¿Qué pacto?

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Estamos ya en el momento de la verdad, cuya llegada pronosticaba yo como inminente en una entrada anterior. Rajoy ha constatado que está solo y que nadie va a tender un cable a su partido. Nada más razonable después de la forma despótica en que han gobernado en los años de su mandato, del sufrimiento que han causado a la mayoría de los ciudadanos con sus medidas austericidas, y de la interminable corrupción que afecta a sus cúpulas dirigentes. El Rey ha encargado a nuestro Secretario General Pedro Sánchez formar gobierno y éste ha comenzado ya las negociaciones con los diferentes grupos. ¿Qué va a pasar?

Por lo pronto, se van clarificando algunas posturas: Ciudadanos ha tomado una vía pragmática y con visión de Estado y está dispuesto a explorar las posibilidades de un programa común de legislatura con el PSOE. Insiste en incorporar de algún modo al PP, buscando como mínimo su abstención, lo cual es lógico desde su punto de vista como partido de centro derecha, pero en modo alguno desde el nuestro, donde hay unanimidad en que el PP debe pasar a la oposición. Primeramente, porque todos los partidos, incluido Ciudadanos, pedimos a gritos reformas en casi todos los ámbitos, conscientes de que estamos en un final de ciclo y de que no reformar sería equivalente a permitir graves fracturas territoriales y sociales, y a que entrásemos en una espiral convulsiva que no sabemos dónde podría llevarnos. Frente a esto, el PP solo ofrece inmovilismo y continuidad en sus políticas. Pero también porque este PP debe renovar sus cúpulas por completo. Debe limpiarse de tanta corrupción y tomar una actitud decidida de no permitirla en el futuro. Sus militantes y votantes no pueden vivir permanentemente avergonzados, ni el resto de los ciudadanos permanentemente indignados. Y esa limpieza solo pueden hacerla en la oposición.

La cúpula de Podemos ya va enseñando la patita de lobo por debajo de la piel de cordero. Han tratado de obstaculizar las negociaciones, votando junto al PP en la mesa del Congreso, para que sólo se le concedieran dos semanas a Pedro Sánchez (por cierto, aguda visión la del partido al insistir en tener un presidente del Congreso del PSOE; en otro caso, hubiéramos perdido esta batalla). Pero después han roto las negociaciones con él, al fracasar su intento de imponer un pacto exclusivo entre PSOE, Podemos e IU. Su estrategia es clara: pedir lo imposible, de forma que si se les diese tendrían asegurada la destrucción de su rival (¿alguien se quiere imaginar lo que podría hacer Iglesias Turrión en un Gobierno?), y si no se les diese, siempre podrían vender a su electorado que la culpa ha sido del otro. Porque veamos, ¿es factible aritméticamente tal pacto?

Ese frente de izquierdas sumaría 161 diputados y tendría enfrente con seguridad a PP y Ciudadanos, que suman 163. No sería razonable esperar que PNV(6) y CC(1) se unieran a esa aventura y a lo sumo se abstendrían. Por tanto, entre los restantes 19 diputados habría que buscar al menos 3 a favor y la abstención del resto. Pero esos 19 votos corresponden a formaciones abiertamente independentistas: ERC(9), DL(8) y EH-Bildu(2). Lo que propone en definitiva Iglesias Turrión es que la investidura y el futuro gobierno los pongamos en manos de los que tienen como programa separarse de España. Además de violentar nuestras mas profundas convicciones, lo que nos está pidiendo es directamente el suicidio. ¿Es tonto el Sr. Iglesias? En modo alguno, está simplemente haciendo su futura campaña electoral.

Por tanto, ¿que posibilidades tiene un pacto de investidura que permita arrancar el periodo de reformas que el país necesita? Porque, aquí no nos jugamos el liderazgo de Pedro Sánchez, ni que el PSOE gobierne. Esos factores están presentes, pero no son los fundamentales. Lo mas relevante es que si no se formara, se perdería una gran oportunidad, que no sabemos si volvería a ser posible tras unas nuevas elecciones: la oportunidad de regenerar las instituciones de este país, desgastadas después de treinta años y muy dañadas como consecuencia de la crisis y la corrupción; la oportunidad de regenerar el tejido productivo y de sentar las bases de una economía competitiva, basada en el conocimiento y capaz de crear los buenos empleos que necesitamos; la oportunidad de hacer una reforma fiscal donde paguen todos los que hoy no lo hacen, y los que no lo hacen en la cuantía que deberían; la oportunidad de combatir la pobreza y la desigualdad que ha creado la crisis, y de atender a los muchos que han quedado en la cuneta; la oportunidad, en fin, de reformar nuestra Constitución y de mejorar el encaje de las nacionalidades y regiones que conforman nuestro país.

Las posibilidades de ese pacto existen, pero van a exigir mucho trabajo y un milagro final. Con un buen trabajo de los negociadores, yo creo que se podría llegar a conseguir el apoyo de las que denominaré las fuerzas razonables, es decir de aquellas fuerzas interesadas en que arranque la legislatura y en que se pueda empezar el programa de reformas. Incluyo en ellas a Ciudadanos(40), IU(2), PNV(6), CC(1), Compromís(4), e incluso a algunos diputados integrados en En Marea y en En Comú Podem y que no son de Podemos. Con ello se podrían conseguir entre 143 y 150 votos a favor. Enfrente tendríamos a las fuerzas no razonables, es decir a las interesadas en que no se forme gobierno: PP, ERC, DL y EH-Bildu, que suman 142 noes.

La llave del milagro la tendrían los diputados de Podemos (entre 58 y 65 diputados, si se excluye de los 69 iniciales a los que he llamado razonables). Si decidieran votar en contra, sumarían mayoría absoluta con los no razonables e iríamos a nuevas elecciones. Si decidieran abstenerse, podría arrancar la legislatura.

En todo lo que llevo escrito, me he referido a la cúpula de Podemos y al Sr. Iglesias Turrión, y no a Podemos como fuerza política. Porque el meollo del milagro es justamente ese, que la cúpula no está actuando a favor de los intereses de sus votantes y militantes, sino mas bien a favor de los suyos propios, y que se puede poner a dicha cúpula entre la espada y la pared. El único lenguaje al que parecen ser sensibles es al del número de votos que podrían ganar o perder en unas futuras elecciones. Los que han depositado su confianza en Podemos lo han hecho porque creyeron en su discurso de regeneración política y de rescate social. Ellos si estarían muy interesados en que hubiera un gobierno reformista y en que Podemos lo apoyara. Es más, desearían que Podemos participara en las negociaciones de dicho programa de reformas para que pudiera influir en él. Por tanto, deberíamos conformar y ofrecer a la sociedad española y a Podemos un programa que muchos de sus votantes pudieran apoyar. Ello no es difícil en materia de regeneración política, de lucha contra la pobreza, y de defensa del estado del bienestar, materias en las que coinciden todas las fuerzas que he llamado razonables. Es algo más difícil en los temas económicos y laborales, en los hay más divergencias. La cúpula de Podemos tendría entonces que elegir entre dar satisfacción a sus votantes y permitir que se pudiera poner en marcha el programa, o no darles satisfacción, y además de ganarse el estigma de votar junto al PP, arriesgarse a quedar como los culpables de embarcar al país en unas nuevas elecciones, con lo que ello conllevaría de prolongar el gobierno en funciones del PP, aumentar las incertidumbres de la economía y retrasar varios meses los cambios que el país necesita. En ese caso, tal vez muchos de sus votantes les darían la espalda, el momento de gloria de Podemos habría pasado para siempre, y nunca más volverían a incidir decisivamente en la política española. Ese temor ese el único que podría obrar el milagro final. Preveo que cuando se acerquen los días de la investidura, las encuestas van a jugar un papel muy importante.

Ricardo Peña

Secretario General de ASU-PSOE-M

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1 comentario

Archivado bajo universidad

Una respuesta a “¿Qué pacto?

  1. Yolanda

    Tu clasificación de las fuerzas políticas en “razonables” (las que se acercan a tu ideología) y las “no razonables” (las contrarias) demuestra tu talante.

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