Cuando la izquierda hace el juego a la derecha

pinza

Esta semana que entra va a ser políticamente muy intensa, y dependiendo del curso de los acontecimientos, muchas máscaras pueden caer y nada será igual después del día 5.

Me preocupa especialmente la deriva de IU y de Compromís, a los que desde esta tribuna he calificado como “fuerzas razonables”, pero que parecen dispuestas a fecha de hoy a hacer el juego al populismo de los dirigentes de Podemos. Me vienen a la memoria mis lecturas de juventud sobre Lenin y Mao Zedong, que los dirigentes de esas fuerzas deben de conocer perfectamente. Una de las enseñanzas que se desprenden de dichas lecturas es que en toda coyuntura política, si la izquierda quiere que ésta se resuelva en un sentido progresista, ha de tener muy claro quién es el “enemigo principal” (en democracia diríamos el “adversario principal”) y quiénes los secundarios. Así, cuando en 1931 en plena revolución, China fue invadida por Japón, Mao no dudó en aliarse con su enemigo Chiang Kai-shek para expulsar a los japoneses. Una vez acabada esa guerra, volvieron a enfrentarse con él y pudieron culminar la revolución. Si hubieran elegido otro camino, nunca hubieran triunfado. Otro ejemplo mas cercano es la renuncia del PCE de Santiago Carrillo a la bandera republicana y su aceptación pública de la Monarquía, en los inciertos primeros momentos de la Transición. El PCE comprendió perfectamente que el adversario principal no era el Rey, sino el franquismo. Querer a la vez la república y la democracia hubiera supuesto muy probablemente no alcanzar ninguna de las dos.

Los dirigentes de IU y Compromís parecen haber hecho una lectura incorrecta del 20-D. El resultado electoral arrojó un 44% de votos y 163 diputados para la derecha y un 46% y 161 diputados para la izquierda. Deducir de ello que debe gobernar la izquierda, buscando el apoyo activo o pasivo de fuerzas tan “revolucionarias” como Democracia y Libertad (es decir la burguesía catalana apuntada a la independencia en el último cuarto de hora por puro oportunismo), y Esquerra Republicana (el populismo e independentismo en estado puros), es un grave error de estrategia. Como consecuencia de este análisis, todo su esfuerzo parece centrado en “sacar al PSOE de su error” y pedirle que abandone el acuerdo con Ciudadanos para hacer con ellos y Podemos un “verdadero gobierno progresista”. Tampoco parecen contar con la dinámica propia de DL y ERC, que votarían no a tal gobierno, salvo que se les garantizara un referendum en Cataluña. Aunque fuera posible in extremis una investidura, los votos no serían suficientes para gobernar. Un gobierno tal es una quimera, un sueño izquierdista que no responde al voto expresado el 20-D. Desde luego el PSOE no vamos a entrar en ese callejón sin salida.

Y cuando la izquierda comete errores izquierdistas, quien se beneficia es la derecha. No entender que el adversario principal en estos momentos es el PP y que el objetivo de la izquierda debería ser desalojarle del poder y revertir sus nefastas políticas austericidas, es contribuir a que siga en el mismo. Porque nadie tiene asegurado qué puede pasar si el día 5 esa izquierda vota contra la investidura de Pedro Sánchez. Puede ocurrir que Ciudadanos se desentienda del PSOE y solo corteje al PP; puede ocurrir que el Rey no vuelva a ofrecer la investidura a Sánchez; y puede ocurrir que haya nuevas elecciones y que en ellas suba la derecha, a la vista del miedo que el comportamiento errático de Podemos ha despertado en muchos votantes. En definitiva, una lectura incorrecta y un exceso de izquierdismo, favorecería la continuidad del PP. Por quererlo todo, podríamos a la postre no tener nada. Ese error ya lo ha cometido IU varias veces, como cuando Anguita decidió que el adversario principal era el PSOE y apoyó a Aznar, o como cuando en Extremadura IU apoyó a Monago frente al candidato del PSOE. IU debería saber ya que una pinza con el PP votando al unísono contra el PSOE, nunca trae buenas consecuencias para los ciudadanos. Porque no olvidemos que el objetivo de fondo no es favorecer las estrategias de uno u otro partido, sino atender de una vez a los problemas de los ciudadanos, en especial a los de aquellos que esta crisis ha dejado en la cuneta.

Que el programa acordado por Ciudadanos y PSOE no es un programa netamente de izquierdas, nadie lo niega. ¿Que no es el programa que acordarían el PSOE, IU, Compromís y Podemos? por supuesto que no lo es. Pero es que las elecciones no las ha ganado la izquierda. El voto ciudadano ha dejado las cosas de tal manera que solo es posible un gobierno apoyado en al menos tres de las cuatro fuerzas principales. Y el programa refleja justamente esa correlación de fuerzas. No propone todas las reformas que apoyaría la izquierda, cierto, pero es difícil estar en contra de una sola de las 200 medidas que se proponen. ¿Que nos gustaría más gasto social, o subir mas el salario mínimo, o hacer una reforma laboral más profunda que la que plantea el documento? por supuesto que si. Pero es que es el resultado de un pacto con un partido liberal. La cuestión que deben plantearse las fuerzas de izquierda es si hay o no en él suficientes reformas progresistas como para que merezca la pena echar a andar ese gobierno. Y en sentido contrario, si tumbar esa posibilidad nos acerca a una salida más progresista, o nos acerca a todo lo contrario.

¿Y como encaja en este análisis Podemos? Por desgracia, aquí el problema es distinto. Podemos no es un partido de izquierdas, si bien la inmensa mayoría de sus votantes desearían que el PP no siguiera gobernando. Podemos es un partido que supo aprovechar la indignación del 15-M, producto de la crisis, y eligió un discurso, el de “el pueblo contra la casta”, que cayó en el lugar apropiado en el momento apropiado. Podemos es un partido populista, y como tal se nutre de simplificar los mensajes y de dicotomizar el espacio político; de plantear la confrontación política como “ellos contra nosotros”, mensaje en el que se da por supuesto que “nosotros” somos moralmente superiores a “ellos”. Su única aspiración es ocupar el poder lo antes posible, manipulando para ello el discurso todo lo que estimen oportuno. Por eso, la actuación de sus dirigentes ha de entenderse como un puro teatro: cada mañana deciden el discurso que mas conviene a sus intereses. Y no les importa decir un día una cosa y otro la contraria. Los partidos populistas saben que la memoria del pueblo no es mucha y que un mensaje bien elegido tapa perfectamente el anterior. Solo si se ponen en perspectiva todos ellos se aprecia la contradicción. Así, un día dijeron que el referendum catalán era una línea roja; un poco más tarde que no lo era; inmediatamente después, que querían ser vicepresidentes de un gobierno socialista; más adelante, que solo negociarían si dejábamos de hablar con Ciudadanos; una semana más tarde aceptaban sentarse a negociar a pesar de las conversaciones con aquellos; para 48 horas mas tarde levantarse “indignados” porque el programa pactado era de derechas. Ahora el discurso es que después del día 5 estarían dispuestos a negociar, previa renuncia a ese programa. En definitiva, su cálculo siempre ha sido tratar de hundir al PSOE para sobrepasarlo en unas nuevas elecciones. Y lo que hacen es el teatro imprescindible para sacudirse de encima el coste de una nueva convocatoria. Lo que parece increíble es que IU y Compromís se presten a este juego.

La estrategia para doblegar a los dirigentes de Podemos ha de ser otra. Es inútil apelar a sus principios, porque no los tienen. Ni a sus compromisos con los votantes, porque para ellos estos son un mero instrumento. Lo único que les puede mover es enfrentarlos al abismo de su desaparición. Hay que desmontar pieza a pieza su teatro y hacerles aparecer, como acertadamente está haciendo nuestro partido, como cómplices de la derecha. Se trataría de aislarles para que se les perciba nítidamente como los únicos culpables de unas posibles nuevas elecciones. Pero para ello, se necesita la colaboración de toda la izquierda. IU y Compromís no pueden ser la coartada que de alas a la estrategia populista. ¡Ojo!, también a ellos puede pasarles factura.

Ricardo Peña

Secretario General de ASU-PSOE-M

 

 

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2 comentarios

Archivado bajo universidad

2 Respuestas a “Cuando la izquierda hace el juego a la derecha

  1. Felipe

    Muy buen análisis. Esperemos que se cumplan las previsiones y los responsables acaben inclinándose a la izquierda

  2. Pingback: Cuando la izquierda hace el juego a la derecha | Boletín Informativo de la Sanidad Pública

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