La desvergüenza

rajoy

En las últimas semanas hemos apreciado una aceleración de la desvergüenza del Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Nunca ha sido D. Mariano un paradigma de demócrata, y de ello nos ha dado sobradas pruebas, tanto en la oposición como en el Gobierno. Recordemos cuando utilizaba el terrorismo de ETA para atacar a Rodríguez Zapatero, o cuando se rasgaba las vestiduras porque subía un 1% el IVA de “los chuches” y un año más tarde lo subía él algunos puntos más. O cuando prometió un programa electoral y ejecutó justo el contrario. Nunca le costó cambiar de opinión cuando así convenía a los intereses de su partido. Es un todo-terreno similar a los sofistas griegos, unos profesionales de la oratoria que se alquilaban por dinero para defender cualquier causa, y también su contraria. En el curso que aparentemente constituye la base de su educación democrática, “La democracia en 100 palabras” del profesor Maurer, no le dio tiempo a saber lo que es la asunción de responsabilidades políticas, o el respeto a la palabra dada, o a distinguir una mayoría absoluta de una relativa. Podríamos decir que su principal virtud es la de resistir a toda costa, aunque para ello deba cambiar camaleónicamente de piel varias veces en el transcurso de unos meses. Sus principios son tan volátiles como los de Groucho Marx. El único del que no prescinde nunca es el de mantenerse en el poder a toda costa.

Viene este desahogo a cuento de las recientes decisiones tomadas por el Presidente, a la luz de los resultados desfavorables que para su partido pronostican las encuestas. La más importante, la de presentar a toda prisa unos Presupuestos del Estado para 2016. Nuestra Constitución establece que la Ley de Presupuestos corresponde al Gobierno de turno, por ser esta el instrumento principal en el que se plasma su política. Pero dicha ley tiene una duración de un año y los gobiernos gobiernan cuatro. Se entiende por tanto que tienen derecho a elaborar y ejecutar cuatro leyes de presupuestos, pero no cinco. Hacer una ley que no van a ejecutar durante su mandato legal es una intromisión inadmisible en los derechos del siguiente gobierno, aún cuando ese hipotético gobierno pudieran ser ellos mismos. Es simplemente un derecho que no les corresponde. De hecho, ningún gobierno anterior, incluso de su propio partido, se ha atrevido a hacer algo semejante. Pero, siguiendo el criterio pragmático de que el fin justifica los medios, D. Mariano ha violado una vez más los principios democráticos más elementales, y ha decidido no solo elaborar la ley, sino hacer de ella su principal instrumento de propaganda electoral.

Y así, con unos dineros que no le corresponde gestionar, promete dádivas y premios a los diversos colectivos que quiere atraer hacia su partido. Por ejemplo, ha decidido comprometer una partida para subir un 1% el sueldo a los funcionarios, y otras para aumentar un 7,3% los presupuestos de Cultura (subida en la que se incluye un 14% más para el Cine), un 3,6% los de Sanidad, un 6% los de Dependencia, y un 2,2% los de la I+D civil. Independientemente de que sea justo o no realizar estas subidas, resulta indignante el mero enunciado de las mismas, en primer lugar porque está comprometiendo unos dineros que tienen derecho a gestionar otros, los cuales podrían decidir esas subidas u otras distintas. Es decir, está disparando con “pólvora del Rey”, que según sabemos no cuesta un céntimo. Pero también, por lo que representa de caciquismo prometer subidas a escasos meses de unas elecciones. La intención de sobornar las conciencias es meridiana y eso constituye una práctica política deleznable, que debería estar prohibida, y que nos retrotrae a lo peor de nuestra historia plagada de señoritos y caciques. La desvergüenza de nuestro Presidente lo es por tanto por partida doble. Dicho sea de pasada, estimo como funcionario que subir el sueldo un 1%, tras una pérdida de poder adquisitivo en torno al 25% durante estos cinco años de bajadas y congelaciones, resulta un soborno bastante ridículo. Si alguien cambia su voto debido a ello, es que tiene su autoestima por los suelos. También resulta ridículo prometer un aumento del 2,2% para la I+D civil, cuando esta ha sufrido recortes del orden del 40% en estos cinco años. Con esa “subida”, apenas recuperaríamos los niveles de inversión de 2006.

La última guinda de la desvergüenza de D. Mariano la constituye el nombramiento del ex-ministro Wert como embajador de España ante la OCDE. La única razón para ello es la conveniencia del propio Wert, al que le interesaba residir en París para acompañar a su esposa, recientemente nombrada alto cargo de la OCDE. Sueldo de 10.000 euros al mes, piso de 500 metros cuadrados gratis en el centro de París, servicio doméstico y chofer oficial para un señor cuyos conocimientos y experiencia diplomáticos se reducen a la más absoluta nada. De nuevo dispara el Presidente con pólvora del Rey, porque esos privilegios los pagamos entre todos, y de nuevo se trata de una violación de derechos, porque los ciudadanos tenemos el derecho democrático a que los cargos públicos los ocupen las personas más competentes posibles. No es la primera vez que lo hace: recordemos el nombramiento del ex-ministro Trillo, también con nulos méritos diplomáticos, como embajador de España en Londres. Si el PSOE llega al Gobierno, tendrá que legislar para evitar en el futuro estos pagos en especie a los colaboradores fieles con los recursos de todos.

Lo terrible de la desvergüenza del Presidente es que nos alcanza a todos. Que la persona particular Mariano Rajoy sea un desvergonzado no deja de ser una anécdota, cuando nos consta que hay miles de desvergonzados como él. Lo terrible es que esa desvergüenza se ejerza desde un cargo preeminente, que concentra la mirada de todos los españoles. Lo terrible es que transmite unos modelos de comportamiento y unos mensajes que son demoledores para la democracia: el mensaje de que todo vale para conseguir el beneficio propio o del clan, el mensaje de que ser fiel al jefe reporta más beneficios que ser un profesional competente, el mensaje de que a las personas se las puede comprar por un poco de dinero, el mensaje de que los principios se cambian a conveniencia, y el mensaje de que los políticos sirven a sus propios intereses. ¿Cómo se puede construir una convivencia, un respecto a las leyes y una confianza en las instituciones sobre estas premisas?

Ricardo Peña

Secretario General de ASU-PSOE-M

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2 comentarios

Archivado bajo universidad

2 Respuestas a “La desvergüenza

  1. Me parece de lo más ilustrativo tu reflexión. Voy a publicar hoy en BOLETÍN INFORMATIVO DE LA SANIDAD PÚBLICA esta reflexión, aunque sea desde este modesto medio, es importante divulgar opiniones como la tuya.

  2. Pingback: La desvergüenza | Boletín Informativo de la Sanidad Pública

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