¿Cuánto estamos dispuestos a soportar?

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Hace unos meses, en este mismo blog, hablaba de la “democracia plasmada” (ver https://asupsmpsoe.wordpress.com/2013/04/07/la-democracia-plasmada/) haciendo referencia a los modos y maneras escasamente democráticos del Partido Popular. Pero los acontecimientos recientes en los que el ex-tesorero Bárcenas ha dado por buenos los papeles publicados en Enero por el diario El País, nos han metido en una situación de difícil salida desde el punto de vista democrático.

 

 

El Presidente Rajoy, apoyándose en la mayoría absoluta de su partido, cercena toda posibilidad de dar explicaciones ante el Parlamento y pretende aplicar una vez más su táctica de “enfriar” los problemas, comportándose como si estos no existieran. A los meses de mentiras continuadas por parte de sus portavoces autorizados, la Sra. de Cospedal y el Sr. Floriano, se suma ahora la negativa a salir al paso de tantas irregularidades en las que parece haber vivido su partido en los últimos 20 años: tráfico de influencias, financiación ilegal, sobresueldos incompatibles con sus cargos públicos, fraude fiscal, y todo un rosario de comportamientos ajenos a una mínima mínima decencia moral y política. Es constatable por otra parte que para el Partido Popular la verdad nunca ha sido un valor a preservar: pueden prometer en sus programas cosas que luego no cumplen, o cumplir cosas que nunca prometieron, como la privatización en curso de la sanidad, la subida de impuestos, o el recorte de las pensiones. Pueden decir una cosa en la oposición con total contundencia y su contraria unos meses más tarde, sin que se les mueva una pestaña. Pueden decir que el Sr. Bárcenas es una persona honorable un día y pasar sin transición a llamarle delincuente al día siguiente, si eso es lo que conviene. No parecen darle mayor importancia a estas contradicciones, que pretenden considerar consustanciales al juego político. Pero esta vez las cosas han ido demasiado lejos: o dan, si es que pueden, unas explicaciones satisfactorias a las acusaciones de su ex-tesorero, o deben abandonar sus cargos de representación política.

 

 

Aunque el problema no lo tiene el Partido Popular, o para ser más exactos, su cúpula actual. Esta precisión es importante porque bastantes dirigentes de segundo nivel, y los votantes del partido en las encuestas, ya han dejado traslucir su desagrado con la gestión que está haciendo la cúpula de este y otros casos de corrupción que asolan a su partido. El problema lo tenemos todos los españoles. ¿Hasta cuando hemos de permitir que sigan estos comportamientos? ¿Hasta cuando hemos de soportar que la Sra. Mato, la Sra. de Cospedal, el Sr. Floriano. o el mismísimo Sr. Rajoy sigan en sus puestos? Sus comportamientos pasados podrían quizás no tener trascendencia penal, o tenerla en pequeña medida, pero no es esa la cuestión. La cuestión es que estas personas son respectivamente Presidente y Ministra del Gobierno de España, o portavoces del partido en el Gobierno. Y España, que aspira a ser un país democrático homologable a otros países europeos, no se merece unos gobernantes cuya honorabilidad está de forma tan notoria bajo sospecha. Su presencia en el Gobierno y en el Parlamento degrada estas instituciones, las hace más frágiles y hace que los ciudadanos les den la espalda.

 

 

Permitir que sigan gobernando nos aleja de los países democráticos y nos acerca a las repúblicas bananeras, donde el poder político está corrupto por definición y donde hay que pagar mordidas a las instituciones públicas para que hagan su trabajo. Admitir que nos mientan, o que no asuman sus responsabilidades por lo que son indicios más que evidentes de corrupción, nos degrada como país. Si “tragamos” con esto, estaremos permitiendo que se instale en la vida pública la sensación de que “todo vale”. Y si todo vale en la vida pública, ¿por no ha de valer también en la privada? ¿Por que tendremos que ser honestos con las empresas que nos emplean? ¿por qué tendríamos que pagar los impuestos que nos corresponden? ¿por qué deberíamos cumplir las leyes? ¿por qué no engañar y defraudar como nos enseñan nuestros políticos?

 

 

Ese es el precio que pagaríamos si siguiéramos consintiendo este estado de cosas. Así es como se “berlusconizan” los países. Empezamos admitiendo la mentira y el fraude en los comportamientos públicos, y terminamos admitiéndolos en todas las esferas de la vida. Afortunadamente, son ya muchas las voces que expresan el hartazgo por esta forma de entender la política. Los periodistas no deberían dejar pasar una rueda de prensa sin pedir explicaciones por el asunto Bárcenas, y deberían desaparecer de las comparecencias “plasmadas”. Nuestro partido, como fuerza principal de la oposición, debería pedir esas mismas explicaciones en todas las sesiones de control y negarse, como

 

en mi opinión ha hecho correctamente, a discutir sobre la Ley de Transparencia en estas condiciones. Debemos tejer alianzas con los demás partidos para poner fin a esto. No podemos seguir así. El Partido Popular ha de sentir en su nuca el aliento de la sociedad política y civil. Han de sentir que no estamos dispuestos a consentir por más tiempo ni sus mentiras ni sus silencios. No hemos de dejarles descanso hasta que asuman de una vez sus responsabilidades y renueven a esos dirigentes tan poco dignos del país al que dicen representar.

 

Ricardo Peña, Secretario General de ASU-PSM

 

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