa del estado del bienestar, materias en las que coinciden todas las fuerzas que he llamado razonables. Es algo más difícil en los temas económicos y laborales, en los hay más divergencias. La cúpula de Podemos tendría entonces que elegir entre dar satisfacción a sus votantes y permitir que se pudiera poner en marcha el programa, o no darles satisfacción, y además de ganarse el estigma de votar junto al PP, arriesgarse a quedar como los culpables de embarcar al país en unas nuevas elecciones, con lo que ello conllevaría de prolongar el gobierno en funciones del PP, aumentar las incertidumbres de la economía y retrasar varios meses los cambios que el país necesita. En ese caso, tal vez muchos de sus votantes les darían la espalda, el momento de gloria de Podemos habría pasado para siempre, y nunca más volverían a incidir decisivamente en la política española. Ese temor ese el único que podría obrar el milagro final. Preveo que cuando se acerquen los días de la investidura, las encuestas van a jugar un papel muy importante.

Ricardo Peña

Secretario General de ASU-PSOE-M

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¿Es la hora de los zorros?

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Los políticos acceden a la vida pública con un crédito ligeramente positivo de respeto y credibilidad por parte de los ciudadanos: al fin y al cabo, no se puede juzgar a nadie antes de verle actuar. A medida que toman decisiones y se posicionan ante los problemas, ese crédito puede aumentar o disminuir. Algunos consiguen salir de la vida pública con un respeto acrecentado, incluso por parte de los que fueron sus adversarios políticos, como ha sido el caso de Felipe González. Pero si cometen errores de bulto, entonces pierden el respeto de golpe y ya no pueden recuperarlo.

Por ejemplo, la gloriosa actuación de De Cospedal cuando estalló el asunto Bárcenas, sobre el “finiquito en diferido en forma de simulación”, la convirtió de golpe en un personaje irrelevante de la política española. A partir de ahí, se hizo muy difícil que nadie tomara en serio sus palabras. Yo al menos, cuando la veo aparecer ocasionalmente en televisión, a la vez que suprimo el sonido, la miro como el que mira a un ser del más allá. Me da igual lo que diga: o bien será una maldad, o una mentira, o una descalificación; en todos los casos, algo totalmente previsible y sin el menor interés intelectual.

El famoso WhatsApp “lo entendemos Luis, sé fuerte” de Rajoy a su tesorero, después de saltar la noticia de sus cuarenta millones en Suiza, convirtió de golpe al primero en un cadáver político, si bien es cierto que le está costando más de dos años asumir esa condición. Su última “jugada maestra” de renunciar-sin-renunciar a someterse a la investidura, demuestra de nuevo la ínfima calidad del personaje, al que solo guía un principio: sobrevivir. Su supuesta astucia es la astucia del zorro que mira por su supervivencia. Cualquier atisbo de cuidar el prestigio de la institución que representa, o de la que representa el Rey, o de cuidar siquiera los intereses de su propio partido, están ausentes en su cálculo. Su único objetivo es intentar que se abrase su rival Pedro Sánchez y poder sobrevivir él. Hemos visto ya despliegues similares de astucia por sobrevivir en el denostado Artur Mas, con el resultado final que todos conocemos.

El segundo zorro de la política en esta hora difícil es el líder de Podemos, Pablo Iglesias, el cual está quemando su credibilidad a pasos agigantados, no solo ante el resto de la sociedad española, sino también ante sus propios votantes. Su “jugada maestra”, propia de trileros, ha consistido en hacer una oferta envenenada a modo de torpedo dirigido a la línea de flotación del PSOE. En su cálculo, se trata de lo que se conoce como una oferta win-win: tanto si es aceptada como si es rechazada, el resultado sería una ganancia para sus intereses. En su análisis, en el PSOE coexisten dos almas, una más conservadora, a la que aterra un pacto con su partido, y otra más progresista que sí estaría interesada en gobernar con su apoyo. La oferta, y sobre todo la puesta en escena, con una ausencia de aviso previo, una actitud condescendiente y “perdonavidas” hacia el PSOE y su Secretario General, y unas exigencias de sillones totalmente prematuras y descabelladas, está dirigida a sembrar la división y el desconcierto. Realmente, esta ha sido una actitud constante de él y de su cúpula desde el día siguiente de las elecciones, trazando desde el principio unas líneas rojas inaceptables, poniendo en cuestión el liderazgo de Pedro Sánchez, exigiendo ventajas imposibles en la creación de los grupos parlamentarios, insultando un día y tendiendo la mano el siguiente, y en definitiva tratando de descolocar y dividir a su adversario principal, que somos nosotros.

Debemos plantearnos si merece la pena pactar con un partido cuya cúpula se comporta de un modo tan impropio y tan alejado del discurso que “vendieron” a sus electores. Prometieron la regeneración y el rescate social, y muchas personas les votaron de buena fe en base a ese discurso. Pero, una vez se han visto investidos de poder, lo están utilizando para otro propósito bien distinto. Su objetivo indisimulado es hundir al PSOE y ocupar su espacio. Su abrazo es el abrazo del oso. Su discurso regenerador y social, y los gestos teatrales en los que son expertos, constituyen simples medios, en su visión estratégica, al servicio de ese fin. Pactar con ellos se me asemeja a pactar con una serpiente de cascabel. Mientras uno está pendiente de que la boca no te muerda, ella se está enroscando en tu cuello impidiéndote respirar, a la vez que te está golpeando con el cascabel en la cabeza. ¿Qué puede resultar de un pacto así?

Por eso, en mi opinión tal vez deberíamos dar un paso atrás, al menos por un tiempo, y tratar de buscar unos socios más fiables, que no pueden ser otros que Ciudadanos e IU. Quizás el programa que es posible acordar con ellos no será tan reformista como nos gustaría, pero al menos se podrá hablar sin la tensión de temer ser apuñalados por la espalda en cualquier momento, y podríamos ofrecer una alternativa de progreso al bloqueo actual. Una vez acordado el programa, Podemos tendrá la opción de votar en contra de la investidura junto con el PP, o de abstenerse para que pueda empezar la legislatura. Es de suponer que no todos los parlamentarios de esa formación sean tan adictos a Juego de tronos como lo son sus jefes, y puestos en esa disyuntiva tal vez opten por permitir la investidura. De este modo, además les devolveríamos la jugada, introduciendo una cuña entre lo que desean sus electores y muchos de sus parlamentarios, y lo que pretende la reducida cúpula que toma las decisiones. Salvada la investidura, lo que viene después es en cierto modo más sencillo, porque el protagonismo lo tendrá fundamentalmente el Parlamento, y habrá que pactar cada ley antes de someterla a votación.

Pero para que esta, o cualquier otra estrategia, lleguen a buen fin, no deberíamos hacerles el juego y dividirnos entre nosotros. Háganse los comités federales que sean necesarios, debátanse y consensúense cuáles son las mejores opciones para el país y para el partido en esta hora ciertamente complicada. Pero la desconfianza hacia el Secretario General, o la rivalidad con él, no ayudan en nada, y deberían en mi opinión estar completamente ausentes. La batalla ya es bastante difícil para que nosotros nos empeñemos en complicarla mas.

Ricardo Peña

Secretario General de ASU-PSOE-M

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