El victimismo de nuevo

blasdelezo

Una cosa hay que reconocerles a los nacionalistas catalanes: que son unos maestros en la manipulación del lenguaje y la realidad, y en apropiarse de la agenda política con su discurso. Su lema es “todo vale”, si con ello se avanza hacia la meta fijada por ellos de antemano. Todo se puede manipular, si con ello se suman unas cuantas voluntades más a “la causa”. ¿Qué importa si lo que se dice responde o no a la verdad? Lo que importa es dejar bien claro que el Estado central les humilla y les oprime, que son unas víctimas del anticatalanismo, y que para eso, mejor estar solos.

Lo peor es que casi nunca hay un discurso enfrente que desmonte sus manipulaciones, y ya sabemos desde Goebbels, que una mentira repetida millones de veces llega a ser aceptada como una verdad. Así, nos pretendieron convencer de que votar pacíficamente la secesión de España era lo más democrático del mundo, porque la democracia es eso, votar ¿no? Pocos salieron a decir que la democracia no es solo votar, que no todo es votable, ni tampoco lo es por cualquier demos.

Como se evidencia en Las Historias de España, (Alvarez Junco 2013), lo primero que hay que manipular para construir un buen mito es la historia. Y los nacionalistas la llevan manipulando desde el primer día que tuvieron competencias de gobierno. Así, presentan a Felipe V como el monarca español que terminó con sus libertades nacionales, y celebran el 11 de septiembre, la diada, en recuerdo del 11 de septiembre de 1714 en que las tropas de este rey terminaron con la resistencia del Principado y rindieron Barcelona.

Lo que no cuentan es que en esos años se libraba una guerra de sucesión en España, en realidad una guerra internacional en toda Europa. Que Inglaterra, Portugal y el Imperio Germánico no aceptaron el testamento de Carlos II, que estipulaba que un Borbón, el nieto del rey de Francia Luis XIV, reinara en España a su muerte, porque eso suponía en su opinión un poder excesivo del binomio España-Francia en detrimento de las otras potencias. Por eso apoyaron con las armas al Archiduque Carlos de Austria en contra de Felipe V. En dicha guerra, Aragón y Cataluña, parte esta última del antiguo reino de Aragón, se pusieron a favor del Habsburgo, quien de hecho llegó a entrar en Barcelona y a reinar en Aragón y Valencia entre 1705 y 1713. La razón de este apoyo fue que estimaban que sus instituciones y fueros estarían mejor preservados con un Austria que con un Borbón. Se trataba desde luego de instituciones medievales, semejantes a las Cortes de Castilla, las Juntas de Navarra y otras semejantes que provenían de los antiguos reinos de España, unidos desde los Reyes Católicos. Es manipulación presentar el inevitable paso desde la organización medieval a la de un estado moderno como la pérdida de las libertades nacionales. Entre otras cosas porque el concepto de nación no existió hasta un siglo más tarde.

La última guinda de este relato manipulado es la votación de hace pocos días en el Ayuntamiento de Barcelona de una resolución en la que se pide que se retire la estatua del almirante Blas de Lezo que el Ayuntamiento de Madrid ha erigido en la plaza de Colón. La razón esgrimida es que este militar participó en los dos asedios a Barcelona (en 1706 y en 1714) y contribuyó con sus cañones a “terminar con la libertad del pueblo catalán”. La realidad es, como se ha dicho, que lo que estaba en juego era una guerra de sucesión y no la libertad de nadie, y a mayor abundamiento, Blas de Lezo era un simple alférez en el primer asedio, y capitán de uno de los barcos en el segundo. Su gloria como almirante la ganó después en muchas otras batallas, entre ellas en la derrota de una escuadra inglesa tres veces superior en número defendiendo Cartagena de Indias.

Los políticos deberían dejar la historia a los historiadores, que son los únicos que aplican métodos científicos al conocimiento del pasado. Lo demás es retorcer la verdad para adecuarla a los propios intereses, y eso es lo que lleva haciendo el nacionalismo catalán desde que existe. Por fortuna esta vez han salido varios catedráticos a la arena a denunciar la manipulación, y también lo ha hecho con contundencia Antonio Miguel Carmona, candidato a alcalde por el PSM. Justo es reconocerlo, a pesar de su complicidad en la eliminación de las primarias en Madrid.

No deja de sorprenderme que en la votación mencionada, el PSC se abstuviera e ICV votara a favor. El caso de ICV es patético. Ya lleva demasiado tiempo tratando de conciliar su ubicación supuestamente en la izquierda postcomunista, y como partido ecologista, con el apoyo a la mayoría de las tesis nacionalistas. ¿Como es posible ser a la vez de izquierdas y nacionalista? El nacionalismo interesa sobre todo a la derecha, que es la misma que recorta sus derechos a los trabajadores y a las clases medias catalanas. Y tampoco esto está demasiado claro porque una secesión crearía un colapso económico muy perjudicial para la burguesía. En cuanto al PSC, una vez más ha estado timorato. Es precisamente esa carencia de no oponer un discurso claro al nacionalismo lo que le hace estar en “tierra de nadie” y desdibuja su perfil de izquierda ante los electores. El que sea nacionalista, que lo sea y lo defienda, pero el que no lo sea ha de defender su terreno con la misma firmeza que lo hace el nacionalismo con el suyo. Y en mi opinión, ni se pueden conciliar las dos cosas, ni en esta batalla ideológica existe la tierra de nadie.

Ricardo Peña, Secretario General de ASU-PSM

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1 comentario

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Una respuesta a “El victimismo de nuevo

  1. Jorge Soto

    Enhorabuena, Ricardo Peña. Mejor explicado, imposible.

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