Primeras reflexiones

sudoku

Tras el resultado electoral de las elecciones generales del 20-D, son muchas las reflexiones que caben hacerse en un primer momento, sin perjuicio de análisis posteriores más sosegados.

En primer lugar, y quizás lo más relevante, está el deslizamiento general de los electores hacia la izquierda. Los partidos del centro y la derecha (PP, UPyD y FAC) sumaron el 49,74 % de los votos en 2011, mientras que ahora suman (PP, Cs, UPyD) el 43,26%, es decir, 6,5 puntos menos. El bloque de izquierda (PSOE, IU, Compromis) sumó en cambio el 36,19% de los votos en 2011, mientras que ahora alcanza (PSOE, Podemos, UP-IU) el 46,35%, es decir 10 puntos más. Los partidos nacionalistas y regionales han perdido también 2 puntos, desde el 9,45% en 2011 al 7,44% en 2015 (fuente: El PAÍS, 21.12.14). Ello ha de interpretarse como un hartazgo hacia las políticas de austeridad y recortes, y hacia la corrupción, así como un rechazo a las deficiencias de nuestro sistema institucional.

En segundo lugar, es de resaltar la correosa resistencia de la derecha más conservadora representada por el PP. A pesar de los cuatro años de mala gestión económica (como sabemos, la economía ha empezado a remontar debido esencialmente a factores externos), y sobre todo de corrupción generalizada en la cúpula popular (entre sus corruptos presuntos y confesos hay tres presidentes de comunidad autónoma, un vicepresidente, varios consejeros, varios diputados del congreso nacional, varios diputados autonómicos, alcaldes relevantes y hasta un embajador), solo han descendido 16 puntos y continúan siendo la fuerza más votada con un 28,7% de los votos. Eso indica que el votante del PP se ha gestado a lo largo de muchos años y que no cede su fidelidad fácilmente.

En tercer lugar, es digno de analizar el fenómeno Ciudadanos, que ha culminado en lo que podríamos denominar (con perdón) un coitus interruptus: comenzaron muy fogosos, aupados en unas encuestas, a cuya cocina quizás hoy habría que pedirle cuentas, hasta porcentajes del 22% sostenidos durante semanas y una horquilla de entre 50 y 70 diputados. Finalmente se han quedado en el 13,9% y 40 diputados. Los votantes de izquierdas han descubierto a tiempo (gracias Pedro por insistir en ello) que bajo formas educadas y modernas se escondía un partido de derechas, mientras que los votantes de derechas les han visto demasiado progresistas y han preferido no cambiar de caballo a mitad de la carrera. Es de comprender la indignación actual de su líder Rivera, que lanza improperios al PSOE por anunciar este que va a votar en contra en una futura votación de investidura de Rajoy.

Otra reflexión a hacer es constatar el hundimiento de dos partidos asentados como IU y UPyD, que no han sido capaces de resistir las formas y el discurso de los dos partidos que han emergido justo en el centro de sus respectivos electorados. Puestos a elegir cambio, los electores se han fiado más de los partidos nuevos que de los viejos.

Y llegamos al PSOE, donde se ha producido una mezcla de los fenómenos que han afectado a los demás partidos. El PSOE no se ha hundido, pero ha sido seriamente tocado. Hemos perdido 1,5 millones de votos, 6,7 puntos porcentuales y 20 diputados con respecto a 2011, donde nuestros resultados ya fueron los peores de nuestra historia anterior. Al igual que el PP, hemos resistido porque nuestros votantes nos los hemos ganado lentamente y los más fieles no están dispuestos a abandonarnos con facilidad, ni se han fiado de los cantos de sirena de las dos fuerzas emergentes. Pero no debemos confiarnos, porque si perdiéramos a las nuevas generaciones, a largo plazo estaríamos abocados a la extinción.

Precisamente es a las nuevas generaciones a las que fundamentalmente han seducido tanto Ciudadanos como Podemos. Basta con repasar la galería de fotos de sus mítines y de los nuestros, o del PP, para darse cuenta de la diferencia de edad promedio de los participantes. Se ha instalado una brecha entre las generaciones que protagonizamos la transición y las que no la vivieron. Estas últimas quieren una democracia más real y participativa y la quieren ya. No les basta que les digamos que la Constitución del 78 ha propiciado la mejor y más prolongada época de paz y prosperidad de España en dos siglos. Ellos inciden en sus insuficiencias y ven a los dos partidos que hemos protagonizado esa época demasiado conformistas con ellas, y demasiado acomodados en el poder. Es en esta debilidad de los dos partidos históricos donde ha sabido incidir el discurso de los emergentes. La palabra clave es regeneración, y gran parte de las nuevas generaciones no se fían de que los viejos partidos podamos abordarla con garantías. Podemos ha sido el que mejor ha explotado este filón y en consecuencia sus resultados han sido arrolladores.

Esto último deja sobre la mesa una reflexión que nuestro partido ha de hacer una vez acabemos de cuadrar el rompecabezas actual. Tendremos que evaluar si nuestra renovación, que la habido y mucha en los programas y en las personas, ha sido o no suficiente, y si lo ha sido, qué debemos hacer para que sea creíble. Porque también nuestra credibilidad ha estado en entredicho y también el líder de Podemos ha explotado ese filón (“ustedes dicen una cosa en campaña y hacen otra en el gobierno”). Y tendremos que abordar Madrid, porque una vez más Madrid ha sobrepasado todas las expectativas negativas. No se trata del habitual “quítate tu que me pongo yo” que ya algún ex-dirigente ha empezado a exigir. Se trata de evaluar las políticas, nuestra conexión con los ciudadanos, y también nuestros hábitos partidistas y nuestros modos de seleccionar a los dirigentes. Pero todo ello dirigido a ofrecer soluciones y solvencia para resolver los problemas de los ciudadanos, que es para lo que estamos aquí.

Y queda la cuadratura del sudoku que han dejado las elecciones. Por mucho que se empeñe, Rajoy no tiene los votos para ser elegido. Debe asumir de una vez su condición de cadáver político, que adquirió cuando eligió apoyar a Bárcenas. Pero Pedro tampoco lo tendrá fácil. Con un Podemos subido al monte de las exigencias y de creerse los salvadores de la patria y un Ciudadanos resentido por su mal resultado, y que tumbará cualquier posible fórmula de colaboración PSOE-Podemos. De los independentistas, ni hablamos, porque los 17 escaños que suman ERC y DL son un “regalo” envenenado para cualquier fórmula de coalición. Quedan meses muy complicados por delante y los tres dirigentes y sus partidos (el cadáver no lo cuento a estos efectos) tendrán que exprimir al máximo su capacidad y su inteligencia para salvar lo esencial, que es un gobierno de cambio para España, y ceder en lo accesorio, que son los intereses partidistas y los personalismos de cada uno.

Ricardo Peña

Secretario General de ASU-PSOE-M

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1 comentario

Archivado bajo universidad

Una respuesta a “Primeras reflexiones

  1. Felipe

    Expreso mi coincidencia con esta reflexión en líneas generales. Como no se trata de escribir otro artículo, expongo tres consideraciones, ampliatorias de lo expuesto:
    a) la renovación del PSOE ha sido, pero ha sido insuficiente. Se tiene que renovar más, abrirse, abrir las puertas, atraer… y renovar la dirigencia que, salvo casos individuales, me parece poco solvente políticamente (p. ej., el secretario de organización). Y de ahí para abajo.
    b) Madrid y también Barcelona tienen un problema. En el segundo caso se puede personalizar en Chacón y en su no entendimiento con Iceta. Por supuesto, desde los tiempos de Montilla su sangría constante de votos es algo más profundo que el caso personal de la última candidatura fracasada. Madrid sigue con un problema secular, diría: desde el nefasto acostismo ni Gómez ni los actuales, irrelevantes, han dado muestras de tomar el partido y empezar a poner bases de recuperación-regeneración. La continua fuga de militantes (y de votantes en consecuencia) es la cosecha de tan negativa voluntad de mantenerse en cargos sin las mínimas capacidades políticas. Aquí la renovación, el comienzo de…, es urgente. No se puede perder Madrid en todos los frentes.
    c) Ahora sí que vendría bien lo de “programa, programa” en sentido amplio. Es decir, los resultados no dan posibilidad fácil de gobierno a nadie con claridad. Pues bien, que la izquierda busque el acuerdo en un programa cuyo eje central sea la reforma constitucional y anejas (ley electoral, etc.). Establecidos los mínimos, en ellos se incluye la cuestión catalana, y lleva consigo la necesidad del referéndum. Sería una legislatura breve, parcialmente constituyente, que culminaría con el referéndum constitucional y unas nuevas elecciones.

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