¿Es la hora de los zorros?

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Los políticos acceden a la vida pública con un crédito ligeramente positivo de respeto y credibilidad por parte de los ciudadanos: al fin y al cabo, no se puede juzgar a nadie antes de verle actuar. A medida que toman decisiones y se posicionan ante los problemas, ese crédito puede aumentar o disminuir. Algunos consiguen salir de la vida pública con un respeto acrecentado, incluso por parte de los que fueron sus adversarios políticos, como ha sido el caso de Felipe González. Pero si cometen errores de bulto, entonces pierden el respeto de golpe y ya no pueden recuperarlo.

Por ejemplo, la gloriosa actuación de De Cospedal cuando estalló el asunto Bárcenas, sobre el “finiquito en diferido en forma de simulación”, la convirtió de golpe en un personaje irrelevante de la política española. A partir de ahí, se hizo muy difícil que nadie tomara en serio sus palabras. Yo al menos, cuando la veo aparecer ocasionalmente en televisión, a la vez que suprimo el sonido, la miro como el que mira a un ser del más allá. Me da igual lo que diga: o bien será una maldad, o una mentira, o una descalificación; en todos los casos, algo totalmente previsible y sin el menor interés intelectual.

El famoso WhatsApp “lo entendemos Luis, sé fuerte” de Rajoy a su tesorero, después de saltar la noticia de sus cuarenta millones en Suiza, convirtió de golpe al primero en un cadáver político, si bien es cierto que le está costando más de dos años asumir esa condición. Su última “jugada maestra” de renunciar-sin-renunciar a someterse a la investidura, demuestra de nuevo la ínfima calidad del personaje, al que solo guía un principio: sobrevivir. Su supuesta astucia es la astucia del zorro que mira por su supervivencia. Cualquier atisbo de cuidar el prestigio de la institución que representa, o de la que representa el Rey, o de cuidar siquiera los intereses de su propio partido, están ausentes en su cálculo. Su único objetivo es intentar que se abrase su rival Pedro Sánchez y poder sobrevivir él. Hemos visto ya despliegues similares de astucia por sobrevivir en el denostado Artur Mas, con el resultado final que todos conocemos.

El segundo zorro de la política en esta hora difícil es el líder de Podemos, Pablo Iglesias, el cual está quemando su credibilidad a pasos agigantados, no solo ante el resto de la sociedad española, sino también ante sus propios votantes. Su “jugada maestra”, propia de trileros, ha consistido en hacer una oferta envenenada a modo de torpedo dirigido a la línea de flotación del PSOE. En su cálculo, se trata de lo que se conoce como una oferta win-win: tanto si es aceptada como si es rechazada, el resultado sería una ganancia para sus intereses. En su análisis, en el PSOE coexisten dos almas, una más conservadora, a la que aterra un pacto con su partido, y otra más progresista que sí estaría interesada en gobernar con su apoyo. La oferta, y sobre todo la puesta en escena, con una ausencia de aviso previo, una actitud condescendiente y “perdonavidas” hacia el PSOE y su Secretario General, y unas exigencias de sillones totalmente prematuras y descabelladas, está dirigida a sembrar la división y el desconcierto. Realmente, esta ha sido una actitud constante de él y de su cúpula desde el día siguiente de las elecciones, trazando desde el principio unas líneas rojas inaceptables, poniendo en cuestión el liderazgo de Pedro Sánchez, exigiendo ventajas imposibles en la creación de los grupos parlamentarios, insultando un día y tendiendo la mano el siguiente, y en definitiva tratando de descolocar y dividir a su adversario principal, que somos nosotros.

Debemos plantearnos si merece la pena pactar con un partido cuya cúpula se comporta de un modo tan impropio y tan alejado del discurso que “vendieron” a sus electores. Prometieron la regeneración y el rescate social, y muchas personas les votaron de buena fe en base a ese discurso. Pero, una vez se han visto investidos de poder, lo están utilizando para otro propósito bien distinto. Su objetivo indisimulado es hundir al PSOE y ocupar su espacio. Su abrazo es el abrazo del oso. Su discurso regenerador y social, y los gestos teatrales en los que son expertos, constituyen simples medios, en su visión estratégica, al servicio de ese fin. Pactar con ellos se me asemeja a pactar con una serpiente de cascabel. Mientras uno está pendiente de que la boca no te muerda, ella se está enroscando en tu cuello impidiéndote respirar, a la vez que te está golpeando con el cascabel en la cabeza. ¿Qué puede resultar de un pacto así?

Por eso, en mi opinión tal vez deberíamos dar un paso atrás, al menos por un tiempo, y tratar de buscar unos socios más fiables, que no pueden ser otros que Ciudadanos e IU. Quizás el programa que es posible acordar con ellos no será tan reformista como nos gustaría, pero al menos se podrá hablar sin la tensión de temer ser apuñalados por la espalda en cualquier momento, y podríamos ofrecer una alternativa de progreso al bloqueo actual. Una vez acordado el programa, Podemos tendrá la opción de votar en contra de la investidura junto con el PP, o de abstenerse para que pueda empezar la legislatura. Es de suponer que no todos los parlamentarios de esa formación sean tan adictos a Juego de tronos como lo son sus jefes, y puestos en esa disyuntiva tal vez opten por permitir la investidura. De este modo, además les devolveríamos la jugada, introduciendo una cuña entre lo que desean sus electores y muchos de sus parlamentarios, y lo que pretende la reducida cúpula que toma las decisiones. Salvada la investidura, lo que viene después es en cierto modo más sencillo, porque el protagonismo lo tendrá fundamentalmente el Parlamento, y habrá que pactar cada ley antes de someterla a votación.

Pero para que esta, o cualquier otra estrategia, lleguen a buen fin, no deberíamos hacerles el juego y dividirnos entre nosotros. Háganse los comités federales que sean necesarios, debátanse y consensúense cuáles son las mejores opciones para el país y para el partido en esta hora ciertamente complicada. Pero la desconfianza hacia el Secretario General, o la rivalidad con él, no ayudan en nada, y deberían en mi opinión estar completamente ausentes. La batalla ya es bastante difícil para que nosotros nos empeñemos en complicarla mas.

Ricardo Peña

Secretario General de ASU-PSOE-M

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4 comentarios

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4 Respuestas a “¿Es la hora de los zorros?

  1. Felipe

    De acuerdo. No se puede aceptar a un Politburó del CC del P… proponiendo alianzas que solo en modo de hacerlas resultan no solo increíbles sino dañinas… Lo único que me preocupa, y carezco de información para responder, es si, a pesar de lo que expones, el SG no haya quedado seriamente tocado y para esa política de alianzas que sugieres no sería mejor otro y otro equipo (que lo hay, no tiene que se improvisado).

  2. José Jesús de Bustos Tovar

    Tu diagnóstico me parece acertado… pero incompleto. Desgraciadamente, la actuación del Secretario General del PSOE no ha sido especialmente acertada desde el escrutinio electoral. Anunciar inmediatamente después que se presentaría a la reelección, me parece de una falta de ética intolerable. Lo menos que podía haber hecho era haber ofrecido su dimisión a la Comisión Ejecutiva del Partido. Lo mismo puede decirse de su negativa a hablar con todos los partidos no separatistas. Ni en la vida ni en la política caben los maniqueísmos; sí las discrepancias y, por tanto, la necesidad de pactos entre partidos que aceptan la Constitución como marco de convivencia. Otra cosa es que se postule su reforma, pero no se puede olvidar que para iniciar este proceso hay que contar con una mayoría cualificada; por tanto habrá que contar también con los “malos”, aunque sean de derechas y nos repugnen ideológicamente.
    El asunto de Podemos es otro cantar. Aparte de su conducta cínica, tal como revela la variabilidad de su discurso según la ocasión, parece olvidarse cuál es la raíz profunda de su ideología y de su táctica política. Se trata de un pseudopartido que intenta como único objetivo alzarse con el poder, utilizando los mecanismos y las aparentes debilidades del sistema democrático (el sistema no es débil, lo son muchos de los políticos, gobernantes o no, que dicen servirlo). Si la “salvación” o el “cambio” va a consistir en ponerse en manos de un neoleninismo populista, que intenta sustituir al PSOE para destruir la socialdemocracia, más vale ir a unas nuevas elecciones.
    Por otro lado, la postura tanto de Podemos como de IU, más la de otros grupos regionales o locales que defienden la celebración de “referenda” en todos los territorio que lo deseen, es disparatada e interesada. No sólo es que ésta sea una propuesta inconstitucional, es que se trata de una solución destructiva. ¿Vamos a volver al cantonalismo? ¿A eso le llaman progresismo? (ésta parece ser una palabra que vale para todo).
    Desde luego, es plausible el llamamiento a la unidad que tú haces, pero no a costa de traspasar ciertos límites, que no contribuiría sino a empeorar la situación. Aunque mi opinión sea eso, una opinión individual y, por tanto sin otro valor, sí anuncio, por lealtad a mis compañeros, con los que he compartido con asiduidad la asistencia a las reuniones de la ASU, que mi pertenencia al PSOE es incompatible con cualquier pacto con partidos que no actúen en el marco estrictamente constitucional. A partir de ahí se pueden hacer las reformas que deseen la mayoría de los españoles.
    José Jesús de Bustos

  3. Queridos compañeros. Mis opiniones positivas o negativas sobre nuestro Secretario General prefiero reservarlas para cuando sea el momento y el lugar. Como he dicho en otra entrada, no me parece que ayude mucho cuestionar al líder en mitad de la batalla. Pedro Sánchez fue elegido mediante un proceso democráticamente impecable, y para mi es el que conduce el proceso. Me gustaría que las críticas de los barones se hicieran dentro del comité federal, que debatieran hasta la extenuación, y que a la salida todos dijeran lo mismo. Si cada uno intenta influir en la política del partido desde su baronía, esto se parecerá cada vez más a una jaula de grillos. Y lo mas importante, nos debilita frente a los adversarios, que por lo que se ve son bastantes y están dispuestos a explotar a fondo nuestras debilidades. Así, al menos, entiendo yo la lealtad al partido.
    Ricardo Peña

  4. Me han encantado tanto el post como las respuestas. Sólo una precisión formal: una solución o acuerdo “win-win” es aquel que beneficia a ambas partes, no aquel en el que pase lo que pase gana siempre la misma parte.

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