Urgen propuestas de regeneración

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El 22 de enero tuvo lugar en la ASU un debate sobre Ciudadanía, nuevas formas de participación política, y batalla contra la corrupción, en la renovación programática del Partido Socialista. Las siguientes líneas, si bien expresan una opinión personal, tratan también de integrar muchas de las opiniones que allí se manifestaron.

1. El ciudadano ya no soporta mas

El goteo de casos de corrupción en el último año, culminado por el momento con los 22 millones en Suiza de Bárcenas y la sospecha de dinero negro en la cúpula del PP, ha terminado de exasperar a los ciudadanos. Perciben que, mientras ellos lo están pasando cada vez peor, con el paro instalado en su familia o en su entorno cercano, con sueldos menguantes en el mejor de los casos, soportando todo tipo de impuestos, precios y tasas públicas cada vez mas altos, con sus hijos universitarios teniendo que emigrar y con la angustia de no saber si el deterioro va a parar ahí o va a seguir mucho tiempo mas, en el mundo de la política, la banca y la gran empresa las cosas parecen suceder de un modo distinto.

Cuando no es un caso de presunto enriquecimiento ilegal a secas, como los numerosos de la trama Gürtel, o el del mismísimo yerno del Rey, es que un político es contratado por una empresa que él contribuyó a privatizar o a crear, como son los casos de Rato en Telefónica, y de Güemes en Unilabs. O es indultado un delicuente vial con la sospecha de ser favorecido por el entorno del Ministro de Justicia. O se descubre que un banquero falseaba sus dietas multiplicándolas por treinta. O un personaje como Carromero encuentra rápidamente un puesto a dedo en la Administración de 50.000 Euros al año, por el simple hecho de ser del PP. O los hijos de un famoso expresidente de comunidad autónoma parecen estar implicados en una evasión fiscal. O un partido político como UDC admite haber desviado cuantiosos fondos en su beneficio. Por no hablar del vergonzoso asunto de Carlos Divar y sus fines de semana caribeños en Marbella y de otros muchos parecidos vividos a lo largo de este último año.

El contraste abismal entre lo dificil que es todo para el ciudadano de a pie y lo fácil que parece resultar lo mismo para esta élite, ha terminado por desanimar completamente a aquel y por hacerle desconfiar del sistema mismo, de un sistema que le parece diseñado para favorecer a una casta de privilegiados. Aunque los comportamientos inmorales no son exclusivos de los políticos, ni involucran a la inmensa mayoría de ellos, es sobre los políticos sobre los que se descarga la mayor parte de la ira. Tal vez porque se espera de ellos un comportamiento ejemplarizante y porque a la postre viven de los impuestos de todos. Se ha acuñado el término “clase política” para referirse a una élite separada de los demás ciudadanos, que tan solo vela por sus propios intereses. Y este desprestigio, esta desafección, alcanza a todos los partidos, y muy especialmente a los dos que han sido Gobierno. Alcanza a todas las instituciones, a la democracia misma.

2. Y ya no valen paños calientes

Jose Ignacio Torreblanca afirma en El País del 20 de enero que el pacto entre representantes y representados se ha roto, que es inservible en estos momentos. Unos pocos políticos son culpables de inmoralidad flagrante y el resto de no haberla atajado con la suficiente firmeza. Ha desaparecido la confianza, se ha agotado el crédito. Y esto es muy peligroso porque abre la puerta a todo tipo de populismos y de “salvadores”. Corremos el riesgo de sufrir involuciones democráticas o estallidos sociales como ya está pasando en Grecia. Es urgente dar señales de que al menos uno de los dos grandes partidos desea revertir la situación. La tibia reacción del PP ante los mas que fundados indicios de financiación ilegal, fraude fiscal, y quizás tráfico de influencias en una parte de su estructura, permite albergar pocas esperanzas. Y el problema es que el desánimo que estos paños calientes producen en el ciudadano nos alcanza a todos. Se reclama desde algunos columnistas una catarsis etica (Fernando Vallespín, El País 18.01.13), una reforma de la Ley de Partidos y la necesidad de controles externos a los mismos. Si queremos que la sociedad vuelva a confiar en las instituciones, se necesitan actitudes firmes y no mas paños calientes. Cualquier actitud tibia en estos momentos será interpretada como un deseo de seguir manteniendo la situación, un deseo de que todo siga igual. Muchos ciudadanos, incluidos bastantes militantes de nuestro partido, desconfían de que esta regeneración provenga de los propios partidos. Los consideran juez y parte. Estiman que tendrían que renunciar a algunos de sus privilegios actuales, y que no van a tomar decisiones que les perjudiquen. Y sin embargo los socialistas sabemos que la regeneración tiene que venir necesariamente de la política.

3. El proceso hacia la conferencia política

Este año tenemos una inmejorable oportunidad para abanderar las propuestas de regeneración: nuestra Conferencia Politica del mes de octubre, y todo el proceso previo de su preparación. No podemos desperdiciar esta ocasión porque nos jugamos la credibilidad para muchos años. Si no damos respuesta al profundo hartazgo de la ciudadanía y nos dedicamos también a poner paños calientes, seremos considerados parte del problema y en consecuencia mereceremos la misma poca confianza que el PP. Muchos ex-votantes nos piden a gritos que demos signos de querer esa regeneración para poder volver a confiar en nosotros. Si los ciudadanos no pueden confiar en ninguna de las dos opciones que han sido gobierno hasta ahora, la inestabilidad, el populismo, u otras opciones aún peores, estarán servidos por mucho tiempo.

Aunque es verdad que necesitamos como país un profundo cambio ético en muchas de nuestras actitudes, llamémosles “latinas” (como el enchufismo, el amiguismo, el pequeño fraude, el no tan pequeño, el “con IVA o sin IVA”, etc), la regeneración no puede venir tan solo de la buena voluntad o de los grandes discursos éticos. Se necesitan leyes, controles, y consecuencias para los transgresores. Se necesita acabar con la opacidad, porque cuanta mas información conozca el ciudadano, mas dificiles serán los fraudes y los amiguismos. La Ley de Transparencia, actualmente a debate, es una de esas leyes, y es insuficiente en su actual redacción. Pero también necesitamos leyes que obliguen a todos los partidos a elegir democráticamente a sus dirigentes. Esto no puede ser algo voluntario, porque la sociedad otorga a los partidos mucho poder. Debería también ser posible fiscalizar el cumplimiento de los programas electorales. El incumplimiento flagrante o el emprender reformas importantes no anunciadas en el programa deberían ser perseguibles por Ley. Debemos proponer cambios en la ley electoral que desbloquéen las listas cerradas, que asocien a los candidatos al territorio y les fuercen a responder mas ante sus electores que ante las cúpulas de sus partidos. Necesitamos también terminar con las listas bloqueadas en nuestras eleccciones internas, de forma que los candidatos se ganen el prestigio ante sus bases, y no ante las ejecutivas. Necesitamos disminuir el número de candidatos a cargos públicos que sean “políticos profesionales”, es decir que no conozcan mas profesión que la del partido. La participación en cargos públicos debería ser en la mayoría de los casos un camino de “ida y vuelta” desde la sociedad. A pesar de los posibles riesgos, debemos inclinarnos por las primarias abiertas para elegir a todos nuestros cabezas de lista. Debemos limitar radicalmente el clientelismo de los partidos, su posibilidad por Ley de designar libremente puestos sostenidos con fondos públicos. Los ciudadanos no entienden por qué a ellos se les exige todo tipo de titulaciones y el superar reñidas oposiciones para poder alcanzar unas retribuciones que militantes sin especial cualificación de los partidos políticos consiguen con suma facilidad. Si los cargos públicos necesitan asesores y asistentes, ¿por que no nombrarlos entre los funcionarios y profesionales que ya existen en la Administración?

Estas son solo algunas posibles propuestas, por supuesto sujetas a debate junto con otras muchas. Pero no tengo duda de que en estos momentos hace falta un golpe de timón. De que después de nuestra conferencia política deberíamos aparecer ante la sociedad comprometidos con unas propuestas de regeneración claras, profundas y creíbles. El momento es crítico, pero también se abre ante nosotros una gran oportunidad. No deberíamos desaprovecharla.

Ricardo Peña Marí

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4 comentarios

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4 Respuestas a “Urgen propuestas de regeneración

  1. Mian

    Lo veremos si se pone en practica de verdad, porque el PSOE ha dado demasiadas muestras de endogamia e insuficiencia regenerativa que ya no nos fiamos en absoluto.

  2. José Ángel

    Interesante reflexión Ricardo con muchos temas para debatir
    .

  3. José Ángel

    Tras una primera lectura de tu artículo “Urgen propuestas de regeneración” , Ricardo, ya escribí que me parece una interesante reflexión para debatir. Coincido en mi acuerdo con lo que expresa el título y gran parte del contenido pero escribo ahora estas lineas para incitar al debate en este blog de ASU y porque esta mañana me he encontrado un brillante artículo del profesor Daniel Inneraity en El País, titulado “Elogio y desprecio de la clase política” que me ha animado a hacer lo que estoy haciendo ahora, darlo a conocer, recomendar su lectura y decir que abre un debate interesante y de contenido que me ayuda a mi respuesta a algunas de las cosas que propones y que quiero contrastar. Aquí dejo enlace: http://elpais.com/elpais/2013/01/26/opinion/1359229119_775487.html

    A mi me parece que gran parte de las “reformas” ó propuestas que, en general, se están exponiendo a través de los medios principalmente y también en las llamadas redes, son en gran parte populismos procedentes de muchos sectores e intereses diversos. Dice Innerarity que “En el desprecio a la clase política se cuelan no pocos lugares comunes y algunas descalificaciones que revelan una gran ignorancia acerca de la naturaleza de la política y promueven el desprecio hacia la política como tal. A estos críticos deberíamos recordarles el principio de que siempre que se impugna algo estamos en nuestro derecho de exigir que se nos diga qué o quién ocupará su lugar. Para ser razonable la crítica debe medir a quién favorece en ocasiones su desproporción. Estamos hablando de incompetencia y de este modo favorecemos que los técnicos se apoderen del Gobierno; criticamos su sueldo y justificamos así que se entregue la política a los ricos; la descalificamos globalmente y asienten con entusiasmo quienes no le deben nada a la política porque ya tienen un poder de otro tipo” y me viene esto a colación con lo que dices acerca de “Debemos limitar radicalmente el clientelismo de los partidos, su posibilidad por Ley de designar libremente puestos sostenidos con fondos públicos. Los ciudadanos no entienden por qué a ellos se les exige todo tipo de titulaciones y el superar reñidas oposiciones para poder alcanzar unas retribuciones que militantes sin especial cualificación de los partidos políticos consiguen con suma facilidad. Si los cargos públicos necesitan asesores y asistentes, ¿por que no nombrarlos entre los funcionarios y profesionales que ya existen en la Administración?”. Permíteme discrepar primero porque supone un desprecio hacia la calidad y cualificación de los militantes de los Partidos, en este caso del PSOE, que no comparto y porque hay funciones de apoyo y asesoramiento que no podría hacer alguien sin compromiso militante, Con todos mis respetos a los funcionarios y profesionales públicos: La política del PSOE la deben poner en marcha políticos y políticas socialistas, no puede ser que técnicos se apoderen del gobierno, ahí tenemos a Italia, si yo fuera ministro de Educación por ejemplo me gustaría que me asesorara una persona como tu por ejemplo, con compromiso militante y cualificación y no un técnico que, por mucha oposición que haya aprobado, puede estar en las antípodas de lo que defendemos e incluso, defienda posiciones particulares.
    Bueno dejo aquí este primer tema. Podríamos hablar y debatir si quieres en otro apartado sobre las listas y primarias “abiertísimas”. Creo que deben tener controles y baremaciones. Si un político necesita ser antes funcionario o cotizante, tu y yo conocemos compañeros y compañeras recien titulados/as o que van a ser tituladas y que perfectamente pueden dedicarse a la política con toda solvencia como primera actividad profesional.
    Pues eso Ricardo. Aquí dejo mi opinión porque además este blog de ASU se mantiene vivo aportando y debatiendo y nuestro Partido está en este momento en ese menester. Un abrazo amigo.

  4. Hola Jose Angel y gracias por la referencia al articulo, con el que coincido en todo. En cuanto a tu crítica, si relees mi frase, verás que no pretendo afirmar que todos los asesores son militantes poco cualificados, sino mas bien que esos casos se han dado algunas veces. Me viene a la cabeza el famoso Carromero, cuya única actividad parece consistir en pasarle las transparencias a la concejal a la que asiste, y con eso se asegura un sueldo de 50.000 Euros. Si los asesores no han de ser meramente técnicos sino también militantes, según tu dices (yo no lo se con seguridad), entonces sería mas claro, y chirriaría menos, que cada puesto público viniera dotado con una asignación económica, como sucede por ejemplo con los eurodiputados, para que el partido contrate personal de apoyo. Un abrazo.

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