Archivo mensual: enero 2015

Nuestro pato cojo

patocojo

Esta entrada la firmo como militante de ASU, porque no quiero involucrar mi cargo orgánico en la crítica que voy a hacer, en uso de mi libertad de expresión, a “nuestro” candidato a la Comunidad de Madrid. Como siempre, nuestro blog está abierto a cualquier otra opinión, del signo que sea, con tal que vaya firmada y se mantenga en los límites normales de la corrección personal.

Entrecomillo “nuestro” porque, aunque formalmente Tomás Gómez ha sido designado por los cauces establecidos, todos somos conscientes de que dichos cauces eran infranqueables para cualquier candidato alternativo, dados los plazos y la cantidad de avales exigidos. No ha habido tampoco confrontación de ideas con él, porque su participación en dichas primarias fallidas se ha limitado a sentarse en su despacho a esperar que el aparato le trajera los avales requeridos. ¡Bonito modo de ilusionar a la militancia! Podemos decir, pues, que su designación ha sido un “aparatazo”, lo que se compadece mal con los tiempos de regeneración que corren en la sociedad.

Al margen de nuestras cuitas internas, y hacia afuera del partido, Tomás Gómez es lo que los norteamericanos llaman un “pato cojo”, es decir alguien que no tiene posibilidad alguna de ser elegido, y que haga lo que haga, tendrá una incidencia limitada. Aunque este término lo aplican a presidentes en su segundo mandato, bien podemos aplicarlo a nuestro candidato, por las razones que siguen.

Hay dos gruesos sumarios judiciales dando vueltas a su alrededor, en cualquiera de los cuales podría verse involucrado, de un modo u otro, de aquí a las elecciones. Uno de ellos es el de la gestión del tranvía de Parla, que ha dejado unos sobrecostes de más de 100 millones, que tienen asfixiado a dicho ayuntamiento. Los contratos se firmaron cuando Tomás Gómez era alcalde allí. El otro es la trama Púnica de corrupción, que de momento ha imputado a quien era su segundo en esa época, Jose María Fraile, y fue su sucesor en dicha alcaldía cuando Gómez pasó a dirigir el PSM. Insistir en mantenerle como candidato en estas condiciones es un riesgo que corremos todos, porque no podemos anticipar qué evolución tendrán dichos sumarios. En cualquier caso, es claro que la campaña del PP va a hacer uso de todas las informaciones que se conocen de los mismos, o que se conozcan en un futuro. Incluso aunque no llegara a verse involucrado, este contexto del candidato tampoco parece muy ilusionante para los potenciales votantes. Al margen de la penal, hay una responsabilidad política, tanto en la gestión de los contratos, como en la designación de su sucesor.

Añadido a lo anterior, que ya supone un pesado lastre, Tomás Gómez ha encabezado el PSM durante cuatro elecciones de diverso tipo a lo largo de ocho años, una de ellas autonómica. En todas ellas, el PSM ha obtenido al menos cuatro puntos por debajo del PSOE en el conjunto de España. Y ello en una comunidad en la que el desprestigio del PP ha sido exponencial debido a las diversas tramas de corrupción en que están implicados muchos de sus cargos, y a los recortes de los servicios públicos que han protagonizado durante estos años. El PSM no ha rentabilizado este desprestigio. En mi opinión, este mal resultado tiene que ver directamente con su modo de hacer política y con su falta de empatía con los electores. Nadie nace sabiendo ser un líder, ni se le puede pedir que sea simpático, pero ocho años me parece un plazo suficiente como para seguir insistiendo en un candidato al que las urnas han dado sistemáticamente la espalda. Ha tenido su oportunidad y no ha funcionado. No es ningún drama. Ha pasado otras veces, la más reciente con nuestro anterior Secretario General Alfredo Pérez Rubalcaba. Lo prudente, si se pretende ganar, sería cambiar de candidato.

Finalmente, hay un tercer lastre: su relación con los militantes del PSM. Un mal candidato se podría quizás sostener con un partido ilusionado y unido detrás de él. Pero no es el caso. Tomás Gómez ha dejado importantes heridas con sus flagrantes contradicciones entre exigir primarias abiertas para todos, e imponerlas cerradas para él, y con cercenar el proceso para que los posibles candidatos alternativos no tuvieran ninguna oportunidad. No es cuestión de hacer el relato de otros lamentables episodios internos, pero los resumiría diciendo que no es precisamente un dirigente que una, sino más bien que divide. Baste el dato de que durante su mandato el partido ha pasado de 30.000 a 15.000 militantes. Compárese este número con los 37.000 que han participado en las primarias de Izquierda Unida.

En definitiva, estamos en mi opinión ante la crónica de un fracaso anunciado. Y el fracaso no lo será tanto para el candidato, sino para el PSM, para el PSOE en su conjunto dada la importancia de Madrid, para su Secretario General Pedro Sánchez, y sobre todo para los madrileños, a los que estamos privando de una oferta ilusionante que podría gobernar Madrid y revertir las nefastas políticas del PP. En su lugar, permitiremos que otras fuerzas mas impredecibles se conviertan en la lista más votada.

En unos momentos en que deberíamos estar dando la batalla para disputar el espacio electoral a partidos como Podemos y Ganemos, cuya divisa es el cambio y la regeneración de la política, nosotros presentamos a un candidato que es el mismo que ha perdido las elecciones los últimos ocho años, cuestionado por un amplio sector de la militancia, que no conecta con la sociedad, con una dudosa trayectoria de gestión pública, y que corre el riesgo de ser señalado por la justicia. ¿Nos hemos vuelto locos?

¡Ojala estemos todavía a tiempo de rectificar! Si no es así, nadie podrá decir que no se esperaba el resultado.

Ricardo Peña, militante de ASU-PSM

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