Universidad: y ahora el 3 + 2

tresmasdos

Cuando el multimillonario norteamericano Warren E. Buffett fue preguntado en una entrevista en 2006, con motivo de los pocos impuestos que pagaba, si pensaba que los que le acusaban estaban fomentando la lucha de clases, respondió: “Correcto, hay una lucha de clases, pero es mi clase, la de los ricos, la que la está haciendo, y ¿sabe?, la estamos ganando”.

Desde la caída del bloque soviético, la clase financiera se ha independizado de sus conciudadanos nacionales. Se ha globalizado y sólo le interesan los números de sus beneficios. El Estado del Bienestar lo consideran un obstáculo, un atraso producto de una época en la que los países del Este podían ejercer un peligroso atractivo para los trabajadores y había que ceder algo para no perderlo todo. Pero eso afortunadamente se terminó y ya no existe tal peligro. Y ahora lo quieren todo. El que quiera sanidad, parecen querer decirnos, que se la pague si puede. Y lo mismo rige para la educación de calidad o para las pensiones. Se ha terminado eso de que el Estado, a través de los impuestos, provea de estos servicios a quien no pueda pagarlos. Por no hablar de los ferrocarriles, los aeropuertos, el agua, o la energía. Todo lo que garantizaba la cohesión del Estado y la igualdad de acceso a unos servicios de primera necesidad ha sido entregado a los mercados a precio de saldo.

No otra cosa es lo que estamos viviendo en Europa y en los países de la OCDE. La crisis, producto no lo olvidemos de los desmanes financieros de los bancos y de los grandes especuladores, ha sido la excusa perfecta para desmantelar el Estado del Bienestar allí donde lo teníamos. Al grito de la austeridad, se ha despojado a las clases medias y trabajadoras de estos derechos, mientras se rescatan bancos y autopistas privadas con el dinero público, se retrasa sine die cualquier reforma que penalice las especulaciones financieras, o que evite el dumping fiscal entre estados, o que combata el fraude y la elusión fiscales, o que termine con los paraísos adonde van a parar esas inmensas cantidades de dinero que no tributan. Es el triunfo sin paliativos de la doctrina ultraliberal. Los ricos no solo no pagan impuestos sino que también quieren jibarizar el Estado para que este no redistribuya.

Expongo este contexto porque creo que es el adecuado para comprender lo que está pasando con la universidad pública en España. Desde 2010 se han recortado 1.500 millones en educación superior y los presupuestos universitarios han caído en un 24% . Las tasas han subido y la cuantía media de las becas ha bajado un 18%. Como consecuencia de la llamada “tasa de reposición”, se han adelgazado las plantillas universitarias en 8.000 personas, 6.000 de ellas personal docente e investigador (fuente: EL PAÍS 22.01.15). Nuestros jóvenes doctores emigran por miles porque, en este desmantelamiento generalizado, parece que también la investigación resulta demasiado cara a nuestros gobernantes (solo así se explican recortes del orden del 40% en tres años). El conjunto de las administraciones públicas ha perdido 163.000 empleados (un 6,1%) en tan solo los dos últimos años. Santos Juliá explica muy bien el proceso en La devastación de los bienes públicos (EL PAÍS 26.01.15).

Y ahora el 3+2. Ha dado igual que estemos al final de una legislatura moribunda. Ha dado igual que acabe de salir la primera promoción de los grados de cuatro años, tras una reforma que nos llevó diez años de discusiones, reglamentos, y planes de estudio. Reforma que consumió muchas horas de muchas personas cualificadas, horas que se robaron a la investigación. Ha dado igual que no haya habido tiempo de evaluar los frutos de esa reforma. Muchas preguntas quedan sin respuesta: ¿Tiene algún sentido que un mismo título dure tres años en una universidad y cuatro en la de al lado? ¿Cómo se gestionarán en ese marco las pasarelas entre grado y máster? También ha dado igual lo que opinen los agentes educativos, o el resto de actores sociales y políticos. Tenemos el BOE, parece querer decirnos Rajoy, y la mayoría absoluta. ¿Para que hace falta más? Además, esta mayoría se acaba y hay que darse prisa.

Nada de lo anterior importa, porque lo que hay detrás de este nuevo ataque al sistema educativo es el propósito de sembrar el caos en los campus universitarios, esperando que de ese caos surjan las universidades privadas como única alternativa seria. Caos que ya empezó con la subida de tasas, la cual ha conseguido tener 17 precios públicos distintos para unos mismos estudios. Porque no se trata de reformar para mejorar, sino de desorganizar para destruir. Siguiendo la estrategia bautizada en 3D por Antón Losada en Piratas de lo público, hemos vivido ya la Degradación y la Descapitalización, y si las elecciones no lo remedian, entraremos en la fase de Desmantelamiento.

La superior subida de tasas de los estudios de máster ya apuntaba en esa dirección: se trataba de acercar los precios públicos a los privados. Ahora se trata de devaluar los títulos de grado para se llenen los másteres de la privada. El modelo 4+1 no era suficiente aliciente, ni discriminaba suficientemente a “los pobres” (que ahora serán los graduados de tres años) de “los elegidos” (los que podrán pagarse el máster). De paso, el sistema público de educación superior podrá ser recortado con toda justificación porque el grueso de sus alumnos descenderá en un 25%. O sea, habrá menos financiación, más despidos, y en definitiva proseguirá el desmantelamiento, que es de lo que se trata. Ya están hechos los cálculos: 800 millones podría ahorrarse el estado si todos los grados actuales pasaran a tres años. De este modo se esperan conseguir simultáneamente todos los objetivos de la doctrina liberal: el Estado gastará menos, el que quiera estudios de calidad se los tendrá que pagar de su bolsillo, y se desmantelará un servicio público para dejar el campo despejado a la iniciativa privada. La misma receta que ya hemos visto en sanidad.

No vale la pena enfadarse con Wert. Merece todo nuestro desprecio, pero al fin y al cabo es tan solo el “mamporrero” de Rajoy, y está ahí precisamente para implementar este programa. Ni tan siquiera con Rajoy, que no es sino uno más de los representantes, junto a Angela Merkel, Jean-Claude Juncker y tantos otros, de esta doctrina ultraliberal que se está imponiendo en el mundo capitalista.

Lo que sí merece la pena es reflexionar sobre el nivel de profundidad al que hemos llegado en esta política de desmantelamiento de los servicios públicos, y sobre el papel que estamos jugando los partidos socialdemócratas en toda Europa ante este avance de los poderes financieros. O cogemos nosotros el testigo de meter en cintura a dichos poderes financieros, o los populismos de uno u otro signo encabezarán el descontento y arruinarán todo lo que hemos conseguido en Europa en los últimos 50 años. Hemos de poner en marcha urgentemente una estrategia que vuelva a situar el poder político por encima de los poderes económicos, las necesidades de las personas por encima de los beneficios de los mercados, y eso implica sacudirse no pocas inercias acumuladas tras muchos años de participar en los gobiernos. Ya no basta con recoger las migajas que caen de la mesa de los poderosos y repartirlas entre los más necesitados. Se trata ahora de poner en cuestión esta enorme máquina de generar desigualdad en que ha devenido el capitalismo financiero.

Dicho esto, que nadie piense que los socialistas nos negamos a discutir sobre posibles reformas del sistema universitario. Dialogo, el que sea preciso. Reformas para mejorar, todas. Pero ataques y recortes unilaterales para destruir, ninguno. Su mayoría absoluta es coyuntural y el sistema universitario ha sobrevivido quinientos años a pesar de dictaduras y gobiernos mucho más conservadores que el de ahora. Lo que se necesita es quitarles el BOE de una vez (y de paso, que no lo cojan los que todavía no nos han dicho lo que piensan hacer). Pero para eso hay que trabajar mucho de aquí a las elecciones. ¡Ánimo compañeros!

Ricardo Peña, Secretario General de ASU-PSM

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