La democracia “plasmada”

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“Crónica del rey pasmado” es una divertida novela que el fallecido Premio Cervantes Gonzalo Torrente Ballester escribió en 1989, e Imanol Uribe llevó al cine un poco después. En ella se relata la fascinación de un rey español, supuestamente Felipe IV, ante la belleza del cuerpo desnudo de una cortesana. Así de fascinados estamos los españoles ante las desnudeces de nuestra democracia, y no precisamente por la belleza de las mismas.

Aunque las consecuencias de la crisis económica ocupen la mayoría de nuestras preocupaciones, no podemos resignarnos a la profunda degradación que ha sufrido la democracia desde la llegada del PP al Gobierno. Tanto más por cuanto que no tiene justificación posible, salvo el talante autoritario de dicho partido. Si para los recortes económicos todavía pueden emplear la coartada de la crisis, para los recortes políticos no hay coartada. Veamos lo que hemos tenido que soportar en estos meses:

En este año largo de Gobierno, se han emitido cerca de 40 Decretos-Leyes. Prácticamente todas las decisiones del Gobierno se han expresado por este mecanismo, que la Constitución prevé para situaciones de urgencia y que limita al mínimo el debate parlamentario, porque se convalida a posteriori y no puede ser enmendado. A la vez, el Sr. Rajoy solo comparece en el Parlamento en las sesiones de control, a las que está obligado.

Para no tener que responder a los periodistas, el Presidente ha sustituido las ruedas de prensa por comparecencias “plasmadas”, donde los periodistas toman nota de las palabras que salen de un televisor de plasma con su imagen. Las ruedas de prensa de los portavoces de su partido, la Sra. de Cospedal y el Sr. Floriano también hace semanas que no se producen. En realidad, sería mucho mejor para la salud democrática del país que estos portavoces fueran reemplazados inmediatamente. Después de las reiteradas mentiras que vertieron en las últimas comparecencias sobre el puesto de trabajo del tesorero Bárcenas, culminando con las declaraciones “Grouchianas” de de Cospedal (aquello del “finiquito diferido en forma de simulación, en partes de lo que fuera una retribución …”), no creo que la mayoría de los españoles estén dispuestos a volver a prestar atención a sus palabras. Las tomaduras de pelo tienen un límite y en esta ocasión se ha excedido con creces.

Casi sin dar respiro, se producen las declaraciones de la delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, tratando de filoetarras a los portavoces de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, y dando órdenes de dudosa constitucionalidad a la policía para amedrentar a los manifestantes de los llamados escraches. Ya sabemos que las manifestaciones son molestas para el Partido Popular, pero manifestarse es un derecho democrático y hasta ahora dichas manifestaciones no han violado ninguna ley.

Tampoco la prensa y la televisión libres les gustan. Al poco de llegar al gobierno, acabaron con la independencia de Radio Televisión Española y pusieron a su mando a los mismos que perpetraron el secuestro de Telemadrid, otro medio público. Al endeble sentido democrático del Partido Popular no le gusta que los medios públicos sean profesionales e independientes, los quieren atados y bien atados. A los que se rasgaron las vestiduras porque les parecía adoctrinamiento la eliminada asignatura de Educación para la Ciudadanía, no les parece tal el que Radio Nacional emita todas las mañanas dos horas de pasajes del evangelio, haciéndose eco de una religión, la Católica, que apenas practica un 15% de la población.

Gracias a la prensa y radio libres que todavía no han secuestrado (aunque el Sr. Aznar lo intentó cuando persiguió judicialmente al Sr. Polanco), nos enteramos de las malas compañías del Sr. Núñez Feijoo a finales de los 90, y de la bien engrasada puerta giratoria que existe en la sanidad madrileña, donde los ex-consejeros del ramo (los Sres. Güemes y Lamela), después de privatizar hospitales y servicios cuando estaban en activo, son contratados de asesores por las mismas empresas a las que ellos favorecieron. La reacción del Presidente Ignacio González, pidiendo “poner límites” a los medios, evidencia de nuevo lo mucho que le queda por aprender a ese partido sobre lo que es la democracia.

Nuestro ex-presidente Rodríguez Zapatero merecerá críticas por otras cuestiones, pero a lo largo de sus siete años de gobierno dio innumerables ejemplos de sus profundas convicciones democráticas. Nunca rehuyó a la prensa ni las comparecencias parlamentarias. Fue él quien cambió la Ley para que el Presidente de RTVE se eligiera por mayoría de dos tercios del Parlamento y bajo su mandato hemos disfrutado de una radio y televisión independientes, y sobre todo de una gran calidad. Como es lógico, los buenos profesionales escapan de los comisarios políticos y el resultado no son solo unos medios manipulados, sino profundamente mediocres. Y cuando llegó la crisis y Zapatero tomó decisiones controvertidas, nunca dejó de comparecer, ni de dar explicaciones. Su estilo en el Parlamento siempre fue impecable, nunca cayó en el insulto ni en la descalificación personal, estrategia que parece la preferida de los parlamentarios del PP, incluyendo en lugar destacado al Sr, Rajoy cuando estaba en la oposición.

Viene todo esto a cuento de que, en mi opinión, la democracia es una joya a preservar en medio de esta crisis y no podemos permitir que al empobrecimiento material se una también el amordazamiento de los ciudadanos y de los medios de comunicación. La democracia es un delicado equilibrio de poderes y contrapoderes, y sabemos que donde los segundos desaparecen, los primeros se convierten en poderes absolutos. Gracias a la prensa y radio independientes nos enteramos de muchos casos de corrupción que de otro modo pasarían inadvertidos. O de quiénes son los que guardan sus riquezas en los paraísos fiscales. El poder sin límites es también la corrupción sin límites, como tuvimos ocasión de comprobar los que vivimos bajo el franquismo. Por otra parte, todos estos intentos de controlar la opinión publicada son vanos, pues los ciudadanos también se informan a través de las redes sociales. Cada vez es menos posible para los gobiernos esconder sus miserias y sus mentiras. Al final todo se termina sabiendo. Desde luego, el Partido Popular necesita mucho aprendizaje democrático, pero en general todos los partidos necesitamos adaptar nuestros modos de trabajo a este nuevo tiempo. Debemos ser más transparentes, debatir con mejor argumentación, evitar las descalificaciones y el “y tu más”, y desde luego no mentir. La mentira en nuestras latitudes no parece tener importancia, pero en otras latitudes más al norte, coger a un político en una mentira, aunque sea en una simple multa de tráfico, implica su dimisión o destitución inmediatas. También los ciudadanos españoles deberíamos ser más exigentes con nuestros gobernantes y pedir dimisiones cuando nos tratan de engañar, que últimamente es casi siempre. Las encuestas dicen que las mentiras del PP no se las creen ni sus propios afiliados, así que basta ya de este juego de máscaras que a los únicos que descalifica es a los propios portavoces. Si no saben comportarse dignamente, que se vayan y dejen el paso a otros.

Ricardo Peña, Secretario General de la ASU

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2 comentarios

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2 Respuestas a “La democracia “plasmada”

  1. José Ángel

    Magnífico artículo Ricardo. Relato claro de lo que está aconteciendo en nuestro país porque el enemigo, el que está lapidando derechos y libertades ciudadanas, es la derecha. Lo comparto en la red para que se conozca y te felicito. Un saludo amigo.

  2. Pingback: ¿Cuánto estamos dispuestos a soportar? | Socialistas en la Universidad

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