A vueltas con la fiscalidad

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La reciente entrada “Depardieu y la conciencia fiscal” en el blog de Rafael Simancas (http://rafaelsimancas.wordpress.com) da en mi opinión con un tema clave para la izquierda española, que debería ser objeto de la máxima atención en la alternativa programática que el partido pretende poner en pie durante este año 2013: la fiscalidad.

La imposición fiscal siempre ha tenido mala prensa en España y hasta hace poco se consideraba gracioso y una muestra de ingenio explicar cómo se habían ocultado ingresos al fisco en la declaración de la renta personal o empresarial. Igual de gracioso que relatar cómo se había hecho un viaje en coche Madrid-Valencia en tan solo dos horas, circulando muy por encima de la velocidad permitida. Afortunadamente esto último ha pasado progresivamente a ser visto como una muestra de irresponsabilidad y los “graciosos” se cuidan mas de alardear de estas proezas. En cambio, la defraudación fiscal se sigue viendo con alguna simpatía, o al menos con tolerancia.

Y si embargo, no hay mayor ataque a los derechos de todos que no pagar los impuestos que nos corresponden a cada uno. Los impuestos financian los servicios que presta el Estado, que van desde las carreteras públicas, hasta la atención sanitaria, la educación, las pensiones o la atención a los dependientes. Es también el principal mecanismo de solidaridad ente las personas que viven en una misma sociedad: a través de los impuestos, los que han resultado mas beneficiados socialmente contribuyen en mayor medida al bienestar de todos. De esta forma, los menos beneficiados pueden distfrutar de unos servicios que seguramente no podrían pagarse por sí mismos. Por eso la fiscalidad es quizás el terreno donde con mayor crudeza se evidencian las diferencias ideológicas entre izquierda y derecha: la derecha europea, y mucho mas la norteamericana, siempre intenta rebajar los impuestos, y en particular los de las rentas mas altas y los del capital. En consonancia, la postura de la izquierda debería ser intentar mantenerlos, exigir que paguen todos los que deben hacerlo, y que sean progresivos.

Hay que reconocer que en esta batalla vamos perdiendo. Seguramente, como dice Simancas, por una debilidad ideológica de la izquierda en este tema. Según relatan Economistas Frente a la Crisis en sus publicaciones, en los últimos decenios se han degradado los ingresos fiscales en toda Europa y muy especialmente en España. En 2012, los ingresos por impuestos y cotizaciones sociales apenas alcanzaron el 33% del PIB, mientras la media europea estuvo en el 40%, y países como Suecia en el 46%. En 2007 los ingresos se situaban en el 38% (el 41,5% en la UE-15). Dicha insuficiencia ha empujado a los países al endeudamiento, con las consecuencias de dependencia de los mercados por todos conocidas. En 2012, la partida mas importante del presupuesto español fue el pago de los intereses de dicha deuda, en torno a 40.000 millones, un 4% del PIB. Con ellos hubieramos podido evitar los dolorosos recortes que hemos sufrido en todos los capítulos. Desde un punto de vista racional, es ilógico pagar tan cuantiosos intereses por unos recursos que se pueden conseguir gratis en tu país con una fiscalidad suficiente. Al mismo tiempo, distintos estudios estiman que la cantidad anual no ingresada al fisco en España como consecuencia del fraude y la evasión fiscales se sitúa en torno a los 90.000 millones. Toda una paradoja: si, con la misma presión fiscal actual, consiguiéramos que todos pagaran sus impuestos y cotizaciones, tendríamos ingresos más que suficientes para sostener nuestro Estado del Bienestar, para activar políticas de crecimiento y para disminuir nuestra costosa deuda pública.

No es mi propósito llorar ahora sobre la leche derramada y autoflagelarrnos por no haber hecho lo suficiente en este tema durante nuestros años de Gobierno, aunque es evidente que esa crítica habrá que hacerla. Lo que es importante ahora es no volver a cometer los mismos errores y poner la fiscalidad y la lucha contra el fraude en un primerísimo plano de nuestras políticas futuras. La batalla, como asi ha de ser desde que formamos parte de la UE, hay que darla tanto en el frente europeo como en el nacional:

  • En Europa hemos de combatir el dumping fiscal, para que las empresas no encuentren ventajas en tributar en unos países frente a otros, luchar por la imposición de tasas a la especulación y a la contaminación, y por acabar con los paraisos fiscales en nuestro territorio (Suiza, Luxemburgo, Andorra, etc).

  • En España, además de combatir con firmeza el fraude, hemos de restablecer los impuestos de sucesiones y donaciones, restaurar sobre nuevas bases el eliminado impuesto sobre el patrimonio, obligar a un mínimo en el impuesto de sociedades, hacerlo progresivo en función de la facturación de la empresa, revisar la tributación de las SICAV, etc.

El objetivo sería llegar al menos a unos ingresos fiscales similares a los de la media europea. Hemos de invertir el discurso dominante en torno al ahorro en el gasto y hacer que el debate gire en torno al aumento de ingresos. Esa ha de ser la manera de izquierdas de abordar el déficit. Hemos de exigir que se hagan públicos los nombres de los defraudadores, y los de las empresas que utilizan su posición supranacional para evadir impuestos. Solo cuando nombres tan queridos como Google, Apple y Facebook se asocien a la insolidaridad y al egoismo, reaccionarán estas empresas y empezaran a tributar lo que les corresponde, como ha sucedido ya en el Reino Unido.

Finalmente, la exigiencia en el cumplimiento de los deberes fiscales ha de ir acompañada de una exigencia no menor en la eficiencia en el gasto público. Los despilfarros de las administraciones, las obras faraónicas e injustificadas, las infraestructuras infrautilizadas, la corrupción política y la abundancia de puestos a dedo en la administración, son otras formas de defraudar no menos perniciosas que no tributar, porque detraen recursos de los servicios esenciales para los ciudadanos. En la nueva etapa que se avecina, el partido ha de abanderar tanto el rigor en el cumplimiento fiscal como la lucha implacable contra la corrupción y el despilfarro. Cada Euro público ha de ser sagrado, tanto para exigir tributarlo como para gastarlo.

Ricardo Peña Marí, Secretario General de ASU-PSM

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