Yo considero justo defender a la ciudadanía, ¿vosotros no?

Todos los medios de comunicación se están haciendo eco estos días de la polémica que se está produciendo debido a los “escraches” que se están realizando en las casas de los diputados del Partido Popular, para que aprueben la ILP sobre los desahucios de manera íntegra y sin realizar las enmiendas que la dejarían irreconocible, y por tanto insuficiente para resolver el problema de la ciudadanía.

Muchos están tachando de violencia e incluso de terrorismo unas manifestaciones ciudadanas que lo único que hacen es reivindicar que se les tenga en cuenta. Personas que sí que sufren la violencia de tener que abandonar sus casas y su vida porque se ven incapaces de hacer frente a la situación que estamos viviendo. Violencia para unos, reivindicación pacífica y desobediencia a la ley para otros.

Tenemos así, que la legitimidad del Estado para ejercer el monopolio del uso legítimo de la violencia y la obligación de todos los ciudadanos de cumplir la ley se basa en el contrato social. Este consiste en que la ciudadanía renuncia a una parte de su capacidad de obrar y reconocen que no se obre sobre uno contra de su voluntad, evitando así un estado de naturaleza donde el progreso sea imposible. Esto se cristalizaría en la Declaración de Derechos del hombre y el ciudadano de 1979, y es el núcleo de lo que hoy consideramos Estado de Derecho. Así, este contrato lleva aparejado un compromiso de garantizar cierto nivel de bienestar a todos los miembros de la sociedad. Pero esto vemos que se ha resquebrajado a la luz de los acontecimientos que la crisis económica ha generado, y en este contexto algunos colectivos entienden que la vulneración de estos derechos legitiman para tensar o violentar las normas legales y para visibilizar la lucha. Cuando no queda con que luchar, la voz y la desobediencia es lo que queda por utilizar.

Así la desobediencia a la ley, como resistencia a la autoridad, ha adoptado muchas formas a lo largo de la historia. Una primera referencia de la desobediencia civil es el caso de Henry David Thoreau que se negó a pagar sus impuestos a EEUU en oposición a la guerra contra México en 1846 y que publicó en 1949 un escrito con el título “Resistencia al gobierno civil”. Sentó así las bases de lo que hoy consideramos desobediencia civil: “La justificación del rechazo público, consciente, colectivo y pacifico a acatar leyes o políticas gubernamentales consideradas injustas o inmorales”.  Pero ¿qué es exactamente la desobediencia civil?  es una acción de protesta colectiva, moralmente fundamentada, pública, ilegal, consciente y pacífica que, violando normas jurídicas concretas, busca producir un cambio parcial en las leyes, en las políticas o en las directrices de un gobierno. Se basa en valores morales y en su característica colectiva.

El derecho de rebelión contra el despotismo ha sido reconocido desde la antigüedad: Santo Tomás en la Summa theologica rechazaba la doctrina del tiranicidio, y Salisbury señalaba que la disposición violenta está justificada ante el tirano. Rousseau en el Contrato Social defendía que “Mientras un pueblo se ve forzado a obedecer y obedece, hace bien; tan pronto como puede sacudir el yugo lo sacude, hace mejor, recuperando su libertad por el mismo derecho que se la han quitado”  Y destaca que es una convicción contradictoria estipular una autoridad absoluta por un lado y una obediencia sin límites por otro.

Tenemos por tanto que la desobediencia civil es aceptable en un Estado en el que no se respetan los derechos individuales, los procedimientos democráticos y la ley objeto de la desobediencia atenta contra el interés común o el interés legítimo de una mayoría. Así ¿realmente podemos establecer que la situación que se está dando en nuestro país no es encuadrable en estas premisas?

En las sociedades democráticas como la nuestra donde las formas representativas son imperfectas, junto con el descrédito que genera la clase política, los movimientos de protesta son una forma de participación política para construir una democracia mejor. La desobediencia es por tanto un modo fundamental para acelerar los cambios necesarios. Se da cuando las minorías llegan a la conclusión de que los canales institucionales para la representación no son suficientes o están llenos de fango, visto desde un punto metafórico. Así busca un nuevo modo de representación con unos nuevos valores y nuevas normas, buscando que el gobernante revise sus decisiones políticas. Aquí podemos señalar el  caso de la PAH que a través de la desobediencia parando desahucios y con protestas ciudadanas ha conseguido que los gobernantes se hagan eco de esas situaciones de maneras algo más contundentes que como lo estaban realizando llegando a admitir la ILP. Y ahora a través. Los “escraches” están poniendo el foco en aquellos que son los responsables de cambiar esta situación. De los que serán responsables de los suicidios de los ciudadanos ante la desesperación de ser arrojados a la calle. ¿Podemos estar en contra de eso?

Se incide así en la esfera pública, en la parte más mediática de la sociedad con temas que hacen que ese conflicto que se está produciendo pueda traducirse en nuevas leyes o políticas. Como establecía Howard Zinn “Protestar más allá de lo que la ley permite no equivale a desviarse de la democracia; es más bien parte absolutamente esencial de esta

Desde luego el momento que atraviesa nuestro país y las soluciones que se están dando desde las instituciones distan mucho de ser medidas destinadas a proteger a los más desfavorecidas. La ruptura del contrato social es evidente y ante ella la ciudadanía a la luz de los argumentos expuestos tiene el derecho de no obedecer la tiranía. Millones de personas han mostrado su rechazo a las medidas que se han tomado por los poderes en los últimos años y el resultado y la respuesta ha sido nulo. La ciudadanía no puede soportar más, paremos desahucios o manifestemos pacíficamente delante de las puertas de los que con nombre y apellido facultan esta situación. Si es esa la solución ahí tendremos que estar.

Para terminar no usaré una frase mía sino de quien en 1846 tuvo el valor de desobedecer:  “La única obligación que tengo el derecho de asumir es hacer en cualquier momento lo que considero justo” (Henry David Thoreau) y yo considero justo defender a la ciudadanía, ¿vosotros no?

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Lorena Pérez García – Secretaria de Organización ASU-PSM

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