La derecha trilera

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Una carta al director de El País del 27.12.13 encabezada como “Lenguaje de trileros” me ha pisado en parte lo que pensaba escribir en esta entrada, pero en contrapartida me ha servido para darle título. El que yo tenía pensado era “El secuestro del lenguaje”.

 

 

En efecto, los portavoces de la derecha española son expertos en torturar el lenguaje para que diga lo que ellos estiman más conveniente en cada momento, aunque las palabras expresen justamente lo contrario de los hechos que describen. Valgan para atestiguarlo los siguientes ejemplos, algunos de ellos tomados de la mencionada carta:

 

 

  • La Ley Wert recientemente aprobada, que establece una carrera de obstáculos con el fin de segregar tempranamente a los estudiantes y cerrarles el paso a la educación superior, que impone la doctrina católica como asignatura evaluable, y que se promulga sin memoria económica y tras profundos recortes y desorbitadas subidas de tasas, se autodenomina de “Mejora de la Calidad Educativa”, y así la defiende su autor.

  • El Sr. Gallardón defiende su cavernícola proyecto del ley sobre el aborto como una “protección de los derechos de la mujer embarazada”, cuando es evidente para todos que se trata precisamente de recortar los mismos y de considerar a las mujeres como disminuidas psíquicas. Va diciendo a quien quiere escucharle que es la ley “más progresista” de este gobierno. No es que se haya vuelto loco, no. Es que tortura el lenguaje para ver si engaña a algún despistado.

  • La llamada “Ley de Seguridad Ciudadana” del integrista Sr. Fernández, que representa un salto adelante en el carácter autoritario de este gobierno y que está siendo cuestionada desde Europa por atacar las libertades individuales, trata según él de defender esas mismas libertades.

  • La Sra. Bañez afirma sin pestañear que está “revalorizando” las pensiones, cuando es evidente que las está congelando en la práctica (“suben” dos euros y medio por cada mil) y que los pensionistas perderán poder adquisitivo a raudales.

  • La misma Sra. Báñez nos informó de que la emigración forzosa de nuestros jóvenes es simple “movilidad exterior”, y que se trata a su juicio de un fenómeno extraordinariamente positivo.

  • Exhibe la misma desfachatez el Sr. Montoro, al decir que los salarios “suben moderadamente”, cuando están bajando incluso en términos nominales según las cifras de su propio ministerio.

  • El mismo Sr. Montoro nos informa de que la limpieza ideológica que está llevando a cabo en la Agencia Tributaria es una simple “reorganización técnica”.

  • El Presidente de la Comunidad de Madrid, el Sr. González, es otro notable experto en el secuestro del lenguaje cuando llama “copago” a pagar dos veces por los medicamentos y otros servicios sanitarios, o emplea el término “externalización” para referirse a la descarada privatización que está llevando a cabo en esos mismos servicios.

  • Es ya un clásico de YouTube la gloriosa intervención de de Cospedal sobre el “finiquito diferido en forma de simulación” para definir el contrato laboral que el PP mantuvo con su tesorero el Sr. Bárcenas hasta enero de 2013.

  • Claro que la cúspide de la organización, el Sr. Rajoy, va marcando la pauta cuando llama “colaboración con la justicia” a un registro judicial en la sede de su partido, llevado a cabo precisamente por falta de colaboración con dicha justicia. O cuando emplea los términos “ajustes” y “reformas estructurales” para referirse a los recortes de su gobierno.

 

 

Esta abundancia de eufemismos configura un lenguaje cínico y trilero con el que pretenden disfrazar sus verdaderas intenciones. Desde luego saben que no van a confundir a las personas bien informadas ni a la oposición. Pero cuentan con la desinformación de mucha más gente, gente que no está todo el día pendiente de la política y que tan solo percibe el “rumor de fondo” de la misma. Es a estos a los que pretenden engañar, siguiendo el Principio de Orquestación de Goebbels:La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras, ni dudas. Si una mentira se repite lo suficiente, acaba por convertirse en verdad”. O el Principio de Vulgarización del mismo autor: “Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar”. No es difícil reconocer muchas de estas técnicas propagandísticas en la estrategia de comunicación del Partido Popular. Con ello, sin duda convierten la política en un cenagal y alejan de ella a muchas personas bien intencionadas, lo cual es también parte de la estrategia. La derecha española no tiene empacho en cambiar de posición cuando le parece conveniente (recordemos las desaforadas críticas a Zapatero cuando subió el IVA un punto o congeló las pensiones, y la defensa de subidas y recortes mucho más drásticos un año más tarde), o de prometer una cosa y hacer la contraria, como hicieron con su programa electoral. Nada importa si se trata de alcanzar el poder, o de conservarlo. En este sentido la cúpula del PP está formada por peligrosos marxistas, versión Groucho Marx: “señora, estos son mis principios, pero no se preocupe, si no le gustan, tengo otros”.

 

 

Y sin embargo, hay algo de positivo en este comportamiento: la manifiesta inferioridad moral de la derecha. En pura teoría, derecha e izquierda defienden modelos de sociedad diferentes aunque igualmente respetables, y ambos podrían ser argumentados en público sin merma alguna de dignidad. Pero lo que vemos no es eso: cuando la derecha impone sus políticas privatizadoras e individualistas (en esencia, que “cada palo que aguante su vela” y se pague lo suyo), no las defiende con la convicción que cabría esperar, sino que las disfraza. Recortan inmisericordemente el Estado del Bienestar pero el discurso público que hacen es de que lo defienden. Sus actos son siempre vergonzantes. La izquierda en cambio exhibe sus principios de solidaridad, de igualdad de oportunidades, y de justicia social, sin problema alguno. Los defiende en público esté en la oposición o en el gobierno. No cambia el discurso a conveniencia. Y la razón es muy sencilla: porque nuestros principios son superiores moralmente y entroncan fácilmente con las aspiraciones históricas de los seres humanos. La historia de la humanidad es una larga lucha por la libertad, la justicia social y la igualdad de derechos, por liberar a las personas de los yugos económicos y políticos que las esclavizan. Y los principios de la izquierda van en esa dirección, mientras que los de la derecha van en sentido contrario, o al menos en detener ese avance. A la luz de estas reflexiones, los términos “retrógrado”, “conservador” y “progresista” cobran un perfecto sentido. Es debido a la inferioridad moral de sus principios que la derecha estará condenada eternamente a esconder en el lenguaje sus verdaderas intenciones y a ser trilera: “vean señores, un, dos, tres, ¿donde está la bolita?”

 

 

Ricardo Peña, Secretario General de ASU-PSM

 

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