¿A quién le importa Joan Rosell?

Image

Recientemente, el flamante Presidente de la CEOE, Joan Rosell, se ha permitido unas declaraciones incendiarias sobre los funcionarios españoles. Afirma que “sobran 300.000 o 400.000” y que sería más barato darles una subvención para que se quedaran en su casa en lugar de acudir al trabajo y gastar papel y teléfono. Ante el aluvión de críticas recibidas, ha matizado ligeramente sus palabras en una entrevista concedida a la SER el 8 de febrero y en un artículo publicado en El País el 23 del mismo mes. Sigue insistiendo en que sobran muchos funcionarios y en que “modernizar la función pública es la gran tarea pendiente de nuestro país” y que “los empresarios pedimos que el dinero público se gestione con más rigor”. Acompaña estas declaraciones con otras de diferente tenor en las que dice no creerse los seis millones de parados que arroja la EPA, y sí los cinco que indica el paro registrado. Esto último sólo revela una inmensa ignorancia, solo comparable a su osadía.

En los últimos tiempos parece haberse puesto de moda el “tiro al funcionario”. Disparar contra los servidores públicos tiene garantizado una cierta aquiesciencia (ya se sabe desde los tiempos de Fernando VII que los funcionarios son poco proclives al trabajo, además de ser unos privilegiados por gozar de un empleo fijo) y además es gratis. Así, el Ministro Wert y la ex-Presidenta de la Comunidad de Madrid afirman que los profesores trabajan poco, los responsables de la sanidad madrileña dicen que sus profesionales defienden intereses corporativos, y ahora el Sr. Rosell también se une al coro.

Con el tiempo, he aprendido que no todas las opiniones sobre las cosas públicas tienen el mismo valor. Lo primero que hay que preguntarse es quién las emite, e inmediatamente después, por qué. Si quien habla de educación es un docente, o quien habla de sanidad es un médico, o quien habla de ambas cosas es un socialista, o un usuario de dichos servicios, probablemente están proponiendo algo que mejora el servicio en algún sentido, o lo hace más universal. Si quien lo hace pertenece a la derecha más fundamentalista, o es un representante de la patronal, lo que seguramente pretenden es reducir el servicio, disminuir su calidad, o privatizarlo para repartir el negocio a sus amigos. Ya sé que, dicho así, queda bastante demagógico, pero ¿por que tenemos que aguantar los demás las demagogias de estos señores? Quizás también deberían aguantar un poco las nuestras.

Cuando el Sr. Lasquetty dice que hay que hacer más eficiente la Sanidad pública madrileña, debemos entender que lo que quiere es dar negocio a Capio o a Unilabs. Cuando la Sra Aguirre difunde, a sabiendas de que es falso, que los profesores de la pública solo trabajan veinte horas, debemos entender que lo que quiere es menos enseñanza pública y más fondos para la concertada y la privada, regalarles suelo, o reducir los impuestos a los padres. Cuando el Sr. Wert dice que los funcionarios no investigan, debemos entender que quiere disminuir el tamaño de la Universidad pública y fomentar la privada. Ninguno de ellos pretende mejorar los servicios públicos o hacerlos más universales. Tan solo desean crear un clima en el que sea más fácil recortarles fondos o privatizarlos. Cuando las zorras opinan sobre las gallinas, debemos entender que lo que pretenden son más facilidades para comérselas.

Por tanto, ¿qué pretende el Sr. Rosell? No está de más recordar que este señor ha vivido de las subvenciones públicas durante más de veinte años como representante de la patronal catalana y ahora de la española. Ha sido también consejero de empresas reguladas como Enher, Endesa y Aguas de Barcelona. ¿Cuántos empleos ha creado? ¿Que clase de empresario es? Seguramente su contribución a la riqueza nacional es mucho menor que la de cualquiera de los servidores públicos a los que denigra. ¿Con que autoridad opina sobre ellos? Aun considerando que habla en nombre de todos los empresarios, ¿que tienen que decir los empresarios sobre los funcionarios? ¿a quién importa su opinión?

Uno esperaría que en un país con seis millones de parados, los empresarios, por boca de su presidente, tuvieran algo que decir sobre cómo salir de esta situación. Que opinaran sobre políticas públicas o privadas de crecimiento, o sobre inversiones, o sobre cómo hacer que fluya el crédito, o sobre la ineficaz austeridad que viene de Europa. En lugar de eso, o quizás para no hablar de eso, se dedican a sermonearnos sobre el sector público con sus mensajes ultraliberales que a nadie realmente importan. La razón de fondo para esta monserga que hemos escuchado tantas veces de los conservadores es precisamente ocultar sus muchas vergüenzas como representantes de los empresarios. Para ocultar que no son capaces de idear políticas empresariales innovadoras ni de apoyar la investigación, para ocultar que han vivido demasiado tiempo al calor de los pelotazos y de la contratación pública, que no son capaces de aprovechar el mucho talento de nuestros jóvenes que han de buscar empleos cualificados fuera de nuestras fronteras, para ocultar que pagan poquísimos impuestos, cuando no defraudan directamente a Hacienda, como presuntamente ha hecho su excelentísimo vicepresidente Arturo Fernández. O cómo hizo su encarcelado ex-presidente Diaz Ferrán. Para ocultar que nuestra patronal es una auténtica vergüenza nacional.

Sr. Rosell, si no es capaz de poner un poco de orden y de dignidad en esa patronal, si no es capaz de aportar alguna idea para solucionar el inmenso paro y recesión que padece nuestro país, entonces es usted parte del problema. Es usted mucho más inútil que el más inútil de los funcionarios a los que descalifica. Los funcionarios son los que hacen que el país funcione, los que hacen que se abran los hospitales y los colegios todas las mañanas, los que velan por nuestra seguridad, los que organizan el tráfico en nuestras carreteras, y los que dictan sentencias contra los delincuentes. Quien denigra a sus funcionarios denigra a su país. Los funcionarios son imprescincibles, Sr. Rosell. Usted no lo es.

Ricardo Peña, Secretario General de la ASU, Febrero de 2013

Anuncios

1 comentario

Archivado bajo universidad

Una respuesta a “¿A quién le importa Joan Rosell?

  1. Se me olvidaba refutar la frívola afirmación del Sr. Rosell de que sobran funcionarios. Deberíamos exigir a toda persona pública que cuando hace una afirmación, no nos cuente únicamente su ideología o sus prejuicios, sino que argumente sus aseveraciones con datos, a ser posible citando la fuente para que puedan ser contrastados.

    Pues bien, Santiago Lago (El País Negocios, 24.02.13), citando a su vez cifras de la OCDE, nos informa de que los funcionarios son en España el 12% de la población activa (unos 2,7 millones), frente al 15% de media en la OCDE, y sus retribuciones representan el 10% del PIB frente al 11% de media en la OCDE. Por tanto, no parece que sobren, ni que el gasto en ellos sea excesivo, en comparación con nuestro entorno natural. Lo cual no obsta para que siempre se pueda mejorar su eficiencia: por ejemplo, todavía hay numerosas duplicidades que corregir, u organismos demasiado pequeños para ser eficientes.

    Bienvenidas sean pues las críticas que pretendan hacer más eficientes nuestros sistemas públicos, pero por favor absténgase aquellos que sólo pretendan lanzarnos sus eructos ideológicos, y con más razón si lo hacen para ocultar sus propias vergüenzas.

    Ricardo Peña

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s