Sube la luz, ¿Nadie puede parar esto?

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Se nos anuncia que a partir de enero la luz subirá alrededor de un 3%. Ya sufrimos un tarifazo del 7% en marzo de 2012 y otro del 3,95% en octubre siguiente. La acumulación de las tres subidas supone un incremento del 14,56% en menos de un año, cinco veces la subida del IPC. Los precios de la electricidad han subido por encima del IPC desde 2005, en total un 70% en siete años, y actualmente son los más altos de Europa por detrás tan solo de Malta y Chipre (fuente: Eurostat 2012). Aun así, debemos 28.000 millones de Euros a las compañías eléctricas por el llamado déficit de tarifa. Dicho déficit se ha incrementado en 2012 en 3.300 millones más (fuente: El País, 22.12.12). Para darse una idea de la magnitud de estas cifras, con mucho menos que esas cantidades, con tan solo 1.000 millones, se hubieran evitado los drásticos recortes en I+D en los presupuestos de 2013. ¿Cómo puede ser que a pesar de pagar uno de los precios más altos de Europa, acumulemos año tras año tan enormes deudas con las eléctricas?

El capítulo IX del muy recomendable libro No es economía, es ideología, deEconomistas Frente a la Crisis, escrito por Natalia y Jorge Fabra, nos da la clave: la causa del déficit de tarifa es la diferencia entre los costes reconocidos a las eléctricas por la Ley del Sector Eléctrico de 1997, y los costes reales de generación, muy inferiores. Estos costes reconocidos pretendían compensar a las eléctricas con 8.660 millones por sus inversiones pasadas en centrales nucleares e hidoreléctricas (CNH), a la vez que se liberalizaba el sector. Gracias a la subida del precio de los combustibles en los años posteriores, tal compensación se alcanzó antes de lo esperado, concretamente en 2005. Desde entonces, nadie se ha preocupado por revisar los costes reconocidos, con lo que desde esa fecha se está produciendo de hecho una sobrefinanciación de la energía proveniente de CNH. La amortización de sus costes fijos ya se produjo en 2005 y sus costes de funcionamiento son muy inferiores al precio de mercado de la electricidad. Tal sobrefinanciación se ha estimado entre 2000 y 3000 millones anuales.

Por otra parte, el mecanismo de fijación del precio del Kwh es completamente acientífico: en función de la demanda, las compañias generadoras hacen entrar en funcionamiento tecnologías con costes de funcionamiento crecientes: primero las CNH y las renovables cuyos costes de funcionamiento son casi nulos, luego el carbón y finalmente las de gas natural y fuel. El precio lo fija el coste de funcionamiento de la última tecnología activada, es decir de la mas cara. Como se dice en el libro, es como si pagáramos los chicharros y los boquerones al precio de la merluza, porque “todo es pescado”. Este esquema supuestamente pretende compensar los costes fijos de las tecnologías, que es muy diferente de unas a otras. Suele ocurrir que las de menor coste variable exigen grandes inversiones iniciales. Pero ello puede ser beneficioso para unas compañias y ruinoso para otras, según sea el mix de tecnologías que ofertan.

El mercado eléctrico es muy complejo para explicarlo aquí, pero está claro que no funciona como un mercado convencional porque, aunque el producto final sea el mismo, los costes de producción son muy dispares según la tecnología empleada y porque muchas de esas tecnologías son un monopolio (por ejemplo, no es posible construir mas centrales hidroeléctricas), de manera que no existe libertad para entrar o salir del mercado. Por otra parte, las tecnológías renovables tienen actualmente unos costes fijos no competitivos en comparación con las que queman combustible fósil. Sin embargo deben ser apoyadas porque alcanzarán costes competitivos en muy pocos años (se estima que hacia 2015), nos protegen del cambio climático, nos permiten cumplir con las exigencias de la UE, nos hacen más autónomos, y además generan puestos de trabajo cualificados en nuestro país.

Es urgente que el Gobierno tome las riendas del asunto y establezca un sistema de regulación que cumpla al menos los siguientes requisitos:

  1. Elimine la sobrerremuneración de las CNH y permita ir absorbiendo el desorbitado e injustificado déficit de tarifa.

  2. Permita el desarrollo de las energías renovables hasta que sean competitivas sin ayudas.

  3. Establezca un sistema de fijación de precios que potencie una competencia real entre suministradores, de forma que nuestras empresas y consumidores adquieran la electricidad a precios similares a los del resto de Europa.

Cada mes que pase sin acometer esta reforma, estaremos enterrando recursos públicos y privados que nos serían muy necesarios en otros ámbitos. Esta sí sería una verdadera, imprescindible y urgente reforma estructural y no los despiadados recortes en educación, investigación y sanidad.

 Ricardo Peña Marí, Secretario General de ASU-PSM

 

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