Suprema injusticia

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Así se titula el reciente libro de María Garzón, hija del juez español más respetado fuera de nuestras fronteras y que aquí nuestro Tribunal Supremo, en una operación de acoso y derribo con tres causas simultáneas, aceleradas artificialmente unas y retrasadas otras, dos por prevaricación y una por escuchas ilegales, ha condenado e inhabilitado por once años. La decisión está recurrida al tribunal de Estrasburgo, del que cabe esperar la justicia que aquí no ha habido.

 

El mismo día que se publica esa noticia, aparecen otras dos que completan otras caras de la misma moneda: la puesta en libertad de Francisco Correa, “Don Vito” para los suyos, cabeza de la trama corrupta más amplia y enraizada en nuestras instituciones de la que hayamos tenido noticia en nuestra jóven democracia, y la negativa del Supremo por el momento a admitir a trámite la denuncia por malversación de fondos públicos contra su Presidente Carlos Divar.

 

El ciudadano contempla perplejo cómo, en el caso de Garzón, los plazos se acortan o se alargan sin razón aparente, haciendo que unas causas pasen por delante de otras, y dando la impresión de que se busca obtener un resultado prederminado en un plazo lo más breve posible. La perplejidad aumenta al comprobar que ese mismo tribunal no es capaz de instruir el caso Gürtel, o alguna de sus piezas, tras tres años de investigación y debe poner en libertad al cabecilla de la trama, con grave riesgo de que finalmente escape a la acción de la Justicia. Finalmente el espectáculo dado por el Sr. Divar, manteniéndose en su cargo a toda costa y desprestigiando gravemente las instituciones que preside a pesar de las abrumadoras evidencias en su contra, solo es comparable al peor espectáculo dado por sus compañeros del Supremo y de la Fiscalía tratando de archivar el asunto.

 

Como dice María Garzón, la transición no ha llegado todavía a los estamentos más altos del poder judicial, que siguen anclados en una mezcla de vestigios franquistas, privilegios decimonónicos, tolerancia con los poderes económicos, y espíritu de casta. En definitiva, viven alejados de la realidad, tanto como para no darse cuenta de que los ciudadanos no van a tolerar sus semanas caribeñas en hoteles de lujo a costa de sus impuestos. Esta no es la justicia que un país moderno como España necesita y tarde o temprano tendremos que meter la tijera democrática en esa institución, esta vez sí, para recortar lo superfluo.

 

Ricardo Peña, 13 de Junio de 2012

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1 comentario

Archivado bajo universidad

Una respuesta a “Suprema injusticia

  1. José Jesús de Bustos

    El enjuiciamiento de Garzón ha ha pasado a la historia española de la infamia. Lo más doloroso, aparte de la condena en sí, es que esto haya ocurrido en plena democracia, cuando todos crreíamos que ya no era posible la arbitrariedad judicial.

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