Archivo mensual: julio 2013

Todos se retratan

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Estamos viviendo momentos realmente extraordinarios. Las tensiones de la política española han llegado a extremos insólitos, y es en momentos como este cuando todos los agentes sociales se posicionan e inevitablemente se retratan, dejando al descubierto sus más profundas convicciones, sus verdaderos pensamientos. Ser testigos de este momento histórico es realmente un privilegio y conviene abrir bien los ojos para no perderse detalle. Veamos:

 

Hay unas acusaciones de grueso calibre sobre el Presidente del Gobierno y otros dirigentes del Partido Popular por parte del que fue el tesorero de este partido durante 28 años. Las acusaciones ponen de manifiesto presuntas irregularidades y delitos de muy diversa índole:

 

 

  1. Un sistema de dádivas por parte de empresas privadas, que obtenían a cambio contratos de la Administración, y que alcanzan varios millones de Euros al año. Es decir, un cohecho en gran escala.

  2. Con este dinero, un sistema de dobles retribuciones en dinero negro a altos dirigentes del Partido, entre los que se encuentran el Presidente Rajoy, pero también otros dirigentes y ex-dirigentes destacados como de Cospedal, Arenas, Alvarez Cascos, Acebes, Aznar, y otros.

  3. También con ese dinero, una caja B con la que se financiaban actos del Partido Popular y servicios no confesables como el de los abogados de los militares condenados en el turbio asunto del Yak-42.

 

 

Estas graves acusaciones solo tienen dos posibilidades, o ser falsas, o ser ciertas (excluimos para simplificar las intermedias tales como “falsas salvo por algunas cosas”, o “ciertas salvo por algunas cosas”).

 

 

En el primer caso, lo esperado en un sistema democrático es que los acusados, y muy en especial el Presidente directamente aludido, despejaran inmediatamente todas las dudas, dando explicaciones suficientes, contundentes y creíbles, y se querellaran a continuación con el difamador. Nada de esto se ha producido.

 

 

En el segundo, las cosas son ciertamente más difíciles. O bien se admiten los hechos, se pide perdón a los ciudadanos y a continuación se produce una catarsis en el partido y se renuevan de los puestos dirigentes a todos los implicados, o bien se producen estrategias dilatorias, negacionistas, y camaleónicas, tratando de disfrazar los hechos y de que pase el tiempo y se olviden los problemas.

 

 

Parece que es a esto último a lo que estamos asistiendo, a lo que alguien ha bautizado como “la estrategia del percebe”, que consiste en aferrarse firmemente a la roca por mucho que las olas batan y la tempestad arrecie. La oportunidad de explicarse se está desvaneciendo rápidamente y lo que en consecuencia se instala en la ciudadanía es una convicción cada vez más firme de que los hechos denunciados son ciertos.

 

 

Veamos el retrato de cada uno de los agentes:

 

 

En primer lugar, el Partido Popular. Siguiendo su acendrada disciplina, ha cerrado filas con el líder y ha respaldado con sus votos, hasta en siete ocasiones, que no este comparezca en sede parlamentaria. Da pena ver a dirigentes muy válidos y seguramente no implicados como Soraya Sáenz de Santamaría y Alfonso Alonso, apoyar esta estrategia contraria al más elemental uso democrático.

 

 

El ABC y La Razón participan de este cierre de filas, colocándose al lado del líder y en consecuencia en contra de la dignidad democrática del país. El Mundo en cambio se apunta a la denuncia del líder y a ser soporte privilegiado de las confesiones de Bárcenas, pero me temo que no por sus profundas convicciones democráticas sino porque pretende remover a Rajoy y a su cúpula para sustituirla por alguien más de su agrado, presumiblemente Esperanza Aguirre.

 

 

Nuestro partido ha amenazado con la moción de censura, como el único recurso legal a su alcance para forzar al Presidente a acudir al Parlamento a someterse a las preguntas de los grupos. Es de momento la única iniciativa que preserva la dignidad de las instituciones. Las acusaciones por parte del PP de partidismo y de connivencia con el tesorero forman parte de las estrategias del percebe, del camaleón, o mejor aún del calamar, anteriormente descritas.

 

 

Singularmente ilustrativa es la posición de CIU: confían más en Rajoy que en Bárcenas, y si hay una moción de censura, la apoyarían en función de lo que el programa propuesto ofreciera sobre el “derecho a decidir” de Cataluña. Podría resumirse en: “mira lo que me importa a mi la dignidad de las instituciones” y “¿que hay de lo mío?.

 

 

Izquierda Unida propone que debería haber nuevas elecciones. Desde luego eso sería muy razonable desde el punto de vista democrático, porque cuando el PP sacó su mayoría absoluta estaba encabezado por todas las personas cuya honorabilidad está ahora puesta en duda. Pero una cosa son los deseos y otra la realidad. ¿Qué fuerza legal tiene la oposición para forzar unas elecciones? Aparte de ese deseo, deberían posicionarse al lado del PSOE si al final se lleva a cabo la moción.

 

 

Finalmente, UPyD parece posicionarse al lado del PSOE en defender la dignidad del Parlamento y en forzar la comparecencia de Rajoy mediante la moción de censura, lo cual es de agradecer, y sobre todo es coherente con sus discursos pasados de regeneración moral de la democracia.

 

 

El final de esta historia no está escrito. Hay personas pesimistas que dan por hecho que Rajoy seguirá pese a todo. Hay otras que dicen que no podrá soportar la presión. Pero en realidad el desenlace depende de la respuesta que demos a la pregunta que hacía la entrada anterior de este blog: ¿Cuánto estamos dispuestos a soportar? Sería ideal que, si se diera la moción de censura, los partidos de oposición mostraran un frente unitario en exigir la dimisión de Rajoy, a menos que este diera unas explicaciones profundas y convincentes de que es falso cuanto dice su ex-tesorero. Sería ideal que la prensa abandonara sus estrategias de conveniencia y se comportaran como periodistas democráticos, exigiendo explicaciones y negándose a ruedas de prensa sin preguntas. Y sobre todo, sería ideal que los ciudadanos multiplicáramos las iniciativas (firmas, redes sociales, manifestaciones, etc.) y no cejáramos hasta que la dignidad de nuestra democracia y de nuestro país fuera preservada: quien la haya hecho, que la pague, y de momento que se vaya a su casa y deje de representarnos.

 

 

Ricardo Peña, Secretario General de ASU-PSM

 

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¿Cuánto estamos dispuestos a soportar?

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Hace unos meses, en este mismo blog, hablaba de la “democracia plasmada” (ver https://asupsmpsoe.wordpress.com/2013/04/07/la-democracia-plasmada/) haciendo referencia a los modos y maneras escasamente democráticos del Partido Popular. Pero los acontecimientos recientes en los que el ex-tesorero Bárcenas ha dado por buenos los papeles publicados en Enero por el diario El País, nos han metido en una situación de difícil salida desde el punto de vista democrático.

 

 

El Presidente Rajoy, apoyándose en la mayoría absoluta de su partido, cercena toda posibilidad de dar explicaciones ante el Parlamento y pretende aplicar una vez más su táctica de “enfriar” los problemas, comportándose como si estos no existieran. A los meses de mentiras continuadas por parte de sus portavoces autorizados, la Sra. de Cospedal y el Sr. Floriano, se suma ahora la negativa a salir al paso de tantas irregularidades en las que parece haber vivido su partido en los últimos 20 años: tráfico de influencias, financiación ilegal, sobresueldos incompatibles con sus cargos públicos, fraude fiscal, y todo un rosario de comportamientos ajenos a una mínima mínima decencia moral y política. Es constatable por otra parte que para el Partido Popular la verdad nunca ha sido un valor a preservar: pueden prometer en sus programas cosas que luego no cumplen, o cumplir cosas que nunca prometieron, como la privatización en curso de la sanidad, la subida de impuestos, o el recorte de las pensiones. Pueden decir una cosa en la oposición con total contundencia y su contraria unos meses más tarde, sin que se les mueva una pestaña. Pueden decir que el Sr. Bárcenas es una persona honorable un día y pasar sin transición a llamarle delincuente al día siguiente, si eso es lo que conviene. No parecen darle mayor importancia a estas contradicciones, que pretenden considerar consustanciales al juego político. Pero esta vez las cosas han ido demasiado lejos: o dan, si es que pueden, unas explicaciones satisfactorias a las acusaciones de su ex-tesorero, o deben abandonar sus cargos de representación política.

 

 

Aunque el problema no lo tiene el Partido Popular, o para ser más exactos, su cúpula actual. Esta precisión es importante porque bastantes dirigentes de segundo nivel, y los votantes del partido en las encuestas, ya han dejado traslucir su desagrado con la gestión que está haciendo la cúpula de este y otros casos de corrupción que asolan a su partido. El problema lo tenemos todos los españoles. ¿Hasta cuando hemos de permitir que sigan estos comportamientos? ¿Hasta cuando hemos de soportar que la Sra. Mato, la Sra. de Cospedal, el Sr. Floriano. o el mismísimo Sr. Rajoy sigan en sus puestos? Sus comportamientos pasados podrían quizás no tener trascendencia penal, o tenerla en pequeña medida, pero no es esa la cuestión. La cuestión es que estas personas son respectivamente Presidente y Ministra del Gobierno de España, o portavoces del partido en el Gobierno. Y España, que aspira a ser un país democrático homologable a otros países europeos, no se merece unos gobernantes cuya honorabilidad está de forma tan notoria bajo sospecha. Su presencia en el Gobierno y en el Parlamento degrada estas instituciones, las hace más frágiles y hace que los ciudadanos les den la espalda.

 

 

Permitir que sigan gobernando nos aleja de los países democráticos y nos acerca a las repúblicas bananeras, donde el poder político está corrupto por definición y donde hay que pagar mordidas a las instituciones públicas para que hagan su trabajo. Admitir que nos mientan, o que no asuman sus responsabilidades por lo que son indicios más que evidentes de corrupción, nos degrada como país. Si “tragamos” con esto, estaremos permitiendo que se instale en la vida pública la sensación de que “todo vale”. Y si todo vale en la vida pública, ¿por no ha de valer también en la privada? ¿Por que tendremos que ser honestos con las empresas que nos emplean? ¿por qué tendríamos que pagar los impuestos que nos corresponden? ¿por qué deberíamos cumplir las leyes? ¿por qué no engañar y defraudar como nos enseñan nuestros políticos?

 

 

Ese es el precio que pagaríamos si siguiéramos consintiendo este estado de cosas. Así es como se “berlusconizan” los países. Empezamos admitiendo la mentira y el fraude en los comportamientos públicos, y terminamos admitiéndolos en todas las esferas de la vida. Afortunadamente, son ya muchas las voces que expresan el hartazgo por esta forma de entender la política. Los periodistas no deberían dejar pasar una rueda de prensa sin pedir explicaciones por el asunto Bárcenas, y deberían desaparecer de las comparecencias “plasmadas”. Nuestro partido, como fuerza principal de la oposición, debería pedir esas mismas explicaciones en todas las sesiones de control y negarse, como

 

en mi opinión ha hecho correctamente, a discutir sobre la Ley de Transparencia en estas condiciones. Debemos tejer alianzas con los demás partidos para poner fin a esto. No podemos seguir así. El Partido Popular ha de sentir en su nuca el aliento de la sociedad política y civil. Han de sentir que no estamos dispuestos a consentir por más tiempo ni sus mentiras ni sus silencios. No hemos de dejarles descanso hasta que asuman de una vez sus responsabilidades y renueven a esos dirigentes tan poco dignos del país al que dicen representar.

 

Ricardo Peña, Secretario General de ASU-PSM

 

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