Perplejidad

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Desayuno la mañana del martes 29 de diciembre con las reseñas de los periódicos y de las tertulias de radio sobre el Comité Federal de nuestro partido celebrado el lunes 28, y no consigo salir de mi asombro. En unos momentos críticos para la historia de nuestro país, en los que deberíamos estar inmersos en discernir cómo encontrar una salida progresista al rompecabezas que han dejado los resultados electorales, parece ser que el problema central de dicha reunión ha sido el enfrentamiento entre dos sectores del partido. Dicho en palabras llanas, entre los que quieren moverle la silla a Pedro Sánchez y los que defienden que no es el momento. Es cierto que los medios son propensos a incidir en estas cuestiones internas y a magnificar cualquier atisbo de disensión en el PSOE, pero en esta ocasión parece haber suficientes datos objetivos a juzgar por las declaraciones literales de varios dirigentes.

Como militante, no puedo sino expresar mi perplejidad y mi protesta por este estado de cosas. En lugar de que los temas del día sean el aislamiento del PP y su incapacidad para formar gobierno, o el enrocamiento de Podemos y su línea roja, la del referendum en Cataluña, que nunca fue prioritaria en su programa electoral, o los pocos segundos que mediaron entre el magro resultado electoral de Ciudadanos y su puesta incondicional al servicio de un gobierno del PP, hemos conseguido que las primeras planas y los editoriales estén dedicados a la crisis interna del PSOE y al cuestionamiento de su líder. ¿Cabe mayor equivocación?

Vayamos por partes. En primer lugar, todo militante y dirigente tienen derecho a no gustarles nuestro Secretario General y a desear su sustitución, pero el momento de pedirle cuentas no es ahora. Cuando llegue ese momento, se le podrá criticar y se podrán presentar candidatos alternativos, pero ahora deberíamos estar a otra cosa. Imaginemos al espartano Leónidas marchando a enfrentarse en las Termópilas con el ejército de Jerjes, veinte veces superior en número, y a los espartanos cuestionando su liderazgo en lugar de haciendo piña con él. No parece muy útil a la causa helena, ¿verdad? Pues esa es exactamente la situación: todas las miradas del país se dirigen con razón hacia el PSOE, porque ante la incapacidad del PP para recabar apoyos suficientes, somos la pieza clave para cualquier solución de gobierno. Y en lugar de tejer alianzas o programas mínimos que se puedan pactar con las otras dos fuerzas, Podemos y Ciudadanos, que han hecho del cambio su lema de campaña, nos dedicamos a enseñarnos los dientes entre nosotros. Muy poco edificante, y sobre todo muy poco útil para los intereses de los españoles.

Porque la batalla que tenemos delante es muy difícil, y las fuerzas que tenemos enfrente muy poderosas. Desde Europa y desde los círculos afines al PP y al Ibex 35 se nos presiona duramente y se apela cínicamente a nuestro “sentido de la responsabilidad” para que nos pleguemos a la gran coalición, o a permitir un gobierno del PP en minoría. Desde Ciudadanos se nos urge en la misma dirección. Desde Podemos, se emplea el regate corto, el oportunismo y el tacticismo para debilitar a nuestro líder y para incidir en nuestras disensiones internas. Porque el objetivo actual de los líderes de Podemos no es atender a las demandas de sus votantes tejiendo un acuerdo para un rescate social, o para poner en marcha medidas de regeneración política, que eran la esencia de su programa. No, lo que pretenden sus dirigentes es ocupar el espacio del PSOE a toda costa, incluso a costa de nuevas elecciones.

El Comité Federal también ha puesto en este sentido, y a mi juicio, límites excesivos a la Ejecutiva para que pueda llegar a acuerdos con otras fuerzas. Me parece de una cierta ingenuidad, en relación con el derecho a decidir exigido por Podemos, pedir que “la renuncia a esos planteamientos es una condición indispensable para que el PSOE inicie un diálogo con el resto de formaciones políticas”. Ninguna fuerza política puede exigir a otra que renuncie a sus planteamientos o a sus convicciones, por muy equivocadas que nos parezcan. Sí podrá exigir, en cambio, que dichos planteamientos no formen parte de un pacto con el PSOE. La redacción elegida puede ser simplemente una cuestión táctica, pero también puede interpretarse como una traba encaminada a hacer fracasar cualquier intento de negociación. Si es así, entonces lo que se estaría pidiendo serían nuevas elecciones. En mi opinión, ese no debería ser nuestro deseo, porque unas elecciones solo podrán arrojar resultados similares a los actuales, o incluso más polarizados aún, con un ascenso del PP y de Podemos y una disminución de las fuerzas más al centro. Si hay nuevas elecciones, debería ser a causa del enrocamiento de otros, pero no del nuestro. Ya sabemos que Podemos (no sus votantes, los cuales merecen todo nuestro respeto) es un partido muy poco de fiar y que cualquier acuerdo con ellos ha de ser muy cauteloso y estar muy bien atado (véase a este respecto el artículo de Francesc de Carreras en El País del 23.12.15). Pero es lo que los ciudadanos han elegido. Y lo han elegido porque se han fiado de su discurso de regeneración y de rescate social. Es a esos ciudadanos, y no a los líderes de Podemos, a los que debemos dar una respuesta. Y por eso creo que deberíamos hacer esfuerzos por acordar esos aspectos en un programa de mínimos. Más aún, creo que también deberíamos buscar que ese acuerdo de mínimos fuera suscrito por Ciudadanos. Porque su programa también habla de regeneración política y de medidas de rescate social. Deberíamos poner a estos partidos ante sus propios programas, y exigirles que sean fieles a ellos antes que a los intereses de poder de sus dirigentes.

Quizás la solución al rompecabezas sea esa, acordar una legislatura corta, centrada en intensas reformas acordadas en un programa de mínimos, e ir después a nuevas elecciones. Esas reformas incluirían una revisión constitucional que necesariamente habría de ser pactada con todos los grandes partidos, incluido el PP. Esa sí sería una salida progresista al bloqueo actual y probablemente es la que desearía la inmensa mayoría de los ciudadanos. ¿Por qué no intentarlo?

Ricardo Peña

Secretario General de ASU-PSOE-M

 

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5 comentarios

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5 Respuestas a “Perplejidad

  1. La ASU (Agrupación Socialista Universitaria) nació en la década de 1950, en plena lucha antifranquista. Subsiste todavía ahora, amparada por unas desconocidas páginas de la web del PSOE.
    Si sus opiniones siguen la línea del artículo que escribe su Secretario General, esa permanencia merece la pena y las ideas que expone deben ser consideradas por ese PSOE en decadencia en el que si quiere evitarla, debería haber un cambio, no solo generacional, sino también de planteamientos políticos.

  2. Felipe

    Yo me sumo al comentario de Ricardo Peña sobre la inoportunidad de demandar cambios internos y no enfrentarse y afrontar juntos la tarea de intentar construir una alternativa a la/s candidaturas del PP al próximo gobierno.

  3. Manuel Montenegro

    En mi caso, más que perplejidad, ha sido indignación. Tras un período de indecisión, fui llamado por el voto útil y decidí votar al PSOE. Ya me arrepiento de mi decisión tras conocer las noticias de ayer.

    Son muchos errores de estrategia los que lleva acumulando el PSOE. Ya en campaña, Sánchez no sólo se centraba en atraer a un conjunto (apenas existente, a estas alturas) de indecisos entre PSOE y PP, sino que ha tratado con desdén a las fuerzas políticas emergentes afirmando que “compiten por la medalla de bronce”.

    Incluso con los resultados electorales en la mano, los errores politicos siguen acumulándose. El PSOE mantiene, siguiendo su línea desdeñosa, que es el líder del cambio. Afirmación técnicamente cierta, pero demasiado aventurada teniendo en cuenta la escasa ventaja (1,35%) con respecto a Podemos, y el casi millón de votos que ha obtenido Unidad Popular (IU). Ya sólo con una confluencia entre Podemos e IU la situación se invertiría en caso de repetición de elecciones.

    En cambio, la estrategia política de Podemos ha sido más acertada. Podemos no aspira a robar ningún votante más del PP. Si el objetivo de Podemos es gobernar, el primer paso es convertirse en la fuerza hegemónica de la izquierda en España. Por tanto, Pablo Iglesias siempre ha tenido claro que su enemigo es el PSOE, no el PP. De ahí su insistencia en mantener un debate cara a cara con Sánchez.

    En el caso en el que PSOE y Podemos tuviesen que negociar, el periodista Ignacio Escolar afirma que saldría peor parado el partido que antes se levantase de la mesa de negociaciones. La exigencia, por parte de Podemos, de una consulta sobre el futuro de Cataluña no responde más que a una invitación al PSOE para que ni siquiera se siente a la mesa. Coincido contigo que es una exigencia poco prioritaria en Podemos, pero como excusa le viene como anillo al dedo. El hecho de que Podemos haya mostrado sus cartas antes que su adversario le servirá al primero para aparentar, a ojos de sus electores, la voluntad de acuerdo, cuando en realidad tal voluntad no existe. ¿Qué voluntad tiene Podemos de negociar cuando la ausencia de acuerdo le beneficia en caso de repetir las elecciones?.

    Las inoportunas luchas internas del PSOE no son más que otro torpe paso en la desafortunada estrategia de este partido, que no termina de mostrar ninguna señal de renovación. Tampoco ayuda la denominación tan vernácula y casposa de “barón del PSOE” utilizada por los medios de comunicación. Al PSOE le espera un merecido proceso de pasokicación en los próximos años.

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